"Giordano Bruno, el loco de las estrellas" fue la primera novela publicada por mí, en el año 2000. Desde entonces he hecho muchas cosas, que os ofrezco, porque la vida sin compartir no es nada.
jueves, 20 de abril de 2017
¡OS ESPERO EL 26!
No sé si estoy resultando muy pesado, pero me permito recordaros que el próximo miércoles, día 26, a las 7,30 horas de la tarde, en la Sede Universitaria de Ramón y Cajal, 4, presentaré mi novela EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS, que ha obtenido el PREMIO DE NOVELA DE CIENCIA FICCIÓN "CIUDAD DEL CONOCIMIENTO". Me presentará Federico Pastor, presidente de la Agrupación Astronómica de Alicante, y Ana Ponce de León, compañera de la Tertulia Literaria El Filandón.
¡Os espero!
miércoles, 19 de abril de 2017
UN TELÉFONO SUENA.
El tema de la Tertulia de ayer era "un teléfono suena" y yo aporté este trabajo que espero os guste:
RIIIIIIINNNNG...
Riiiing, riiiing, riiiing… El
maldito teléfono no paraba de sonar. Y el tío Pedro hacía como que no lo oía,
sumido en plena siesta. Teresa, su mujer, secándose las manos con el delantal,
se dirigió, resignada, hacia la pared del pasillo donde estaba fijado el
aparato; pero el hombre le hizo una seña disuasoria para que no lo cogiera.
-Pues
tendrás que contestar tú, huevón, que un día se van a cansar de ti y te van a
despedir; y a ver qué vamos a comer…- rezongaba ella mientras se batía en
retirada camino de la cocina.
Al
final el cacharro dejó de sonar y la calma pareció regresar al rostro del tío
Pedro, que volvió a cerrar los ojos. Pero sabía muy bien que pronto oiría de
nuevo su timbre persistente, tozudo, hasta que lo descolgase y oyera lo que
temía que iba a oír.
Al
rato, otra vez: Riiiing, riiiing, riiiing… El tío Pedro ya era consciente de que no le iba a quedar más remedio que
contestar; porque, cuando en su casa un teléfono suena, es que la maldita
noticia va a llegarle de una forma u otra, y mejor recibirla directamente que
por medio de la Guardia Civil. Once veces - contó con los dedos - había sonado
el dichoso timbre para eso, en los últimos siete años… Riiiing, riiiing…
-¿Quieres
coger el teléfono de una puñetera vez? Si ya sabes para qué te llaman. Será del
Ministerio, a ver. Solo falta que te digan dónde y cuándo, cobardica – venía la
voz áspera de Teresa desde el patio donde tendía la ropa recién lavada.
-Ya
voy, bruja, ya voy… - dijo él con voz contenida, mientras se levantaba muy
despacio de su mecedora y se encaminaba lentamente hacia el aparato.
Ya
tenía la mano sobre el auricular, como dudando en cogerlo, cuando el timbre
cesó. Y el tío Pedro sacó un pañuelo del amplio bolsillo derecho de su pantalón
de pana y se enjugó el sudor que había
ido apareciendo en su frente; mientras se disponía a volver a su mecedora, que
todavía se balanceaba en la fresca semipenumbra del salón.
Riiiing,
riiing, riiiing… de nuevo, y el hombre se quedó parado en medio del pasillo,
como presa de un ataque catatónico.
-Pero,
¿quieres coger el teléfono de una vez, calzonazos? – gritó Teresa haciendo
ademan de ir ella misma a recibir la noticia.
Y
él se volvió lentamente, levantando una mano en súplica de calma. Descolgó al
fin el instrumento y se lo llevó al oído.
-Dígame…
- pronunció con desgana - ¿Quién llama? -, como si no lo supiera…
-Hombre,
ya era hora, Pedro – le contestó una voz metálica con acento muy madrileño –.
Llevo toda la tarde llamando…
-Es
que estaba haciendo unos recados – se excusó en un tono que lo delataba.
-Escucha,
Pedro, soy Idígoras, del Ministerio… Bueno, que te toca trabajar pasado mañana
en la cárcel de Albacete. Ya sabes, coges el tren mañana temprano y te
presentas en la Pensión Mendoza, donde ya tienes pagada la estancia. Después te
vas a la cárcel con las herramientas y te presentas al director. Llévate la
credencial, ¿eh? El trabajo será pasado mañana al amanecer… Como siempre.
Maldita
la hora en que consintió heredar el oficio de su padre, pensó el tío Pedro,
mientras se dirigía a su dormitorio a preparar la maleta y engrasar el
instrumento. Solo trabajaba una o dos veces al año, pero qué trabajo más
desgraciado.
Dos
días más tarde se bebería media botella de coñac antes de ir a trabajar, fijaría
el garrote vil al poste que le habrían preparado detrás de la silla del
condenado, haría oídos sordos a sus lamentos, procuraría no mirarle a los ojos
y se pasaría un rato interminable observando el retrato de Franco en la pared
del despacho del director, esperando que sonase el teléfono que anunciaría el
indulto. Pero, como casi siempre, el teléfono no sonaría. Ese trasto solo suena
cuando no hace falta.
Perra
vida la del verdugo.
viernes, 14 de abril de 2017
INVITACIÓN PARA LA PRESENTACIÓN EN LA FERIA DEL LIBRO DE GRANADA.
El día 23, domingo, presentaré mi libro EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS en la Feria del libro de Granada. Ahí va la invitación:
lunes, 10 de abril de 2017
CITAS LITERARIAS.
El próximo día 23 de abril de 2017, domingo, a las 18 horas, en el salón Zaida de la FERIA DEL LIBRO DE GRANADA, presentaré mi libro "EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS" ganador del I PREMIO DE NOVELA DE CIENCIA FICCIÓN "CIUDAD DEL CONOCIMIENTO".
Presentamos: Dr. Emilio Alfaro, del Instituro de Astrofísica de Andalucia, Jesús Moracho, de la Editorial Premium y un servidor.
Después, en la caseta de firmas, a partir de las 19 horas, firmaré el libro a mis lectores.
El próximo día 26 de abril de 2017, miércoles anterior a la festividad de la Santa Faz, a las 19,30 horas, en la sala Rafael Altamira de la Sede Universitaria de Alicante, Av. Ramón y Cajal, 4 , presentaré mi libro en Alacant.
Presentamos: Federico Pasor Vicent, Presidente de la Agrupación Astronómica de Alicante, Ana Ponce de León, miembro de la Tertulia Literaria "Filandón" y un servidor.
Venid a estos actos tan importantes para mí, por favor.
Os espero, amigos.
viernes, 7 de abril de 2017
¿QUIÉN NOS ENGAÑA, QUIÉN NOS MANIPULA?
¿Quién
les merece a ustedes una mayor credibilidad, el señor Putin o el señor Trump?
Porque después de ver las terribles imágenes del bombardeo con armas químicas
en Siria y los niños agonizando entre convulsiones, el señor Trump ha dicho que
el culpable es el dictador Al-Ásad y ha lanzado misiles sobre una base
gubernamental siria desde donde, según dice, partió el ataque. Por su parte, el
señor Putin sostiene que el gobierno sirio no cuenta con armas químicas y que
el daño se produjo al bombardear una base rebelde que sí contaba con ellas; y
acusa a los Estados Unidos de haber realizado un ataque a un estado soberano
sin contar con la opinión internacional. ¿Quién tiene razón? ¿Quién nos está
manipulando? ¿No hubiera sido preferible que la ONU realizase una investigación
minuciosa del hecho para determinar el responsable, antes de atacarlo o
defenderlo? ¿Y si todo es un montaje? ¿Y si las escenas horripilantes que hemos
visto en la televisión son de otra guerra o de otra fecha? ¿Quién nos garantiza
que estamos viendo la verdad? Y sobre todo, ¿qué clase de periodismo tenemos en
el mundo que todavía no sabemos cuáles son los bandos en lucha en Siria y qué
causas defiende cada cual? ¿Todos los enemigos de Al-Ásad son islamistas
fanáticos? ¿Todos los rebeldes son convencidos demócratas de la Primavera
Árabe? ¿De quién huyan los refugiados? ¿Qué pinta el petróleo en todo esto y
qué mueve a rusos y americanos a envenenar más todavía esta guerra
interminable? Lo cierto es que cuando me siento ante la televisión me veo como
un tonto que se deja que le coman el coco, y me cabrea. Sí, señor, me cabrea
mucho; sobre todo cuando veo que la agonía de unos niños se utiliza como moneda
de cambio, como excusa, como justificación de un bando de ambiciosos repugnantes
a los que el niño les importa un bledo y lo que quieren es gasolina barata con
la que forrarse a la vez que nos contaminan el planeta. Quizá, en vez de
Planeta Tierra, deberíamos llamar a nuestro mundo actual Planeta Mentira. O
Planeta Asesino. O Planeta Enfermo…
martes, 4 de abril de 2017
NAVIDAD EN ABRIL.
Los temas para la Tertulia de ayer eran dos: "Cruzar el charco" y "Cuento de Navidad", ¡nada menos! Y a mí se me ocurrió esta distopía que espero no os espeluzne demasiado... aunque sí me place que os inquiete un poquito.
Después de estrujarme el cerebro
durante toda la tarde en busca de un argumento para escribir mi narración del próximo
lunes de Tertulia, me di por vencido y me propuse volver a casa. Pero al salir
de la cafetería (uno de los pocos locales de la ciudad con luz eléctrica
proveniente de un generador de gasolina), me vi sorprendido por un meteoro
inesperado.
Nevaba
sobre los tejados blancos, como si estuviéramos en Navidad en pleno Pirineo;
pero era 3 de abril, y estábamos en Post-Alicante City; y eso a orillas del
Mediterráneo era, cuando menos, una novedad. Días atrás había llovido, había
llovido a mares, y el mar, cuyo nivel medio ya había subido un metro, se había
desbordado, y la calle, bajo los copos que caían de forma incesante, todavía
formaba un inmenso charco de un palmo de profundidad que llegaba hasta la ahora
cercana orilla. Qué tiempo más raro. Todo el Invierno sudando como caballos,
sobre todo en febrero, con su ola de calor y sus 50 grados a la sombra; y ahora,
en Primavera, nieve, lluvia y vientos helados. Y en la plaza, impasible el
ademán, se cubría de escarcha la estatua de Donald Trump el Magno, con sus
atributos imperiales, el cetro de oro con el águila, la túnica púrpura y la
corona de laurel alrededor de su problemático tupé. “Qué difícil debe ser para
un escultor trasladar al bronce esa especie de etéreo peluquín” - me dije por
lo bajini, no me fuera a oír un guardia federal del Nuevo Imperio y me la
cargase. La estatua se había alzado en el frío verano pasado, con motivo del
inicio del quinto mandato del gran hombre que había disuelto el viejo
Parlamento Americano, con su Cámara de Representantes y su Senado obsoletos, y
había iniciado el Imperio Mundial, después de ganar dieciséis guerras en ocho
años. Ahora, Rusia, China, Corea del Norte, todo el Oriente Medio y algún
pequeño país limítrofe no eran otra cosa que desiertos radiactivos. Hasta
Andorra recibió en su día un pepino nuclear, pero fue por un error
administrativo y el generoso Imperator había pagado el funeral de las víctimas,
que resultó muy lucido. Los demás países se rindieron a las imposiciones del
Magno Donald y pronto reinó la paz en el orbe. Todo el mundo capitalista fue
defendido con murallas de los intentos de invasión por parte de negros, moros,
chicanos y demás gente de tez más o menos oscura. El nuevo Código Donaldiano
estaba muy claro: Todo aquel cuyo tono de piel fuera más oscuro que el
establecido en el baremo oficial, sería castigado por el delito de Suciedad y
expulsado del mundo civilizado a regiones salvajes donde en verano, o en
invierno, vaya usted a saber, se superaban fácilmente los 56 grados de calor… o
los 40 bajo cero. Todo aquel que sostuviera que el fenómeno del cambio
climático era de origen humano, sería castigado por el grave delito de
Blasfemia y expulsado igualmente, etcétera…
No
sé, quizá me apetecía coger una piedra de la calle, de las arrastradas hasta allí
por las últimas inundaciones, y lanzarla contra la insolente cara del
Emperador… pero lo único que funcionaba bien en Post-Alicante City eran las
cámaras de seguridad instaladas en todas las esquinas. Y aunque todos sabían
que el mundo se iba a la porra (a pesar de las jornadas de rezos al Altísimo
promovidas por el Vice-Emperador John-Waine Mc.Beautiful), y que la élite ya se
había largado a una ciudad burbuja en la cara oculta de la Luna, para no verlas
venir, nadie se atrevía a protestar. “No protestes que es peor”, era el slogan
omnipresente. ¿Y qué podíamos hacer los ciudadanos inteligentes? El Emperador
había sido elegido por holgada mayoría en los tres últimos comicios anteriores a
la clausura del ya inútil sistema democrático. Según las últimas estadísticas,
el número de ciudadanos mezquinos e idiotas siempre había superado el 60%.
Me
encogí de hombros, me arremangué las perneras del pantalón por encima de las
botas y me dispuse a cruzar el charco, aterido bajo la nieve persistente de abril
y dispuesto a escribir un cuento de Navidad.
lunes, 3 de abril de 2017
Y FUI A SEVILLA Y ME DIERON EL PREMIO...
Me fui el día 27 con la familia (Suni, Marina, Moisés y Moyito) a Sevilla, a un apartamento al lado de la Giralda, el 28 me dieron el premio y presenté el libro en la Dehesa de Valme (Dos Hermanas, Sevilla), el 29 firmé libros en la Feria del Libro de Tomares, el 30 nos llevamos a Moyito al Parque de Maria Luisa a dar de comer a las palomas y el 31 nos volvimos a Alicante tan contentos y satisfechos. Como los compromisos del 28 y 29 eran por la tarde, también aprovechamos las mañanas para pasear en calesa, navegar por el Guadalquivir, visitar la Catedral, la Seta, la Plaza de España y varios y sustanciosos mesones. Sevilla es una ciudad con mucha personalidad, que vale la pena visitar de vez en cuando.
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