Esta mañana me he levantado nostálgico y me he sentado delante del ordenador para hacer una combinación de dos viejos dibujos míos en la que aparezco pintando a mi veja pandilla: Jose Lillo, Guillermo, Jose Martí, Teto, Juanmi, Juanito "Ferrari" y Julio. Si conocéis a alguno de ellos, decidles que entren en este blog para ver mi dibujo, por favor. Yo no tengo la dirección de todos. Gracias.
"Giordano Bruno, el loco de las estrellas" fue la primera novela publicada por mí, en el año 2000. Desde entonces he hecho muchas cosas, que os ofrezco, porque la vida sin compartir no es nada.
lunes, 2 de agosto de 2021
viernes, 30 de julio de 2021
MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
Debió causar sensación, o al menos levantaría la curiosidad de los alicantinos, cuando en enero de 1844, el coronel de Carabineros don Pantaleón Boné se presentó en Alacant con 150 infantes de su cuerpo, 50 jinetes y una compañía de Infantería de Saboya. Llevaban un importante alijo de contrabando capturado en Benidorm y, según dijeron, esperaban más capturas. El coronel se presentó a las autoridades y pidió alojamiento para sus hombres y almacén para las mercancías capturadas. También pidió que se procediera a recluir en los calabozos del Castillo de Santa Bárbara, arrestado por una falta de disciplina, un oficial de su unidad, el capitán Juan Martín “Empecinado”, sobrino del famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia.
Al
día siguiente, varios oficiales de Boné pidieron subir al castillo para visitar
al preso, pero todo fue una estratagema para, en complicidad con el teniente
Ruiz, del provincial de Valencia, acceder a la fortaleza y tomarla en un
incruento y audaz golpe de mano. Y así, el castillo quedó al mando del capitán
“Empecinado” y el coronel Boné procedió a tomar la ciudad, capturando al
Comandante General de la plaza, al Gobernador, al alcalde y varias autoridades
más, cuando salían del teatro, y los mandó al castillo para que su ayudante
“Empecinado” los mantuviera a recaudo. Alacant había sido tomado por los
liberales con el apoyo de los demócratas locales, que al día siguiente celebraron
una gran manifestación encabezada por Boné y conocidos liberales alicantinos,
como Manuel Carreras, el teniente Ruiz y otros miembros de la Junta de Gobierno
constituida para gobernar Alicante y animar al resto de las plazas españolas a
levantarse contra el gobierno de González Bravo, que había traicionado la
Constitución proclamando de nuevo al Ley de Ayuntamientos, que hurtaba al
pueblo la facultad de elegir a su alcalde. Sin embargo, salvo Cartagena,
ninguna otra ciudad secundó el movimiento.
El
31 de enero, Boné al frente de mil hombres de a pie, cuarenta jinetes y dos
cañones, partió hacia Alcoy, con la pretensión de que dicha plaza se uniera a
la rebelión. Pero a la altura de Elda, las tropas del general Pardo, Comandante
General de Murcia, le tendieron una celada, fingiendo que se unían a ellos,
para después dispararles a bocajarro. Boné tuvo que replegarse a Alicante con
grandes pérdidas y las fuerzas de Pardo capturaron a muchos de los suyos,
incluidos 7 oficiales.
El
Capitán General de Valencia, Federico Roncali, se presentó en Mutxamel con sus
tropas y la orden de sofocar la rebelión de inmediato. Amenazó con fusilar a
los 7 oficiales capturados en Elda si Boné no se rendía. Boné, a su vez,
amenazó con fusilar al Comandante General, al Gobernador y al Alcalde. Roncali
mandó fusilar a los 7 oficiales junto al Panteón de los Guijarro, en
Villafranquea, donde serían enterrados. Boné, por su parte, no cumplió su
amenaza.
Sin
embargo, Boné cometió un cruel error.
Había sido capturado un paisano en cuyo poder se encontraron ciertas
cartas cifradas que se interpretaron como mensajes a partidarios de Roncali en
el interior de la ciudad, y acusado de espía, fue fusilado junto a la Puerta de
la Reina.
Por
su parte, el “Empecinado”, estaba negociando en secreto con Roncali, por medio
de los presos, y ofreció el castillo a cambio de que se le perdonase y se
mantuviera su rango.
Viendo
Boné que su amigo lo había traicionado y que el castillo, que dominaba la
ciudad con sus cañones, era de Roncali, intentó huir de Alicante a caballo,
acompañado por seis hombres fieles, en la madrugada del 6 de marzo de 1844.
Sería capturado en Sella y conducido preso a Alicante donde, por orden de
Roncali, fue fusilado en compañía de 23 de sus hombres. En un dibujo aparecido
en la prensa inglesa se ve a los condenados fusilados de manera indigna, de
rodillas, sin el uniforme, maniatados y de espaldas, como traidores.
Sin
embargo el pueblo alicantino los consideró mártires de la Libertad, y así los
llamó. El paseo que hoy se llama Explanada de España fue bautizado como Paseo
de los Mártires de la Libertad, hasta que los franquistas, a los que la palabra
Libertad no les gustaba, le cambiaron el nombre en 1939. En realidad, se podría
considerar que estos de Boné fueron los segundos mártires, pues los primeros
serían los fusilados por Iriberri en 1828.
Hoy
el paseo del muelle de tierra, paralelo a la Explanada, ha sido denominado de
nuevo Paseo de los Mártires de la Libertad.
.
lunes, 26 de julio de 2021
ESPARTERO.
Don Baldomero Espartero fue un general famoso, entre otras cosas, por ciertos atributos de su caballo, que definían su carácter. Era un militar liberal y democrático, nada parecido a los militares “africanistas” que nos tuvieron bajo una dictadura de cuarenta años. Él solo fue Regente de doña Isabel II durante 3 años (1840 – 1843). Era un héroe de las guerras americanas y de la Guerra contra los Carlistas y levantó el sitio de Bilbao, lo que, seguramente precipitó el fin de la contienda. Pero tenía un carácter muy difícil y brusco, lo que le ganó muchas enemistades que, junto a las envidias que con tal profusión florecen en nuestro país, provocarían su caída y exilio. Su oponente político también era un general, Narváez, conocido como “El Espadón de Loja”, conservador y autoritario, que presumía de no tener enemigos “porque los había fusilado a todos”. Y con estos dos líderes, los liberales que habían vencido a los carlistas, últimos restos del absolutismo fernandino, ahora se disputaban el poder con una rivalidad infecunda.
En
Alicante, de donde Espartero era senador, los tres años de su regencia fueron
muy productivos. Nada más tomar posesión de la Regencia, Espartero nombró
Gobernador de nuestra Provincia a don Andrés Visedo, veterano luchador por la
democracia en las luchas alicantinas de 1812 y 1823. Y en esta época surgen en
nuestros alrededores explotaciones mineras, talleres de fundición y otras
muchas industrias, que denotan el progreso de esta tierra de gente emprendedora.
El puerto incrementa su tráfico mercantil de manera espectacular, y la ciudad
refleja estos adelantos en sus edificios de nueva construcción.
En
1841 se empieza a construir una nueva plaza del mercado, junto al puerto, donde
ya estaba la antigua. Su arquitecto: don Emilio Jover.
La
pasión política y la rivalidad entre conservadores y progresistas se manifiesta
en las elecciones municipales de diciembre de 1841, durante las cuales tienen
lugar duros enfrentamientos en el colegio electoral sito en la parroquia de
Santa María, donde es herido de consideración, por arma blanca, el diputado a
Cortes don Luis María Proyet. Triunfaron los progresistas y los alborotadores
fueron detenidos y castigados.
Pero
Espartero, y su caballo, se estaban pasando de la raya autoritaria. Cometió graves
errores y excesos, entre ellos el bombardeo de Barcelona, del que decía que “a
Barcelona hay que bombardearla por lo menos una vez cada 50 años”. Así que
moderados y progresistas conspiraron para quitarse de encima al incómodo
Regente, y los generales Narváez y Serrano se alzaron en mayo de 1843 en apoyo
del programa de reconciliación nacional que promovía Joaquín María López. En
Alicante se levantaron el brigadier Ricardo Shelly y el comandante general don
Manuel Sala, y el gobernador Visedo tuvo que marcharse de la ciudad, amenazado
de muerte.
Espartero
tuvo que huir de España el 30 de julio de 1843, y se exilió en Inglaterra.
El
gobierno de Joaquín María López, para evitar una nueva regencia, nombró a la
Reina mayor de edad a los 13 años en lugar de a los 16, como marcaba la ley
para estos casos. Y tras breves mandatos de López y Olózaga, se hizo cargo del
Gobierno el conservador (ellos se llamaban a sí mismos “moderados”) Luís
González Bravo, cuya primera decisión fue promulgar la vieja Ley de
Ayuntamientos que le había costado la regencia a doña María Cristina. Los
progresistas montaron en cólera, acusaron a los conservadores de violar la
Constitución y llamaron a Espartero, que ni se molestó en contestarles.
Se
iba a armar una buena.
martes, 20 de julio de 2021
CARLISTAS E ISABELINOS.
CARLISTAS E ISABELINOS.
La
nueva etapa histórica, con el predominio político de los liberales apoyando a
la niña Isabel II, y los carlistas lejos de esta ciudad de gente progresista, empieza,
sin embargo, con otra de las ya endémicas epidemias que han castigado desde
siempre a nuestra población marinera. Esta vez, el 22 de agosto de 1834, entra
el cólera morbo asiático y causa 603 muertos en una población de unos 20.000
habitantes.
Y
mientras se reponían de los estragos de la enfermedad, los alicantinos y
alicantinas estaban deseando alegrarse con el regreso de la Constitución,
aunque de momento se tenían que conformar con un Estatuto Real, a todas luces
insuficiente, que otorgó la Regente, doña María Cristina, “la que nos quiere
gobernar”.
El
11 de enero de 1836 se reinstauraba la Diputación Provincial, con los mismos
diputados que la formaban cuando la disolvió Fernando VII. En toda la nación
estaba surgiendo una agitación general del pueblo en demanda de la vuelta de la
“Pepa”. Por las calles se cantaba el Himno de Riego. Y sin más esperas, en
Alacant fue proclamada el 10 de agosto de 1836, de acuerdo con las autoridades
militares y con la ausencia del Gobernador, que había huido a Madrid. Así que al
final doña María Cristina tuvo que ceder al levantamiento general y proclamar
la Constitución, aunque de manera provisional mientras se elegían Cortes
Constituyentes encargadas de redactar una nueva, muy parecida a la original,
pero adecuada a los nuevos tiempos. Y en esos días, como colofón a este tiempo
fascinante de novedad y progreso, como un símbolo, entraba en nuestro puerto el
primer barco a vapor.
En
octubre llegó la noticia de que Espartero había roto el cerco carlista de
Bilbao. Aunque en varias ocasiones, partidas carlistas intentaron llegar a
Alicante, y fueron rechazadas. En marzo de 1837 el faccioso Forcadell tomó
Orihuela reclutando allí 900 voluntarios, pero fue expulsado de la Provincia
por nuestra Guardia Nacional.
El
18 de junio de 1937, la Reina juró la nueva Constitución que contenía ciertas
concesiones a los moderados, como el sufragio censitario, o sea que para votar
tenías que tener rentas y pagar impuestos. Se recibió por los alicantinos con
alegría, pero no con entusiasmo.
De
nuevo los carlistas, esta vez al mando de Tallada, entraron en la zona y se
concentraron en Onteniente, de donde los expulsaron las fuerzas isabelinas,
saliendo por Fuente la Higuera y marchando a sus bases del Maestrazgo
castellonense.
El
cabecilla Cabrera, en el Maestrazgo, había fusilado a 96 sargentos isabelinos,
y en respuesta a tamaña salvajada se formó en Alicante una junta de represalias
que acordó pasar por las armas a 19 sargentos carlistas, presos en la isla de
Tabarca, donde ya se habían integrado con la población, incluso dado lugar a
algún romance. Fueron fusilados, el 11 de noviembre de 1838.
Poco
tiempo después acabaría la Guerra Carlista, que aquí, en Alicante, se celebró
con festejos taurinos en la nueva plaza de toros, instalada donde ahora está el
Teatro Principal. Mientras, un crimen misterioso atemorizaba a los alicantinos:
a principios de 1840 era asesinado el juez de primera instancia don José
Cecilia Meca, de cuyos matadores y sus móviles nunca se supo nada. Se
sospechaba de una “mano negra” que nadie
se atrevía a identificar.
Parecía
que España iba a entrar en la normalidad, pero el gobierno de la Regente se
propuso aprobar una Ley de Ayuntamientos que violaba la Constitución,
concediendo al Jefe del Ejecutivo la facultad de nombrar alcaldes a dedo. La
protesta fue general, y el General Espartero, que había sido elegido Senador
por los alicantinos, encabezó el movimiento de rebeldía, forzando a la Regente
a renunciar a su cargo y marchar al exilio. Hoy sabemos que se valió de la
amenaza de hacer público su matrimonio secreto con un sargento de su Guardia.
Espartero fue nombrado nuevo Regente de la Soberana, que entonces contaba con
solo 10 años. Y en Alicante reinaba el optimismo pues, decían los alicantinos,
con Espartero estaban garantizadas la democracia y la Constitución. ¡Viva la
Pepa!
martes, 13 de julio de 2021
ODIOSO IRIBERRI
ODIOSO IRIBERRI
El
brigadier don Pedro Fermín de Iriberri ha sido, sin duda, el gobernante más
odioso que ha tenido la desgracia de sufrir Alacant. Era, según el retrato de
él que figura en la Crónica de Viravens, un hombre alto y delgado, con un
rostro que invita a la desconfianza: ojos hundidos y penetrantes, pómulos muy marcados
en un rostro enjuto y un pobladísimo
mostacho negro bajo una nariz prominente. Tomó posesión de su cargo de Gobernador Civil y Militar en cuanto llegaron
los Cien Mil Hijos de San Luis, y en cuanto éstos se fueron y él se vio solo,
sin nadie que pudiera moderarlo, se rodeó de una pandilla de confidentes y
chivatos absolutistas, que se dedicaron a delatar a todos los liberales que
vivían en esta ciudad.
Aprovechó
una disputa de juego entre civiles y militares en la Plaza Nueva para ordenar
tocar Generala y apalear y detener a todo el que pilló por la calle. Cerró las
puertas de la ciudad, excepto la de San Francisco, y se colocó en ella rodeado
de sus delatores para ir arrestando a todos los sospechosos de liberalismo que
entraban por ella, procedentes del campo, donde habían celebrado la tradicional
Pascua. Las cárceles, los castillos y los palacios de la Puerta Ferrisa y la
Asegurada se llenaron de presos, algunos de los cuales se fugaron, temiendo ser
fusilados, y marcharon al exilio en un barco holandés fondeado en el Baver.
Vigilaba
la conducta moral y religiosa de los alicantinos, y en cuanto uno de sus
“satélites” delataba a alguien que había hablado mal de la Iglesia o,
simplemente, no se había descubierto al pasar por delante de un templo, lo
ingresaba en un convento, para que fuera reeducado por su prior.
En
febrero de 1828 una partida de liberales, comandado por los hermanos Bazán y
Bartolomé Arques, desembarcó en Guardamar del Segura, con la intención de
marchar a Alicante y proclamar la Constitución. Fueron delatados y las fuerzas
mandadas por Iriberri les tendieron una emboscada y mataron a muchos de ellos,
llevando detenidos a los restantes. Bartolomé Arques murió acribillado a
balazos cuando intentaba huir a caballo de una casa de campo donde se había
escondido. El hermano del coronel Bazán
fue gravemente herido, y el gobernador Iriberri ordenó fusilar a todos junto a
la Puerta de San Francisco, después de torturarlos y propinarles crueles
palizas. Les negó el auxilio de un sacerdote “para que fueran al infierno
inconfesos”. Fueron fusilados los 29 supervivientes de la partida de 80
liberales que habían desembarcado, incluso los heridos en sus camillas, y el
gobernador los fue tentando luego con su bastón para comprobar si estaban
muertos o darles personalmente el tiro de gracia.
Mientras,
los campos estaban infestados de bandoleros, pero como no eran liberales, no
preocupaban a Iriberri.
El
21 de marzo de 1829 se hicieron sentir en Alacant unos violentos terremotos que
castigaron duramente a Torrevieja y toda
la Vega Baja. Pero eso tampoco preocupaba demasiado a Iriberri.
En
1830 nació Isabel, la hija del Rey, que
en adelante y bajo la influencia de su esposa María Cristina de Borbón-Dos
Sicilias, se dedicó a asegurar su sucesión en el trono; lo que le haría dar
algún tímido cambio a su política intransigente. Los absolutistas eran
partidarios de que, a la muerte el Rey, le sucediera su hermano don Carlos
María Isidro; pero Fernando VII derogó la Ley Sálica que prohibía reinar a las
mujeres, y propició cierto apaciguamiento con los liberales.
Sin
embargo, todavía en 1831 sería fusilado el general Torrijos en Málaga y en
Granada sería ajusticiada a garrote vil Mariana Pineda, por bordar una bandera
constitucionalista. Una sobrina mía posee su abanico, dado que mi familia tuvo
cierta relación con esa heroína liberal.
El
30 de noviembre de 1832 Iriberri fue destituido y se marchó de Alicante, con
gran alegría de los alicantinos. Alguien tan fanático como él empezaba a ser
molesto, y de hecho, muy pronto pasaría a formar parte del bando partidario de
don Carlos,
El
29 de septiembre de 1833 murió el Rey Felón. Había traicionado al pueblo
español y a los liberales constitucionalistas, por su culpa se perdió el
imperio americano, y al final traicionó también a sus partidarios absolutistas,
con tal de facilitar a su hija Isabel II su acceso al trono, con el apoyo de
los liberales, a los que tanto daño había hecho. Su esposa María Cristina
ejercería la regencia, e inmediatamente estalló la Guerra Carlista. Iriberri
acabó siendo jefe de las fuerzas carlistas de Granada.
miércoles, 7 de julio de 2021
LOS CIEN MIL HIJOS
LOS CIEN MIL HIJOS
Alacant
era la única capital de provincia que, en 1823, aún no había sido ocupada por
los Cien mil hijos de San Luís. Llegaron noticias de que ya estaban a tan solo
dos leguas de la ciudad, y el jefe de la guarnición de Alacant, comandante
Iribarren, decidió salir a plantarles cara y se dirigió con sus escasas fuerzas
hacia San Vicente del Raspeig, donde acampaba el general absolutista Samper.
Pero la caballería de Samper los rodeó y ellos formaron en cuadro para
resistir. Los alicantinos, que desde el castillo de Santa Bárbara vieron la
maniobra de los realistas, salieron en tromba de la ciudad, armados con lo que
cada uno tenía, y consiguieron desbaratar a los atacantes y liberar a Iribarren
y los suyos, que regresaron con muy pocas bajas a la ciudad.
El
5 de agosto de 1823 llegaron refuerzos de mil hombres al mando del nuevo
comandante militar de la provincia, don Joaquín de Pablo Txapalangarra, así
como los soldados supervivientes de la división del coronel Bazán, muy castigada
en las acciones de Valencia y Orihuela. Txapalangarra se ocupó de hacer acopio
de alimentos, pidió empréstitos para
financiar la campaña, e incluso vendió las campanas de los templos a unos
comerciantes italianos. Las tropas estaban muy mal equipadas, careciendo
incluso de calzado adecuado.
Por
esos días pasó por Alacant el heroico general Torrijos, que iba a Cartagena
para hacerse cargo de su defensa.
El
3 de octubre, Alacant fue al fin cercado por los Cien Mil Hijos, al mando del
vizconde de Bonnemains, y Txapalangarra solo pudo resistir treinta y tres días
de asedio
Al
final, agotadas todas las provisiones para poder alimentar a una población de
21.000 personas, incrementada con las tropas y los refugiados valencianos, se
acordó con los franceses, que ya se preparaban para el asalto final, una
rendición sin lucha el 11 de noviembre de 1823. Los liberales alicantinos y los
militares se embarcaron rumbo a Gibraltar y al exilio.
Ellos
no lo sabían, pero tres días antes, el general Rafael de Riego, que había
traído de nuevo la Constitución, malherido y abandonado por sus tropas, había
sido deshonrosamente ejecutado en la Plaza de la Cebada de Madrid. Fue llevado
al cadalso arrastrado en un serón, destrozado física y moralmente, y fue
ahorcado y después decapitado, por el terrible delito de haber votado la
incapacitación del Rey. La Historia le daría la razón: Fernando VII fue el peor
y más incapaz rey de nuestra Historia.
Txapalangarra
sería asesinado años después mientras intentaba convencer a sus paisanos de que
se unieran a él en la guerra contra los carlistas. En lugar de escucharlo, le
dispararon. Bazán sería fusilado, con su hermano, con Bartolemé Arques y otros
patriotas liberales, tras intentar un desembarco de constitucionalistas en
Guardamar del Segura. Y Torrijos, el héroe de la Guerra de la Independencia,
sería también fusilado por orden del Rey Felón. La sobrecogedora imagen del
fusilamiento de Torrijos y sus compañeros se puede admirar en el cuadro del
pintor Gisbert que se muestra en el Museo del Prado.
Alicante
fue la última capital donde tuvo vigencia la Constitución de 1812, tal como en
el siglo siguiente sería la última capital donde rigiera la Constitución de
1931, de la II República.
Con
las tropas francesas ocupantes había llegado el que sería nuevo Gobernador
Civil y Militar de Alacant, el ser más sanguinario, despreciable, fanático y
odioso que ha gobernado y cometido sus fechorías en Alacant: el brigadier
Fermín de Iriberri, de triste recuerdo.





