martes, 2 de abril de 2019

CUENTO Nº 2 DE LA PENTALOGÍA DE LA MUJER BARBUDA.

Como consecuencia de la narración de la tertulia anterior, se me ocurrió escribir esta que sería su segunda parte, donde se desvela quién fue la amante del protagonista en los días (noches) en que se alojó en casa del reverendo Armstrong. Pero a continuación he escrito tres cuentos más, que completan la historia y que forman con este y el anterior un conjunto de 5 que yo llamaré "Pentalogía de la Mujer Barbuda". Conforme los vaya presentando en la Tertulia, los iré poniendo en este blog.




DEL CUADERNO ERÓTICO DE ISMAEL WHALEKILLER.

            Me llamo Ismael. He sido sacristán, maestro de escuela y marino ballenero. Una vez perdí mi fe y me embarqué en el Pequod. Y tras un trágico naufragio escribí una novela titulada “Mobi-Dick” con el seudónimo de Herman Melville. Después, siendo ya un escritor famoso, viajé a Boston a entrevistarme con un editor y aproveché para revivir una lejana experiencia. El caso es que, siendo aspirante a pastor, estuve unos días alojado en casa del reverendo Armstrong, que vivía con su hermosa mujer y sus tres lindas hijas. Por las noches, una mujer anónima me visitaba en la habitación oscura y me proporcionaba mis primeras experiencias sexuales. Y esta vivencia contribuyó a la pérdida de mi fe, e hizo que me convirtiera en marino, siempre atormentado por la incertidumbre de no saber cuál de las cuatro damas del reverendo había sido mi amante ocasional. Ahora, con una posición desahogada y un carácter maduro, me propuse desvelar el misterio que tanto había condicionado mi vida.
            Cuando llamé a la puerta de la vieja casa, apareció en el umbral la señora Armstrong, con unos años más, pero tan bella como siempre. Tardó en reconocerme.
            -¡Ismael! Mi querido Ismael… Cuánto tiempo.
            -¿No está el reverendo en casa?
            Y ella bajó la cabeza y me sonrió algo cohibida.
            -¿Es que no sabe usted lo que ha pasado?
            Y yo negué, sorprendido.
            -Está en la cárcel – me dijo -, cumpliendo una condena por suplantación de personalidad.
            Y me hizo pasar al salón.
            -Sé por qué ha venido usted… Quiere saber cuál de nosotras fue su amante secreta durante su estancia en esta casa, ¿verdad?
            Y yo asentí.
            -Lo cierto - dije - es que esa incógnita me ha atormentado toda la vida. Es más, siempre he sospechado que fueron ustedes cuatro, turnándose cada noche.
            Y ella se echó a reír.
            -Voy a contarle una historia. Ocurrió en el Lejano Oeste. Había un circo ambulante que marchaba por los pueblos con una caravana de carros. Entre ellos iba uno donde una “madame” y sus tres pupilas ejercían la prostitución. El dueño del circo, que era un canalla, explotaba a la “madame” y maltrataba a las chicas, hasta que encontraron a alguien que las protegió. Se trataba de la Mujer Barbuda, que se enfrentó al villano en un duelo a pistola y lo mató. Luego, las cinco mujeres huyeron al Este y se establecieron en Boston. La Mujer Barbuda, que se llamaba Patricia y era muy creyente, se afeitó el mentón y el bigote y se dejó crecer unas grandes patillas…
            En aquel momento recordé el extraño aspecto del reverendo Patrick Armstrong, con su rostro feminoide y sus patillas enormes.
            -Se hizo pasar por un hombre, pastor evangelista venido del Oeste, y a nosotras, por su esposa e hijas. Sus sermones se hicieron famosos y al poco se le encomendó la dirección del Congreso de Estudios Bíblicos en el que lo alojamos en casa.
            -¿Y mi amante? – pregunté con ansiedad.
            -Su amante, señor Ismael, fue el reverendo Armstrong.

                                                                       Miguel Ángel Pérez Oca.
                                                                        
                                                                               (500 palabras)

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