martes, 2 de octubre de 2018

UN VIEJO POEMA.


Lo presenté ayer en la tertulia porque trata de la tierra y el mar.

 CAMINOS QUE SE UNEN
(En la boda de Natalia y Toni)
                           
Yo navegaba en la mar              
entre las olas y el cielo,                   
sumido en mi soledad,                    
en un silencio de hierro.             
Mi universo era de sal,          
de peces y malos vientos,       
de faros, de lejanías               
y de rumbos más que inciertos.
                           
Vivías tú en la montaña,
muchas millas tierra adentro,
y, muy triste, suspirabas
en tus vacíos silencios.                                     
Tu universo era de rocas,                                           
de arbustos, prados y abetos,
de rebaños y cosechas
y de caminos sedientos.

Solo una cosa tenían
en común dos universos:
Por la noche las estrellas,
que presentían lo nuestro,
allá en lo alto lucían,
adornando el firmamento.

Un día fuiste a la playa
y ese día llegué a puerto,
y el amor nos presentó
en una calle del pueblo.

Y entonces una palabra
nació de los dos silencios.
Y nuestras dos soledades,
a partir de aquel momento,
ya no fueron soledades
ni rumbos ni vericuetos,
que formaron las dos juntas,
en un milagro de acierto,
un Universo común
 y una vida en su comienzo.
                           


Y una vereda perdida
y un rumbo en el mar abierto
se unieron como en un río
que ha de llevarnos muy lejos.

No volveré a navegar
solo y triste con el viento.
Jamás volverás a estar
silenciosa, tierra adentro.
Porque el amor se comparte,
como el agua en un desierto,
cuando dos almas se abren
y se conocen dos cuerpos.

Miguel Ángel Pérez Oca                             
(28-4-2001)

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