martes, 27 de noviembre de 2018

EDITORIAL PREMIUM ADVIERTE.

Con fecha de hoy, desde su blog, Editorial Premium advierte que:

Empresas como Oasis Media Book, venden desde EEUU ejemplares de segunda mano de la primera edición de "El silencio de las estrellas" por 121,40 euros.
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Recordemos que está a la venta la tercera edición de esta novela I Premio Ciudad del Conocimiento y ya es muy difícil hacerse con un ejemplar de la primera, que han sido también muy demandados en la última Feria del Libro de Madrid.

lunes, 26 de noviembre de 2018

CATÁSTROFE MÍNIMA.

El tema para a tertulia de ayer era "Catástrofe mínima". Mi hija Natalia nos presentó uno de sus estupendos libros de artista con ese título. Yo aporté este trabajo que espero os guste:




PEQUEÑA CATÁSTROFE.

            -Lo han confirmado desde Houston. Es un agujero negro y viene derecho hacia la Tierra – dijo la doctora Perkins con rostro demudado -. Los gobiernos lo están ocultando para evitar un caos… Aunque, ¿qué más da? Todos van a morir.
            Peter y Karla la miraban consternados.
            -Bajaremos a lo más profundo de las instalaciones. Hay que evitar que nos alcancen los rayos gamma – ordenó la jefa de la Base Lunar instalada en las alturas del Cráter Shackleton, cercano al polo Sur del satélite.
            -¿Y qué va a ser de nosotros? – preguntó Karla, la brillante exobióloga.
            La doctora Perkins sonrió con amargura.
            -Moriremos también, pero tardaremos algún tiempo. Cuando el agujero negro se trague a la Tierra, una enorme explosión de rayos gamma arrasará nuestra superficie. Los paneles solares quedarán fundidos, como todas las instalaciones del exterior. Y nosotros tardaremos en morir lo que tarden en agotarse nuestras reservas de energía…           
             -Así que estamos perdidos – maldijo el astronauta Peter Wonder, el piloto jefe.
            -Nosotros tres seremos los únicos testigos de la más grande catástrofe de la Historia. Vamos a ver el fin del Mundo en primera fila.
            En la pantalla conectada al telescopio instalado en la superficie, aparecían las familiares estrellas de siempre, aunque en el centro de la imagen, los astros se deformaban en una especie de arcos de luz que rodeaban una perfecta y circular mancha negra.
            -Ahí está ese hijo de puta… - masculló Peter, abrazando a Karla por la cintura.
            En otra pantalla aparecía la Tierra, azul y blanca, hermosa como ningún otro planeta del Sistema Solar.
            -Ya ha empezado – advirtió la doctora Perkins.
            En efecto, las emisoras terrestres callaron de pronto o transmitieron estruendos y gritos aterrados. En pocos minutos la atmósfera se tiñó de un blanco sucio. Después, el aire pareció evaporarse y huir hacia una masa oscura que se acercaba a velocidad vertiginosa. Por unos instantes, todo el planeta apareció como una esfera parda, desprovista de aire y agua. Y empezó a deformarse. Masas deshilachadas de materia incandescente se elevaban hacia el agujero asesino, cada vez más cercano.
            En las profundidades de la base, los tres astronautas notaron un creciente temblor acompañado de crujidos siniestros.
            -Quizá nuestra Luna reviente también y nos ahorraremos una lenta agonía – exclamó Peter mientras, en la pantalla, la Tierra se deshacía y su  núcleo ardiente explotaba, emitiendo un silencioso rugido de muerte en forma de rayos gamma y plasma que acabarían arrasando la superficie lunar. Por último, todo ese caos desapareció repentinamente, engullido por el pozo cósmico sin fondo. Y la pantalla se apagó.
            -Ya ha acabado todo. Es el fin. Hemos presenciado la gran catástrofe.
            -Bueno, no tan grande – dijo la doctora -. Luego iremos a la superficie a revisar los daños. Montaremos el telescopio pequeño y observaremos cómo se aleja ese maldito. Y veréis que el resto del Universo sigue impasible y eterno en su evolución. En toda la galaxia, en todo el Cosmos, no ha ocurrido nada importante. En realidad esta ha sido una catástrofe mínima.

                                                                          Miguel Ángel Pérez Oca.

                                                                                (500 palabras)

domingo, 25 de noviembre de 2018

AY, LA RAE.



Si la misión de la Real Academia, entre otras cosas, es velar por la correcta escritura ortográfica de nuestro idioma, ¿por qué en su escudo figura el lema "LIMPIA FIJA Y DA ESPLENDOR" sin la correspondiente coma entre "LIMPIA" y "FIJA"? Digo yo que sería más correcto que pusiera "LIMPIA, FIJA Y DA ESPLENDOR" ¿Verdad? Ay, la RAE, la RAE...

sábado, 24 de noviembre de 2018

PERO MI MEJOR GALARDÓN FUE...

Fue este. En agosto de 2009 recibí un correo desde México. Un estudiante universitario de la capital azteca me enviaba una foto suya con mi primera novela. Me daba las gracias por mi obra que, en el ejemplar que me mostraba con el sello de la biblioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México, se veía deteriorado por el mucho uso. Me sentí útil y agradecido a mis jóvenes lectores mexicanos, y di por buenos todos mis esfuerzos literarios. Ha sido mi mejor galardón.


jueves, 22 de noviembre de 2018

TODAS MIS OBRAS.

Se me ha ocurrido reunir las portadas de todas las obras que he publicado hasta la fecha, desde el año 2000. He puesto las dos ediciones de "25 de Mayo", las tres de "El libro secreto de Copérnico" con la mexicana de 65.000 ejemplares, y las tres, hasta la fecha, de "El Silencio de las Estrellas", que obtuvo el Premio de Novela de Ciencia Ficción Ciudad del Conocimiento de 2017. También he puesto "La Última Neu" que fue Premio Pou de la Neu de Cuentos en 2007. Y a continuación, 4 obras inéditas en busca de editor, que cada vez está más difícil.

martes, 13 de noviembre de 2018

LOS TRABAJOS DE AYER.

El tema de ayer en la Tertulia El Filandón era "El Regalo" y como daba mucho de sí, yo esribí dos trabajos en prosa y un poema de tema libre. Pero como éramos muchos solo presenté uno de los dos textos y el poema. Ahora, aquí, os lo pongo todo. Espero que os gusten:




EL REGALO.

            Man 22 era el único superviviente de la expedición. Hacía ya 30 años que la gigantesca nave Myflower II había aterrizado en Wonder 81 después de un largo periplo espacial, y allí se había quedado para siempre, inutilizada por el impacto. Los 32 tripulantes, hombres y mujeres, que habían sobrevivido al accidente, decidieron colonizar aquel mundo rebosante de vida. Pero cuando descubrieron que ya estaba poblado por una raza inteligente del todo similar a la humana, con un remoto y olvidado origen común, se desató una guerra por el dominio del planeta. Los wonderanos eran gente muy bella, sabia y civilizada,  pero sus convicciones pacifistas y respetuosas con la naturaleza le impedían defenderse de las mortales armas de destrucción masiva empleadas por los terrícolas. En unos pocos meses, todos los nativos fueron exterminados, aunque se sospechaba que un reducido grupo de ellos se había refugiado en unas cuevas cercanas a la cumbre del volcán Nuevo Strómboli.
            Pasaron los años y una rara enfermedad fue matando a los colonizadores, que en ningún caso lograron reproducirse. Había quien sostenía que el mal de la lepra galáctica había sido creado por los nativos en algún laboratorio secreto de las cuevas donde estaban ocultos en espera de la aniquilación total de sus enemigos, tras la que volverían a ser dueños de aquel mundo maldito.
            Inexplicablemente, el mal no atacó a Man 22, que ahora, único superviviente, anciano y débil, contemplaba el extraño paisaje del planeta, sentado sobre una caja vacía, a la sombra de la nave maltrecha y oxidada, mientras recordaba con añoranza a su antigua pareja, la bellísima Woman 31, muerta de la enfermedad en los primeros años de la colonización. Hacía ya tanto tiempo que no besaba en la boca a una mujer, que casi se había olvidado de cómo se hacía…
            Más allá de las estribaciones del volcán, vio avanzar a una lejana figura. En principio desconfió de su vista, ya tan castigada por los años y la radiación ultravioleta del cielo wonderano. Pero, el ser que se acercaba era una mujer magnífica, bellísima y desnuda, que venía directa hacia él. Era una nativa y, seguramente, venía a matarlo, para consumar el exterminio de los invasores terrícolas.
            Era justo. Los nativos tenían derecho a vengar las atrocidades de los humanos. Y la esperó serenamente, aguardando la muerte.
            -¿Vienes a matarme? – dijo el anciano, ofreciendo su pecho – Estoy dispuesto.
            -No voy  matarte. En realidad vengo a hacerte un regalo.
            Y se acercó a él y lo besó en la boca apasionadamente. Aquel beso tuvo la virtud de devolverle la vida, y de repente sintió cómo un torrente de energía recorría su cuerpo.
            -Mis hermanos también murieron del mal que trajisteis vosotros en vuestra nave contaminada. Ahora solo quedamos tú y yo que, milagrosamente, hemos resultado inmunes a esa enfermedad.
            Y Man 22 vio su propio reflejo en el cristal de una ventanilla de la vieja nave. Y observó maravillado que, a pesar de su edad, se veía como un hombre muy joven.

                                                                                  Miguel Ángel Pérez Oca.



EL REGALO.

Allí estaba, sobre la mesa, un paquete envuelto en papel de regalo, y con una cinta dorada con su lazo, bajo la cual descansaba un sobrecito. Abrió el sobre y leyó la tarjeta que contenía solo un escueto “Felicidades”. Conocía al remitente, pero desde hacía un tiempo, no se fiaba de nadie. ¿En qué podía consistir el regalo? Desde que había adquirido cierta notoriedad por sus valientes artículos en la prensa, ya había recibido varias amenazas de muerte. La última supuso para ella un trauma difícil de borrar en el ánimo. Afortunadamente, la policía detectó a tiempo el paquete bomba que, seguramente, la habría matado. Por eso desconfiaba de todos.
El remitente era amigo, pero ¿y si alguien había falsificado su firma? A lo mejor el paquete de regalo solo contenía libros, o un perfume, o algún juguete de hojalata de los que ella coleccionaba, o una muñeca, o una prenda de vestir, o… una joya con una proposición amorosa, o sexual, o quién sabe.
El caso es que no se atrevía a abrir la caja. Aunque tampoco se atrevía a tirarla a la basura. Quizá contenía algo de mucho valor. Pero aceptarlo podía significar que asumía un compromiso que condicionaría su futuro. Podría contener un tentador soborno que comprometería su ideología y malograría su carrera de periodista. O el contenido podía estar envenenado y producirle una muerte lenta y desagradable, o simplemente albergar un explosivo que la fulminase.
La indecisión la angustiaba. Se dirigió a la cocina y se sirvió un whisky mientras no dejaba de mirar de soslayo al dichoso paquete. Pensó que debería llamar por teléfono al remitente para asegurarse de que era él quien lo había mandado, pero… ¿Y si era un agente de alguien interesado en acabar con ella y sus artículos? Él siempre le había parecido una persona honesta y hasta le gustaba físicamente, pero, en este mundo de intereses ocultos y dinero fácil, nadie estaba a salvo de sospechas.
No. No lo llamaría, porque, además, él podría sentirse ofendido y se rompería el encanto del regalo. Pero, ¿era de verdad un regalo?
De pronto, en un arrebato, cogió el paquete como si le quemase en las manos, salió a la calle y lo echó en el cubo de la basura de la esquina. Después regresó a casa corriendo y se parapetó tras la puerta.
Un mendigo pasaba por la calle, como hacía todas las mañanas, con la esperanza de encontrar algo útil en los cubos de la basura. Y al llegar a la esquina, un brillo dorado había llamado su atención. Vio el paquete y después de mirar en las dos direcciones, lo escondió bajo su gabardina harapienta y se dirigió con paso rápido a la chabola donde malvivía. Una vez allí comenzó a rasgar el papel de regalo con impaciencia. Dentro de la envoltura había una caja de cartón con la marca de un conocido establecimiento del centro. Y con una gran sonrisa en su boca mellada, procedió a levantar la tapa… 

                                                           Miguel Ángel Pérez Oca.



REVOLUTIÓNIBUS.

Nos sirvieron bazofia a la hora de aprender.
Luego, cuando ya éramos suficientemente tontos,
nos alimentaron con banalidades,
y se inventaron enemigos para culparlos de todo.
Y nos hicieron creer que si nos uníamos a ellos,
contra “los malos”,
vendría a nosotros el edén prometido por el dios Mercado.
Y así consiguieron ser nuestros líderes.
Y los votamos una y otra vez.
Y cada año vivíamos peor:
trabajábamos más y nos pagaban menos.
Pero la culpa nunca era suya, sino de “los malos”:
de los inmigrantes, las feministas, los rojos, los parados…
Y ellos, mientras, en sus palacios de alabastro,
acumulaban fortunas superfluas
que no necesitaban,
porque sabían que en el reparto,
nuestra pobreza les era más útil que sus riquezas.
Vivían como dioses
y se reían de nosotros…

Cando ya no les hagamos falta,
cuando las máquinas hagan todo el trabajo,
nosotros también seremos sus enemigos,
también seremos “los malos”,
y un ejército de androides que ni comen ni se cansan
nos destruirá,
y nos extinguiremos para siempre.
Y ya no hará falta la telebasura,
ni la prensa de las noticias falsas,
ni los símbolos manipulados;
ni siquiera unas sepulturas dignas,
porque muertos seremos más baratos…

Y todo por no haber sabido desenmascararlos a tiempo.

                                             Miguel Ángel Pérez Oca.


domingo, 11 de noviembre de 2018

ES LA ÚLTIMA VEZ QUE LO PONGO.



No quiero seguir poniendo estas cosas porque me parece que es publicidad, aunque lo que dice es verdad. Pero me da vergüenza poner estas cosas. Que conste que lo pongo esta vez porque alguna compañera me ha dicho que lo haga. Pero, os lo prometo, es la última vez. Con perdón:





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El silencio de las estrellas, de Miguel Á. Pérez Oca, sigue consolidándose semana tras semana como la novela de ciencia ficción dura más descargada en Amazon Kindle España. I Premio de Novela de Ciencia Ficción Ciudad del Conocimiento. Un galardón cuyo jurado estuvo constituido por escritores de la talla de Félix J. Palma, Concha Perea y José A. Bonilla. #CiudaddelConocimiento #Quasar#Elsilenciodelasestrellas #PremiumEditorial