martes, 17 de mayo de 2016

EL SÚBITO SILENCIO DE LOS CHACALES.



El tema de la Tertulia de ayer era "Escándalo" y mi participación fue la que os adjunto:
A mí, particularmente, el escándalo que armaban los chacales en los páramos de Ifni me resultaba hermoso. Lo que me producía verdadero escándalo eran los manejos del sargento de cocina.
Ahí os lo dejo:

EL SÚBITO SILENCIO DE LOS CHACALES.
            Era muy tarde y yo caminaba solo y a oscuras, por la senda de grava, entre las cintas amarillas, que delimitaban los campos de minas, y las alambradas. Venía de la cantina, absorto en mis pensamientos y, en esa noche cuajada de estrellas, el lastimero escándalo de aullidos de los chacales me hacía la habitual compañía a esas horas de retirada. Mi guarida estaba en la cota de Xarafa, en una litera junto a las troneras de un bunker de ametralladoras. Mis compañeros de cuarto debían estar durmiendo ya, reponiendo fuerzas para encontrarse despabilados al día siguiente, en que tendrían que caminar bajo el fiero sol hasta el nuevo tramo de carretera que estaban abriendo a base de pico y pala. Yo tenía más suerte, porque, como escribiente que era, no debería levantarme hasta las nueve, a la hora en la que el teniente me ordenaría que le llevase los papeles para firmar: Un simulacro de menú que diría que teníamos para comer arroz con calamares y, al lado, el cálculo de calorías elaborado por el servicio sanitario; y las listas de turnos de guardia y servicios, permisos, bajas por enfermedad y poco más. El caso es que comeríamos arroz, frio y pasado después de media hora de camino traqueteante a bordo del viejo camión de la cocina; pero si queríamos calamares para obtener las calorías necesarias, tendríamos que acudir a la cantina y pagarnos una tapa de chocos a la romana. Ese era el negocio del sargento de cocina, un gordo corrupto y malcarado de aspecto porcino, que nos robaba la comida con el consentimiento de los oficiales sobornados. Así era el glorioso ejército franquista de los años 60 en África.
            Pero aquella vida también tenía buenos ratos. En la cantina, todas las noches, me reunía con Ricardo y Quique, el médico de la posición y el cabo de transmisiones, que podían permitirse, como yo, trasnochar y dedicar unas horas a la conversación. Aquella noche, a Ricardo le dio por “hablar de Dios” y citó a Krishnamurti, un maestro hindú que postulaba la negación del Ego como vía a la felicidad. Quique le contestaba que aquel indio no hacía más que repetir las doctrinas del Budismo Zen, tan antiguas como la civilización japonesa. Y yo escuchaba maravillado, mientras pensaba que nunca podría admitir la idea de que el Yo es solo una palabra vacía, una ilusión de la nada.
            Así que, después de apurar la última cerveza, me había despedido de mis compañeros, que pernoctaban en el Puesto de Mando contiguo a la cantina, y me dirigí a mi dormitorio de cemento, a poco más de un kilómetro de distancia, en primera línea de frontera entre alambradas y campos de minas. Iba pensando en las palabras de Quique y Ricardo, que yo entendía meramente teóricas, pues no había visto en sus comportamientos ningún atisbo de esa increíble felicidad espiritual que anunciaban.
            De pronto, un silencio total me sacó de mis pensamientos. Solo se escuchaba el pisar de mis botas sobre los guijarros. El escándalo de los chacales había enmudecido, a la vez que una extraña luz amarilla empezaba a dibujarse en el horizonte del Este; una luz que muy pronto se concretó en el disco casi perfecto de una Luna llena algo tardía, que bañó con un brillo irreal las tabaibas espinosas, las chumberas y las piquetas que sostenían las alambradas. Se hizo casi de día, en unos tonos pálidos y misteriosos…
            -No existo – probé a decirme, quizá influido por el ambiente -. El Yo es solo una palabra… – y di un paso mental al frente. Asumí, todavía temeroso, las razones de mis amigos. Me atreví a aceptar mi propia inexistencia, como la de una ola ilusoria cuyas aguas no se desplazan horizontalmente, sino que se alzan y bajan de forma alternativa.
Y al no ser Nada, fui Todo. Mis límites ya no estaban en mi piel sino más allá de las estrellas. Yo no era yo, sino todo el Universo, y mi voluntad, las leyes inexorables de la Física que niegan el mito del libre albedrío. Todo ocurría como tenía inevitablemente que ocurrir, como está determinado desde el lejano Big-Bang.
            Entonces, los chacales volvieron a entonar su cotidiano escándalo aullador.

            Y aquel momento cambió mi vida para siempre.                            
                                                                                                        MAPérezOca.

sábado, 14 de mayo de 2016

TEATRO POLÍTICO.


Soy el político perfecto. No tengo nada dentro; así que el Partido puede llenarme con lo que quiera..

Me irritan los políticos que se esfuerzan por no meter la pata. Aquellos que tienen aprendida la lección del mensaje que el partido quiere transmitir al electorado e impone a sus directivos y militantes. Y estos, como loros amaestrados, repiten el ideario cuidando de no salirse, de nos ser espontáneos ni originales, de no demostrar que piensan por sí mismos. Me cabrea el Pedro Sánchez cuando repite las "genialidades" y las frases hechas que le preparan sus guionistas. Me solivianta la Susana cuando, ante una pregunta ingeniosa o comprometida, se sale por los cerros de Úbeda, por la tangente, con los consabidos tópicos grandilocuentes o patrióticos, o con argumentos retorcidos para no tener que afrontar conceptos que pudieran comprometerla. Odio a los chicos del PP  y de C's cuando repiten patrañas y argumentos que sus argumentadores han elaborado pensando que sus votantes son tontos. En el fondo tienen razón. Para votarlos a ellos, al menos si se es un modesto trabajador, o sea la mayoría del pueblo soberano, hay que ser muy tonto. No digamos nada de Rajoy, que ni siquiera es capaz de repetir el argumentario si reclama un mínimo de reflexión inteligente. ¿Cómo ha podido este mediocre llegar a ser registrador de la propiedad, con lo difíciles que son las oposiciones a tan insigne y lucrativo oficio? Porque para ser Jefe de Gobierno, desde luego, no hay que ser muy espabilado. La Historia nos lo demuestra muchas veces. Lo vimos en aquella memorable película del jardinero autista ("Bienvenido, Mr. Chips") , que era capaz de andar sobre las aguas (pisando las piedras, claro). No me mola el discurso épico y mediático del joven Iglesias, que un día dice una cosa y al otro la contraria, según soplen los vientos o su concepto de la estrategia electoral. Y es que gente con verdadera personalidad, con la sinceridad a flor de piel, y la honestidad como carta de presentación, que yo sepa, solo tenemos hoy día a Alberto Garzón, como tuvimos a Julio Anguita y pare usted de contar. Ahora abundan los actores y los papagayos con autocensura incluida en su contrato con el partido. Y es que, como decía el cínico Guerra: "El que se mueve no sale en la foto".
Qué pena. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

LA IZQUIERDA ( LA DE VERDAD) UNIDA POR FIN.



Bueno, por fin han hecho lo que no hicieron en las pasadas elecciones: Unirse. Ahora ya sabemos a quién tenemos que votar si queremos que este triste país se despierte al progresismo.
En cuanto al PSOE, Pedrito la sigue cagando al rechazar ir con el resto de la izquierda para el Senado. A ver si es que no es de izquierdas... ¿Sí, de verdad? Me lo temía. Pues llamándose "obrero" el partido, si no son de izquierdas, están suicidándose. Allá ellos.
Hoy, el Diario INFORMACIÓN  de Alicante me ha publicado la carta que os adjunto. Es mi parecer, muy resumidito, pero es mío. Ahí va:

 UNIDAD DE LA IZQUIERDA… ¡POR FIN!
¡Ya era hora! Los arrogantes se han dado cuenta al fin de que no pueden obtener el monopolio de la Izquierda fagocitando o prescindiendo de Izquierda Unida. Lástima que no lo hubieran hecho antes de las pasadas y fallidas elecciones. Seguramente ya tendríamos gobierno progresista hace meses. Ahora sí, ahora las cosas están meridianamente claras y por mucho que los mercenarios del poder económico, que tiembla de miedo, se inventen asuntos turbios de financiación bolivariana, la gente tiene ya muy claro a quién votar. ¡Por fin! Y mientras, el hierático Rajoy empieza a dirigirnos mensajes “preservativos” desde su sopor habitual, y nos habla con la mirada perdida y la palabra blanda, y se le nota que está leyendo y que no nos mira a nosotros sino al cartelito puesto sobre la cámara… una vez más. Y aún hay quien lo vote. ¡Asombroso! “Spain is diferent”, ya se ve. Y Pedro Sánchez, acorralado entre la verdadera izquierda y la derecha, dice sus tonterías de mal actor, como que Podemos y PP se han aliado contra él. Más le valdría que mirase dentro de su partido. Y Ribera evoca el viejo coco del “Partido Comunista”, como si eso pudiera asustar aún a ningún votante inteligente. En fin, la suerte está echada. Esto se pone interesante… aunque con 4 meses de retraso. 

martes, 3 de mayo de 2016

MI DOS DE MAYO.


El tema de ayer en la Tertulia era "2 de Mayo" y a mi me sugirió el siguiente relato. Y es que cada vez que oigo esas palabras me viene a la memoria la estampa de mi abuela cantando esa canción que yo aprendí de pequeño antes de saber sus connotaciones históricas.
Ahí va:

DOS DE MAYO…
“Dos de mayo, dos de mayo,
dos de mayo, Primavera,
cuando todos los soldados
se marchaban a la guerra…”
Recuerdo a mi abuela Concha tendiendo la ropa en la galería del patio, mientras cantaba viejas canciones y yo jugaba con una espada de madera, hecha con dos palos y un clavo de la carpintería del vecino, señor Jacinto.
Ella iba siempre de negro, por sus lutos, con el eterno moño, también negro, sin una sola cana, y un rostro arrugado y anguloso, lleno de bondad. Pasaba de los 80 años.
La yaya Concha había tenido una niñez de princesa. Su madre murió de pulmonía cuando ella era pequeñita, y su padre, mi bisabuelo Bonifacio, que era capitán de un velero que navegaba por las costas africanas y caribeñas, tardó varios meses en enterarse. A la niña Concha la criaron el “papá” Perín y la “mamá” Martina, un matrimonio riquísimo y sin hijos que se esforzó en hacerla feliz y darle una educación exquisita. Tenía un profesor particular de piano y otro que iba a casa a darle lecciones de Historia, Geografía, Matemáticas, Gramática y demás. Le compraron una pequeña tartana, tirada por un poni que llevaba del ronzal un criado negro por toda Torrevieja; y sin embargo, ella siempre fue modesta y tímida, con esa alegría un tanto reservada de las personas demasiado buenas. El señor Perín se murió después de una larga y terrible enfermedad provocada por su afición desmedida a fumar tagarninas, y sus negocios se hundieron. Y Concha se casó con un hijo del Coronel Jefe de carabineros de la zona. Arturo, mi abuelo, nunca pudo terminar su carrera militar, por su carácter irónico y rebelde, que lo soliviantó con su autoritario padre; y arrastró sus enfermedades y su posterior cojera por oficinas y despachos, como administrativo o funcionario cesante, en cuyos menesteres el matrimonio pasó muchas calamidades arrostradas por Concha con su proverbial buen carácter y falta total de pretensiones. Pasó del lujo a la miseria con la naturalidad con la que un pájaro se cambia de rama en el árbol de la vida.
Y cuando el Coronel, que tenía un genio de perros, se enfadaba y se encerraba en su despacho, dando patadas a los muebles, toda la familia iba a buscarla para que lo apaciguara; y el militar, que podía fulminar de un grito a un regimiento de carabineros, se amansaba ante Concha, con la que nadie en este mundo podía jamás enfadarse.
La yaya nunca fue al cine pues, una vez que sus hermanos la invitaron, vio al entrar un rostro gigantesco de Rodolfo Valentino en la pantalla, y ella huyó despavorida y nunca más volvió a una sala cinematográfica; ni cuando vinieron el sonoro y el color.
Me contaba unos cuentos maravillosos. Recuerdo el de “Perico Zorrocloquico”, que era la historia de un niño amparado por los frailes de un convento, que desayunaba pan y vino con el Cristo de la iglesia. Muchos años después vi una película en la que se mostraba este mismo relato, aunque su título, ahora, era “Marcelino Pan y Vino”.
Un día yo, que era un crío mimado, agarré una pataleta y, sin querer, le di un puntapié a la yaya Concha, que trataba de calmarme con buenas palabras, como al Coronel. Le dañé las varices de la pantorrilla, que llevó vendada una buena temporada. Jamás me reprochó ni me recordó la agresión, que aún hoy me duele. Esa es una de mis culpabilidades más profundas. “Perdóname, yaya, perdóname”, nunca le dije.
No molestó a nadie, siquiera para morirse. Una noche la oímos gritar: “¡Magdalena!”, llamando a su hija, pero cuando mi madre entró en su habitación, ya se nos había ido para siempre. Tenía el corazón demasiado grande y demasiado gastado.
Cantaba viejas canciones mientras cocinaba arroz con bacalao o tendía la ropa; sobre todo habaneras, traídas por su padre, el patrón Bonifacio, desde el Caribe.

“Ya viene el negro vendiendo flores…”                       
                                                                             Miguel Ángel Pérez Oca.

sábado, 30 de abril de 2016

EXPOSICIÓN DE MI HIJA NATALIA.

Mi hija Natalia expondrá su obra en Elche los próximos días 13, 14 y 15 de mayo. Os adjunto el cartel anunciador en el que figura el sitio. Yo ya la he visto y aún alucino. Qué cosas se le ocurren a esta niña.


jueves, 28 de abril de 2016

OTRO DEL LUNES.

Esta es otra de las poesías que leí el lunes en el recital del Hotel Abba Centrum. A mí me gusta mucho por su sentido filosófico. Es, quizá, la que más me gusta de todas mis poesías. Pero, claro, yo soy solo un tonto Zen desde que, una noche en el desierto, hace muchos, muchos, muchos años, los chacales se callaron al salir la Luna llena y yo comprendí, gozosamente, que no existo ni necesito existir para nada. Porque existe el Todo, el Universo total, todo Él y solo Él... ¡Qué cosas aprendía uno en la mili de entonces! ¡Y más en las montañas de Sidi Ifni!



LO PERDIMOS TODO.

Lo perdimos todo, absolutamente todo.
Perdimos nuestros tesoros y nuestras posesiones.
Perdimos nuestros proyectos y nuestros objetivos.
Perdimos el orgullo y la complacencia.
Perdimos nuestra autoridad y el respeto de los serviles.
Perdimos la razón de nuestras razones.
Perdimos normas y dogmas, responsabilidades y servidumbres.
Perdimos todas las palabras que se escriben con mayúscula.
Perdimos la fascinación por lo caro y lo raro.
Lo perdimos todo, incluso nuestras debilidades.
Y nos quedamos desnudos, como larvas trémulas.

Entonces comprendimos que nuestra desnudez era lo único que habíamos poseído siempre.
Y cuando quisimos mirar a través de nuestra piel traslúcida, vislumbramos un inmenso y enigmático espacio interior: todo un Cosmos de amor infinito, con sus galaxias y estrellas.

Y nos dimos cuenta, al fin, de que nunca habíamos sido tan libres y, por lo tanto, tan ricos.

miércoles, 27 de abril de 2016

UNA FRASE LAPIDARIA PARA LAS PRÓXIMAS ELECCIONES.


Lo he leído en algún sitio y me parece definitivo, porque, por desgracia, hay mucha gente así en este sufrido e irreflexivo país.

"LOS QUE VOTAN A LOS CORRUPTOS NO SON VÍCTIMAS 
SINO CÓMPLICES O ESTÚPIDOS."