jueves, 2 de julio de 2020

HOMICIDAS POR IMPRUDENCIA.



            La verdad, me da miedo salir a la calle. Yo voy con mi mascarilla y las manos recién lavadas con hidroalcohol, pero me cruzo con un montón de energúmenos sin protección, o con la mascarilla en el codo, en la barbilla o en la muñeca, discutiendo a voz en grito y repartiendo “perdigones” a su alrededor, sin respetar las distancias, y me siento agredido y en peligro de ser invadido por el coronavirus y caer víctima de la neumonía letal que amenaza a quien pertenece a un grupo de riesgo.
            Cuando veo en la tele a idiotas celebrando el triunfo de su equipo de fútbol, o las fiestas suspendidas de su pueblo, o en restaurantes, playas y bares, hacinados, sin respetar las distancias y sin protección, me invade una profunda decepción hacia mi especie, el pretencioso Homo Sapiens. Solo veo a montones de monos mal evolucionados, prisioneros de los instintos gregarios propios de un depredador grupal, incapaces de reflexionar sobre la propia responsabilidad ante la pandemia. Y caigo preso de la ira, también propia de un primate que comparte con el chimpancé más del 90 % del genoma.
            Presiento una inminente segunda oleada de la pandemia, todavía más asoladora que la primera, y veo a montones de viejecitos muertos en las residencias y hospitales, y a los heroicos sanitarios vencidos por la fatiga y la impotencia, y no puedo por menos que considerar que todos esos imbéciles que se arremolinan en multitudes estúpidas serán reos del delito moral de homicidio por imprudencia.
            ¿Nadie va a pararles los pies? ¿No hay policías suficientes para correrlos a  porrazos? Pues nada, amigos, resignación y a esperar a los cuatro jinetes del Apocalipsis. No tenemos arreglo.
            Y es que por encima del peligro está la inminente e inevitable necesidad imperiosa de salvar la economía; porque estamos ante un dilema: elegir entre morirnos de la enfermedad o morirnos de hambre.
            Esto no ha sido una guerra ni un terremoto. Nada se ha destruido. Ahí están las fábricas de embutidos, las tiendas de alimentación, los campos de cultivo, las ganaderías y establos, todo intacto, pero podemos morirnos de inanición, rodeados de abundancia, si no teneos dinero con que comprar nuestro sustento. Esa es la más flagrante paradoja de esta Economía Capitalista que sufrimos. El dinero, con su valor simbólico, que no real (al menos antes era el oro), ha de moverse incesantemente de un bolsillo a otro, y si se detiene en todo el mundo solo por dos meses, viene la hecatombe, el fin de la humanidad. Así que hay que ser tolerante con los idiotas, abrir los restaurantes, dejar que vengan los turistas foráneos y nos traigan sus virus, y que la máquina económica se ponga en marcha otra vez, aunque nos arrolle a todos.
            Esta situación nos ha desvelado lo absurdo del Sistema Capitalista. En una economía socialista, en la que el Estado administrase todos los medios de producción, que serían propiedad del pueblo, los salarios seguirían llegando regularmente a todos los ciudadanos, por mucha pandemia y confinamiento que se produjeran. Sortearíamos el temporal, nos aislaríamos lo suficiente, mientras llegase la vacuna, y saldríamos airosos del trance. Pero no se le pueden pedir peras al olmo. A un chimpancé no se le puede hacer reflexionar sobre cosas tan graves y tan contradictorias con los instintos animales que inevitablemente nos dominan y nos llevan al precipicio.
            Solo quiero manifestar que, visto lo visto, y ante la decepción que me produce mi propia naturaleza, proclamo solemnemente que abjuro, renuncio, niego y dimito de mi falsa condición de Homo Sapiens.
            Que os den, hermanos.
                                                                                  Miguel Ángel Pérez Oca.

sábado, 27 de junio de 2020

FELIZ REENCUENTRO.



FELIZ REENCUENTRO.

            Y allí estaban los tres hermanos, después de tan larga ausencia; y cuando vieron acercarse al amigo grandullón se llevaron una gran alegría.
            -Eeeeh, míralo cómo “bacila” el grandote – exclamó el rey de los enanos.
            -¿Y vosotros, pequeñajos, qué tal estáis? Que sois más malos que la peste negra – les respondió el gigante, agitando sus pedúnculos.
            -Esta vez hemos vuelto todos juntos – se felicitó el africano -. Vamos a acabar con todos ellos. ¿Vale?
            -Sí, con todos, por gilipollas – afirmó el más libertino.
            -Y aún dicen que se llaman Homo Sapiens.
            -¡Sapiens! Qué risa.
            -Pero si son incapaces de guardar una cuarentena.
            -Si no se quieren vacunar.
            -Si dice el tonto ese del Miguelito Bosé que con la vacuna les van a inocular un microchip para controlarlos.
            -Si es que son tontos.
            -¿Y el rector de la universidad esa de Murcia?
            -¿Y el arzobispo de Valencia? ¿Se pueden decir más sandeces?
            -¿Sabéis lo que os digo? – les arengó el grandote - Que se lo tienen merecido.
            -Sí, desde luego, se merecen que acabemos con ellos. Y la Tierra nos lo agradecerá.
            -Pues claro. Este planeta estará mejor sin ellos.
            -Y para postre, la economía capitalista los ha puesto entre la espada y la pared. Son libres, gracias al capitalismo: Pueden elegir entre morirse de hambre o morirse de la epidemia.
            -Ja, ja, ja – rieron los cuatro infusorios, llenos de regocijo.
            -Pero, ¿habéis visto cosa más tonta que el dinero ese que han inventado? O sea, que unos papelitos con un valor ficticio, o, peor aún, unas anotaciones en un ordenador, dejan de moverse de un sitio para otro por tres meses y esa gente se muere de inanición, al lado de las vacas, las fábricas de embutidos y los campos de cultivo. ¿Serán idiotas?
            -Bueno, pues ya está bien de aguantar a esos estúpidos. Nos lo ha pedido la madre Naturaleza y vamos a cumplir nuestra misión, pero esta vez, definitivamente.
            Y los cuatro se dispusieron a acabar con la Humanidad. El grandullón era el bacilo de Koch, el de la tuberculosis, y los tres pequeñajos los virus del Sida, el Ébola y el Coronavirus. No tenían más que dejarse llevar por la brisa hacia las playas, los bares y las salas de fiestas, donde las multitudes de monos ligeramente evolucionados se arremolinaban sin ninguna precaución, intercambiando saliva y humores entre sus cuerpos no vacunados ni protegidos por guantes, condones ni mascarillas.
            En el fondo del Océano Antártico ya estaban llegando los primeros guantes de látex, y en los intestinos de las focas y los pingüinos abundaban cada vez más los restos de plástico.
            -¡A por ellos! – gritaron los cuatro - ¡Banzai!
            Desde luego, aquel había sido un feliz reencuentro.

                                                                                  Miguel Ángel Pérez Oca.


martes, 9 de junio de 2020

EL HOMBRECILLO PÁLIDO.



            Derek era un alfeñique, siempre lo había sido y siempre lo había sabido muy bien. Por eso se hizo policía, porque necesitaba ser alguien. Por eso llevaba alzas en los zapatos y por eso se sentía tan importante cuando se colocaba el cinturón del que colgaban las esposas, el transmisor, la linterna, la porra y, sobre todo, la pistola. Le gustaba ir de uniforme y hablar autoritariamente a la gente desde la falsa altura que le producía la perspectiva del paisaje visto cuando echaba la cabeza atrás, y todo parecía estar allá abajo. Todos lo sabían, sobre todo él mismo: era un mierdecilla; una cagarruta detrás de una chapa. Y cada vez que se enfrentaba a uno de esos gigantes negros de los barrios, los odiaba y los envidiaba. Y se desahogaba de la injusticia que Dios había cometido con él, golpeándolos impunemente con la porra o dándoles patadas donde más les pudiera doler. La cara de terror de uno de esos gigantes ante sus amenazas le producía unas oleadas indescriptibles de placer, porque lo hacía sentirse poderoso, a pesar de lo endeble de la materia prima que conformaba su ser físico. Del otro, del intelectual, del espiritual, mejor ni hablamos.
            Por aquí tuvimos a uno de esos seres despreciables. Como Derek, era un alfeñique con ínfulas de Dios vengador y todopoderoso. Al de aquí lo llamábamos Billy el Niño y se murió en la cama.
            Aquel día, Derek y sus compinches habían detenido a uno de esos gigantes musculosos del barrio negro. Fue por un confuso asunto de un presunto billete falso, pero la causa era lo de menos. “Vamos, resístete” pensaba el hombrecillo blanco, deseoso de que un acto de resistencia justificara una buena patada, o un buen puñetazo, por su parte. Pero el gigantón no se resistió, ofreció sus manos a las esposas y obediente siguió a sus opresores. ”Es que yo soy guardia de seguridad y respeto a la policía”, se había explicado y esto encolerizó más si cabe al alfeñique. Lo obligó a tumbarse junto a la acera y le puso la rodilla sobre su cuello de toro negro, mientras sus compañeros, los otros alfeñiques pálidos presionaban sobre su poderosa espalda.
            -¡No puedo respirar! – gritaba el negro, mientas Derek descargaba todo su peso sobre la rodilla. Al cabo de ocho minutos y medio, el hombre dejó de gritar.
            -Este ha perdido el conocimiento. – le dijo alguien.
            -Te lo has cargado – aclaró otro.
            Y mientras Derek, el mierdecilla, el alfeñique, la versión americana de nuestro Billy el Niño, empezó a sentirse importante, y presintió su foto en las televisiones.
            -Me lo he cargado – repetía en voz baja, mientras los sanitarios se llevaban al gigante en una ambulancia. Ya estaba muerto.
            Noches después, el payaso Trump, otro alfeñique de espíritu, se refugiaba en su búnker antinuclear y apagaba las luces de la Casa Blanca, mientras un pueblo de gigantes oscuros gritaba que no podía respirar. Era el principio de un final.
           
A LA MEMORIA DE GEORGE FLOYD.

                                             Miguel Ángel Pérez Oca.

                                         (500 palabras)

domingo, 31 de mayo de 2020

UN GOLPE SIN TANQUES.



            El filósofo chino Leo-Tsé, en su obra capital, Tao-Te-King, dice: “El mejor militar no es marcial, el mejor luchador no es violento, el mejor conquistador no guerrea, el mejor jefe no da órdenes”. Así, siguiendo estas profundas enseñanzas, “el mejor golpista no saca sus tanques a la calle”. Y de eso se trataba. Había que obtener el cambio político, consiguiendo un vuelco mediático en las urnas, sin salirse de la ley. Pero, eso, que sería el sumun de la sutileza para un presunto caudillo de la extrema derecha, no es tan fácil.
            Estos días se han oído mucho las palabras “golpe de Estado”. Iban incluidas en el desafío de nuestro Vicepresidente Pablo Iglesias al portavoz de VOX, Espinosa de los Monteros: “Vosotros desearías dar un golpe de Estado, pero no os atrevéis”. Otros comentaristas televisivos y de la prensa escrita también las han pronunciado. Es algo que ha flotado durante días en el aire político. Y, de alguna manera, explica la destitución y dimisión de varios generales y un coronel, junto a un ruido de fondo muy alarmante en el Ministerio del Interior, manejado de manera inflexible por el ex juez Grande Marlaska. Sin embargo, cuando uno lee el informe de la Benemérita en el juicio que se instruye contra el Delegado del Gobierno en Madrid, Sr. Franco, y contra el bueno del doctor Simón, uno puede comprender muchas cosas: El informe, chapucero donde los haya, no se sostiene, lleno de inexactitudes, manipulaciones y falsedades que denotan un evidente ánimo acusatorio nada disimulado, y nada informativo ni mucho menos. ¿Es que los informantes no sabían que en el juicio formal, los abogados de los imputados, echarían abajo esa chapuza? Pues claro, pero les daba igual, porque ese informe no estaba destinado al juicio sino que formaba parte del golpe sin tanques. De lo que se trataba era de que la prensa de la derecha (la mayoría) se hiciera eco del informe “filtrado” y así crear un juicio mediático, que convenciera a los más ingenuos de los votantes de que todas las incomodidades sufridas y todos los muertos, eran obra de Pedro Sánchez y sus “aliados comunistas bolivarianos”; de forma que consiguiera volcar la opinión de la mayoría en contra del Gobierno, preferiblemente poco antes de unas elecciones; y así obtener el vuelco electoral que de otra manera no favorecería nunca a la extrema derecha ni al ala dura del PP. En esta confabulación, uno se imagina a mucha gente: viejos franquistas, miembros de cierto instituto religioso, algún ex jefe de gobierno resentido y temeroso de tribunales futuros… La ola de bulos extendida últimamente desde VOX por las redes sociales y mantenida por determinados personajes de “prestigio”, forma parte, sin duda, del entramado del golpe perfecto: “El mejor golpista no saca sus tanques a la calle”, que hubiera dicho Lao-Tsé.
            Si es que unos partidos que defienden los privilegios de unos pocos ricos solo pueden gobernar en mayoría si consiguen engañar a los más desinformados de los pobres votantes. Ese es el pecado original de la Derecha.
            Pero al viejo zorro Marlaska no se le escapa nada. Y, sin duda, cuando leyó el famoso informe, “filtrado” desde quién sabe dónde, lo comprendió todo. Destituciones fulminantes, con un par, y la frase “golpe de Estado” flotando en el aire. Así fue.
            Los filamentos de esa insidiosa tela de araña se habían extendido por todas partes, clubs de lectura, tertulias literarias, actividades culturales e intelectuales de toda índole, en forma de personajes tóxicos infiltrados, encargados de socavar la moral de los “comunistas bolivarianos” locales… Pero parece que, esta vez, les ha salido el tiro por la culata, como la anterior de los atentados del 11M. Y, afortunadamente, ya no cuentan con un General Mola, Franco, Queipo… que les echen una mano.
Y menos mal que tenemos un Gobierno de izquierdas para dirigir la reconstrucción.
            Todo se sabrá algún día.

sábado, 23 de mayo de 2020

CASIOPEA.

La noticia de que los últimos análisis y pruebas efectuados a mi amiga Mercedes Manso han resultado del todo favorables, me ha dado tanta alegría que tuve que escribir este 100cuento que os pongo aquí. En tiempos más normales  lo hubiera podido presentar a la próxima reunión de la tertulia, pero eso a saber cuándo podrá ser; así que lo pongo en este blog, para que lo leáis y os alegréis conmigo.




CASIOPEA.
( Ciencuento dedicado a mi amiga Mercedes )

        Eran las 5 y me había despertado con el impulso de abrazar a la noche. Salí al balcón y admiré la escalera celeste de Casiopea, con sus cinco luminarias. Y más arriba, la inamovible Polar, y las Guardas, que mostraban a Colón que la Estrella no está justo en el Norte. A mi derecha, un astro rojizo no parpadeaba. Era Marte, el Barsoom de John Carter. 
Tres noches me observaban: la recoleta de callejas y plazuelas, la descabellada del novelista y la inmensa de las estrellas. Y grité en silencio, recogido en mi cabeza y mi pecho:
¡ESTÁ A SALVO!

                              Miguel Ángel Pérez Oca.
                                               



                                                (100 palabras)

jueves, 7 de mayo de 2020

CATARSIS.



Catarsis, del griego Khátharsis, purificación. En la definición de tragedia de la Poética de Aristóteles, se entiende como purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica.
Una catarsis, cuando se produce, nos deja a todos desnudos del alma; y así quedan todos a la vista, con sus defectos, sus virtudes, sus pecados y sus méritos. Y entonces podemos identificar, sin lugar a dudas, a todos los honestos, a los malvados, a los ocultos, a los ingenuos, a los egoístas, a los mezquinos,a los hipócritas, a los que disimulan por comodidad, a los cobardes...
Y eso es saludable. Aunque a veces provoca el derrumbamiento de los castillos de naipes, que caen como lo que son: castillos de naipes.
En ocasiones, un ser malvado entra en el castillo y hace algo soez, que solivianta a los honestos y provoca una catarsis, una catarsis que pone en evidencia que el castillo era de naipes, que todos los presentes son actores que desempeñan un papel: los unos con propiedad, porque no fingen y aparecen como siempre se han mostrado; otros, al caérseles el disfraz, se evidencian como lo que son: actores que fingen. Y entonces se demuestra cuán pocos son los auténticos entre los homo sapiens. Y así se verifica, una vez más, que solo lo verdadero tiene el valor que aparenta.
Por eso la catarsis siempre es saludable.
Adviértote, mortal, que debes estar siempre en disposición de ser desnudado por la catarsis. No sea que los otros vean en tu desnudez tu verdadera naturaleza.

Dadme una catarsis, dioses.
Ponedme a prueba.
Que no tema al desnudo, dioses.
Que así me vean.

Que si me miro al espejo, dioses,
no me avergüence.
Y que mi ser esté limpio, dioses,
de aquí a la muerte.

Que si quisiera mostrarme, dioses
como he nacido,
las carnes de mi alma, dioses
sean de Cupido.

Dadme una catarsis, dioses
y que me entiendan.
Que mire al otro lado, dioses.
quien lo merezca.

Vladimiro Churlowski.


lunes, 4 de mayo de 2020

MI MANIFIESTO.



MI MANIFIESTO

            Ante la desagradable situación surgida en el Wasap de esta Tertuilia Filandón que, incluso, me ha llevado a salirme del grupo y pone en peligro mi futura permanencia en la tertulia, quiero dejar bien claras algunas cosas:
            1.- Se ha insinuado, o incluso acusado abiertamente, de que mi comportamiento es partidista y en cierta medida dirigido desde alguna instancia. Y a eso debo responder que desde que terminó la lucha contra la dictadura franquista, no milito ni he militado en los últimos 40 años en ningún partido político. Me considero, eso sí, una persona de izquierdas pero, personalmente, no tengo simpatías personales por ninguno de los dirigentes políticos actuales. Admiro por su coraje a Echenique que, siendo una persona de altísimo riesgo, se la juega en cada asistencia al Congreso. Admiro a Izeta, por su claridad de análisis del problema catalán. Me gusta Rufian a ratos, según de qué problemas hable. Me gusta el astronauta Duque, por razones evidentes y extra políticas. Me gustan algunos periodistas (Iñaki Gabilondo, Angels Barceló) y algunos opinadores (Wioming, Buenafuente), pero solo para documentarme, porque yo tengo mi propio criterio. Y admiro a los científicos, incluído el doctor Simón, cuyas valoraciones y recomendaciones me parecen fiables y racionales. Soy un intelectual, llevo 76 años pensando, como principal actividad, y no conozco a ningún intelectual que sea de derechas, ¿por qué será?
            2.- Creo que todos los políticos, TODOS, lo hacen lo mejor que pueden cuando hay que afrontar un problema tan terrible como la actual pandemia desde el gobierno. Sin embargo, los políticos de derechas, a menudo, tienen hipotecas con un pasado de corrupción e intereses económicos que los invalidan, al menos, para opinar desde una supuesta superioridad moral. Y, sobre todo, la actitud de la derecha, en sus tres vertientes actuales, cuando no gobiernan, es de una insolidaridad, deslealtad y actitudes electoralistas, que llegan al colmo de lo indecente. Sobre todo, cuando se hacen eco o, incluso, fabrican ellos mismos, bulos o noticias falsas con ánimo de confundir y engañar al pueblo, al que suponen tonto de capirote.
            3.- Me incomodan profundamente los pretendidos “sabios” que, amparándose en un título docente o académico, pretenden dar clases de derechismo, haciéndose eco de noticias falsas y opiniones sesgadas. Es curioso que consideran su opinión como autorizada e “incuestionable” y las contrarias como comportamientos “partidistas” y fanáticos. Si de verdad fueran auténticos intelectuales, como lo debieran ser por el título que ostentan, no nos incomodarían con la vergüenza ajena que provocan.
            4.- Cuando alguien pretende enarbolar la equidistancia para evitarse conflictos personales, demuestra una cobardía y una falta de convicciones que solo puede beneficiar a los que se aprovechan de la situación. No denunciar esa conducta y no apoyar a quien honestamente se defiende contra esos abusos que perjudican a todos, los hace cómplices; porque la equidistancia no existe. No puede existir ante la injusticia y la falta de honestidad.
            5.- Aquellos que se ponen del lado de los fabricantes de bulos y los bastardos políticos solo pueden hacerlo por dos motivos: por ignorancia supina o por maldad intrínseca, calificación que incluye la cobardía, el egoísmo y otras formas de mezquindad.
            Estamos ante una crisis terrible, y no es de recibo que pretendamos capear el temporal manteniéndonos al margen. Cuando hay muertos y ruinas por medio, nadie tiene derecho a mostrarse neutral. Yo así lo he asumido y espero que, cuando esto termine y llegue la hora de pedir cuentas, la vergüenza caiga sobre los tibios y los culpables.
Espero que ese día yo pueda de nuevo mostrarme todo lo crítico que los políticos de mi palo merezcan. Siempre lo he sido. Pero ahora no, por Dios; ahora es tiempo de arrimar el hombro para que no haya más ataúdes, ni más familias arruinadas. Y para que los malnacidos no se salgan con la suya a costa de muertos y explotados.
Que así sea.
                                               Miguel Ángel Pérez Oca.
                                               Alicante, pandemia de 2020.