El silencio de las estrellas, de Miguel Ángel Pérez Oca, viene siendo de forma reiterada durante muchas semanas, nº 1 de descargas de ciencia ficción dura en Amazon. Agradecemos la confianza de los lectores que están convirtiendo a esta novela en una de las más vendidas en formato digital dentro del género de la ciencia ficción. #CienciaFicción #Quasar#PremiumEditorial #CiudaddelConocimiento #elsilenciodelasestrellas
"Giordano Bruno, el loco de las estrellas" fue la primera novela publicada por mí, en el año 2000. Desde entonces he hecho muchas cosas, que os ofrezco, porque la vida sin compartir no es nada.
sábado, 13 de octubre de 2018
martes, 2 de octubre de 2018
UN VIEJO POEMA.
Lo presenté ayer en la tertulia porque trata de la tierra y el mar.
CAMINOS QUE SE UNEN
(En la boda de Natalia y
Toni)
Yo navegaba en la mar
entre las olas y el
cielo,
sumido en mi soledad,
en un silencio de
hierro.
Mi universo era de
sal,
de peces y malos vientos,
de faros, de lejanías
y de rumbos más que
inciertos.
Vivías tú en la montaña,
muchas millas tierra
adentro,
y, muy triste, suspirabas
en tus vacíos
silencios.
Tu universo era de
rocas,
de arbustos, prados y
abetos,
de rebaños y cosechas
y de caminos sedientos.
Solo una cosa tenían
en común dos universos:
Por la noche las estrellas,
que presentían lo nuestro,
allá en lo alto lucían,
adornando el firmamento.
Un día fuiste a la playa
y ese día llegué a puerto,
y el amor nos presentó
en una calle del pueblo.
Y entonces una palabra
nació de los dos silencios.
Y nuestras dos soledades,
a partir de aquel momento,
ya no fueron soledades
ni rumbos ni vericuetos,
que formaron las dos
juntas,
en un milagro de acierto,
un Universo común
y una vida en su comienzo.
Y una vereda perdida
y un rumbo en el mar
abierto
se unieron como en un río
que ha de llevarnos muy
lejos.
No volveré a navegar
solo y triste con el
viento.
Jamás volverás a estar
silenciosa, tierra adentro.
Porque el amor se comparte,
como el agua en un
desierto,
cuando dos almas se abren
y se conocen dos cuerpos.
Miguel
Ángel Pérez Oca
(28-4-2001)
CAMINO ROTO
El tema de la tertulia de ayer era "Si te vas de la tierra al mar". Este fue mi trabajo:
EL CAMINO ROTO.
Queridísimo
nieto Mohamed: Que Alá el Clemente y Misericordioso esté contigo. Me dice tu padre que te vas a ir de nuestra
tierra al mar en busca de mejor fortuna, y un temor profundo anega mi vieja alma.
Si piensas arriesgarte en una de esas frágiles pateras, toma al menos las
precauciones que te aconsejo. Debes comprarte un buen chaleco salvavidas.
Llévate una linterna resistente al agua. Hazte con una buena mochila con
provisiones y ropa. Yo pienso que deberías buscar plaza en una de esas lanchas
rápidas que ofrecen los narcotraficantes por un precio muy elevado. Ya sé que
ese medio es mucho más caro, pero es seguro. Con esta carta te mando unos
dineros que son bien poco, pero constituyen
los ahorros de toda mi vida.
Verás:
Yo pretendo que Alá, bendito sea su Nombre, me perdone un viejo pecado. Porque
no quisiera que la venganza divina por mis faltas cayera sobre ti, que ya sabes
lo que dice el Corán de la Ley del Talión: hombre por hombre, mujer por mujer…
hijo por hijo… y quizá nieto por nieto. Te explicaré: Hace muchos años, nuestro
país era una colonia francesa y los jóvenes nativos queríamos liberarlo del
yugo extranjero. Éramos nacionalistas y nuestro objetivo era una Argelia libre.
No habíamos aprendido aún que lo importante no son las naciones sino las
personas. Si hubiéramos exigido de nuestra metrópoli convertirnos en provincia
autónoma, en la que se respetase nuestra lengua, religión y costumbres, ahora
tú serías ciudadano francés y podrías irte a trabajar a París sin ningún
problema. Pero nosotros, los patriotas, queríamos un país independiente y lo
conseguimos tras un baño de sangre. Ahora, una vez vistos los resultados, cuando
compruebo que los jóvenes de hoy tienen que jugarse la vida en el mar, víctimas
de la miseria y la corrupción de nuestros políticos, veo el error que cometimos;
que cometen todos los nacionalistas engañados por unos líderes que prefieren
ser cabeza de ratón que cola de león.
Yo
luché por la libertad de mi patria, por implantar una nueva bandera, porque mis
gobernantes fueran de mi raza y mi religión. Maté a varios militares franceses.
Puse una bomba en un café europeo y provoqué la muerte de cuatro hombres, una
mujer y una niña. Mis compatriotas me consideraron un héroe y cuando salí de la
cárcel todos me aclamaban. Pero pronto vi que mi crimen había sido inútil. Y
ahora tú te vas de la tierra al mar confirmando mi error y mi locura. ¡Malditas
banderas, malditos himnos, maldito patriotismo! Como alguien dijo: El nacionalismo
es el refugio de los miserables.
Por
eso te pido que aceptes mi dinero, con el ruego de que no corras peligros inútiles.
Te
quiero, querido nieto, que Alá el Clemente y Misericordioso te proteja y me exija
a mí, exclusivamente, el pago de mis muchas deudas.
(Esta
carta fue encontrada dentro de una bolsa de plástico, flotando cerca del lugar
donde había naufragado una patera, cuyos 50 ocupantes perecieron ahogados.)
Miguel
Ángel Pérez Oca.
(500
palabras)
martes, 18 de septiembre de 2018
UN GATO QUE PODRÍA SER MI GATO KEPLER EN OTRA ÉPOCA.
El tema de la tertulia de ayer era doble: La Época Victoriana y Homo Sapiens. A mí se me ocurrió esta historia inspirada en mi gato Kepler y en una conocida anécdota. Espero que os guste.
UN GATO VICTORIANO Y SUS HOMO SAPIENS.
Aquiles era todo un
señor gato victoriano, con sus largos bigotes enhiestos, su mirada displicente,
su cara y pecho blancos como la nieve y su lomo atigrado de color canela. Sus
movimientos y posturas eran el colmo de la elegancia y la dignidad. Nunca se le
hubiera podido sorprender en una actitud indecorosa ni se le hubiera podido
escuchar maullando de forma inconveniente. Cuando acudía a su escudilla a beber,
no lo hacía con los lametones vulgares propios de un felino callejero, sino que
mojaba su pata izquierda, siempre la izquierda como buen británico, y la lamía después
distraídamente. Se pasaba las horas aseándose con exquisito cuidado y jamás
comía otra cosa que no fuera el pienso para gatos que Lady Winchester mandaba comprar
en una tienda cercana a White Chapel. Eso y la pequeña porción de jamón de York
que Lord Winchester le obsequiaba a la hora del desayuno. Los Winchester creían
ser dueños de Aquiles, pero estaban muy equivocados. El verdadero propietario
de aquella mansión de 42 chimeneas era el gato. Bien lo sabía él mientras se
tendía elegantemente en el sofá principal del salón, justo enfrente del hogar
encendido.
Desde
allí observaba a Lord Winchester, que había llegado a casa muy alterado.
-¿Qué
te ocurre, querido? – le interrogó la señora, después de entregar el gabán, la
bufanda blanca y la chistera a la criada caribeña - Te veo inusualmente
nervioso.
Lord
Winchester era flemático, como buen inglés victoriano, pero esa tarde…
-Calla,
calla, querida. Vengo de la Royal Society, de escuchar una conferencia de ese
naturalista de moda, Charles Darwin, que nos ha dicho que los Homo Sapiens…
-
¿Homo… qué?
-Sapiens,
querida. Homo Sapiens quiere decir Hombre Sabio en latín. Bueno, pues el señor
Darwin sostiene que… - Lord Winchester bajó la voz, procurando que no lo oyera
el servicio – descendemos… ¡Ejem, ejem! – carraspeó varias veces antes de
proseguir – ¡descendemos del mono!
-
¡Aaaaaaah…! - Lady Winchester lanzó un grito agudo que se esforzó en ahogar, se
tambaleó a punto de caer sobre el sofá y aplastar a Aquiles que, por si acaso,
salió bufando hacia el pasillo; después, se repuso tras beber una copita de jerez
que le sirvió su esposo y empezó a hablar entrecortadamente.
-¿Del
mono…? ¿De uno de esos seres rijosos y desvergonzados que habitan en el
zoológico…? Qué vergüenza… Qué baldón para nuestra familia… ¿Eso dice Darwin?
Y
Lord Winchester asintió en silencio, con el rostro demudado.
-Bueno,
espero – dijo la señora – que no invites nunca a ese descarado a tomar el té en esta honorable casa. Y, además, tenemos
que hacer todo lo posible para que no se enteren de esto los vecinos.
Aquiles,
desde la entrada del pasillo, cruzó una mirada de inteligencia con Sarita, la
criada caribeña, y su rostro felino adoptó un rictus que debió ser precursor
del que luciría habitualmente un personaje de Lewis Carroll, autor de las
Aventuras de Alicia en Wonderland. Me refiero al Gato Risueño de Cheshire.
Aquiles
era todo un señor gato.
Miguel
Ángel Pérez Oca.
(A mi gato Kepler, que también
es victoriano)
(500 palabras)
martes, 4 de septiembre de 2018
LA ÚNICA VERDAD.
LA ÚNICA VERDAD.
Así que este es el tiempo.
¿Y he de decirle que pase?
¿Para qué?, si ya pasa, si no
hay quien lo detenga.
Y el espacio, esa totalidad
que me rodea hasta un infinito que me
empeño
en intuir…
¿Qué es el espacio, sino lo
otro, lo que no soy yo?
Todo lo que no soy yo.
Y yo, ¿qué soy?
Soy un espejo donde se
refleja un desconocido.
Soy un punto donde se centra
un mundo que no tiene centro ni
límites.
Soy una ilusión de alguien que
no sabe si existe.
¿O no soy nada de eso?
Pues, ¿qué mundo es este cuyas
noticias imprecisas me llegan a
través
de los sentidos?
¿Y si los sentidos se lo
inventan y se burlan de mí?
¿Y si el tiempo no pasa más
allá de los relojes?
¿Y si el espacio no tiene un
lugar donde existir?
¿Cómo podría saberlo?
¿Qué soy? ¿Qué es todo? ¿Qué
es lo que no se manifiesta?
Te vi marchar y no sabía a dónde
ibas.
Veo tu ausencia y no sé nada
del vacío que dejaste.
No sé si estás en algún lugar
del pasado, del presente, del
futuro…
o de otro espacio de
dimensiones insólitas.
Tampoco sé por qué digo estas
cosas.
La única verdad ya la dijo un
griego hace algo más de dos
milenios:
“Solo sé que no sé nada”.
Miguel Ángel Pérez Oca.
EL POETA IMPOSTOR.
El tema de la Tertulia de ayer era "Cambio de piel" y yo presenté este trabajo. A ver si os gusta:
EL IMPOSTOR SAULO KIMERA.
Crisóstomo López era muy feo. Y el nombre no le favorecía, precisamente. Así que pasó una juventud muy triste. En los guateques de su adolescencia siempre fue Crisostomito, el chaval desvalido y solitario que solía ocuparse del tocadiscos. Nunca ligaba, mientras alguno de sus amigos podía alardear de que había tenido aventurillas eróticas con chicas muy hermosas; porque era bien parecido y tenía un nombre sonoro y atractivo, como Adrián o Pablo o Andrés… Si al menos ellas le hubieran llamado Cris, pero como era tan feo y lo tenía tan asumido…
Un día Crisóstomo se miró al espejo y decidió que su vida iba a cambiar. Tenía que mudar de piel, como las serpientes. Necesitaba estar en posesión de una cualidad que resultase atractiva a las féminas; aunque no aspiraba a vivir grandes amores románticos, eso no iba con su carácter. Él se hubiera conformado con ligar y acabar echando algún polvete, como sus amigos guapos. Pensó en fingir que era torero o futbolista; pero hubiera sido descubierto muy pronto, porque para ser futbolista hay que jugar partidos y para torero hace falta matar toros. Y él no poseía la fuerza atlética ni el valor propios de tan nobles profesiones.
-Ya está – se dijo –, fingiré ser poeta.
Lo primero sería buscar un seudónimo apropiado. Y lo encontró enseguida, un nombre sonoro y un apellido exótico: Saulo Kimera. Se dotó de una nueva epidermis indumentaria: capa negra y sombrero de alas anchas que disimulasen su fealdad, ya suavizada bajo un poblado bigote y unas gafas redondas de montura negra. Y se puso a escribir versos.
Bajo esa ostentosa piel de poeta, no se le daba nada mal jugar con palabras tiernas y grandilocuentes. Así que muy pronto publicó su primer poemario. E igual de pronto se puso a seducir admiradoras, muchas de ellas muchachas que antes no le hacían caso cuando pinchaba discos en los guateques.
E inmediatamente pasó a los hechos y se dedicó a fornicar, que era lo que le interesaba. Los versos apasionados, los lamentos de amor malherido que escribía, le hacían reír en secreto, porque él no era nada romántico y los despreciaba en lo más recóndito de su alma. Para él eran solo chorradas, burlas ocultas a las mujeres que lo habían ignorado antes de ser fascinadas por su parafernalia poética.
“Puedo escribir los versos más desesperados esta madrugada…” escribía, y esa noche, y muchas otras, satisfacía su lujuria.
Pasaron los años, Kimera se casó varias veces mientras, sistemáticamente, ejercía de amante insaciable, sosteniendo varios romances simultáneos. Ganó gran fama de poeta, de la que se avergonzaba. Y se murió una noche, en la cama de una amante ocasional. Falleció en pleno orgasmo y nadie pudo borrarle la sonrisa de satisfacción cuando lo amortajaron. Parecía estar dirigiéndose a todas sus conquistas, para decirles: “Os he engañado a todas… y a todo el mundo”.
Pero, sin habérselo propuesto, nos dejó una magna y genial obra poética que todos admiramos.
Qué gran impostor fue Saulo Kimera.
Miguel Ángel Pérez Oca.
(500 palabras sin el título y la firma)
lunes, 3 de septiembre de 2018
NO AGUANTO A CASADO.
Pues claro que en ambos bandos se perpetraron barbaridades. Pero muchas autoridades de un bando trataron de restablecer el orden democrático republicano y a partir de 1937 apenas hubo desmanes, mientras que los fascistas las planificaban y perduraron durante cuarenta años de fascismo y venganzas. Así que no es lo mismo. Pero a este tío le molesta la memoria histórica, prefiere "la concordia", o sea, el silencio de los cementerios, mientras miles de españoles siguen todavía en las cunetas.
En realidad, me temo que esto de la Concordia no es más que una pataleta inconfesable por el desahucio del viejo general.
Es que no lo aguanto. No puedo con él. Me revuelve las tripas....
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