jueves, 9 de marzo de 2017

INFIERNO PARA ENVENENADORES.



El tema de ayer en la Tertulia era "Matar con veneno" y yo presenté este trabajo:

INFIERNO PARA ENVENENADORES.
Llamé a la puerta, toc, toc, y me abrió el señor Dante con cara de aburrido. “Ah, eres tú – me dijo sin mirarme a la cara - , pasa, pasa” Y pasé. Dentro no se estaba tan mal, no había ollas de aceite hirviendo, ni llamas ni nada de eso. Solo una estancia inmensa y bastante oscura donde los asesinos del veneno teníamos que pasar toda la eternidad… o no. “Hola – me dijo un individuo con aspecto de yonki desarrapado –, tú eres el de Tabacalera, ¿verdad?” Y yo asentí con cara de pardillo. “Bueno… tu pecado es menor; así que calculo que saldrás en 200 ó 300 años” “¿Es que el Infierno no es eterno?” – pregunté con un gesto de esperanza. “Nooo… Bueno, no siempre. Mira, en aquel rincón se reúnen los grandes asesinos: el papa Alejandro Borgia, su hijo César, Adolf Hitler, Himler… Esos tienen para toda la eternidad”. Miré a mi alrededor. Aquello estaba lleno de desgraciados, de oficinistas y obreros de las compañías tabaqueras y las bodegas, de operarios de máquinas con motor de explosión… “Entre todos hemos envenenado el mundo” – me decía el yonki, encogiéndose de hombros. “Pues yo entré en Tabacalera por oposición, en los años 60 – le aclaré -. Entonces, trabajar allí era un signo de prestigio social, y fumar estaba muy bien visto. Todos los actores de Hollywood fumaban como carreteros, y el vaquero de Marlboro era el ídolo de las jovencitas…”. “Sí, pero después vino la condena del tabaco como producto cancerígeno y las reclamaciones millonarias a las compañías tabaqueras… ¿verdad? Y tú seguiste trabajando en tu empresa, sin que te sintieras culpable cada vez que te enterabas de que alguien había muerto de cáncer de pulmón… Y, además, tú nunca has fumado, hipócrita, que lo he visto en tu expediente”. Y yo noté cómo la sangre ectoplasmática acudía a mi rostro fantasmal y el sofoco me delataba. “No renunciaste a tu trabajo de camello de lujo…” – insistió mi interlocutor. “No podía hacerlo – me excusé - y renunciar a mi sueldo y a mi futura pensión, compréndeme. Además, claro que me siento culpable, claro que sé que el tabaco es adictivo, que hay personas que no pueden dejar de fumar aunque con ello firmen su propia sentencia de muerte, claro que sufro… pero había que comer”. Y el yonki me miró con desprecio. “Bla, bla, bla… palabras, excusas, tú eras un señorito y todo el mundo te respetaba, mientras que yo, que también tenía que comer… y chutarme, acababa en el trullo cada dos por tres… y eso que las muertes por tabaco son mucho más numerosas que las de las otras drogas. Pero, claro, el tabaco y el alcohol son drogas legales”. “El alcohol es todavía peor que el tabaco” – me atreví a argumentar. “Sí, pero también es más legal… y hasta sagrado. Con decirte que los curas consumen vino durante la misa…”. Di la espalda al yonki, no soportaba más sus argumentos acusadores que tanto daño me hacían. Ya lo sé, coño, ya lo sé, he sido un camello legal, un privilegiado, vale, y me merezco unos cuantos siglos de castigo.
Me topé con gente que había envenenado a su pareja o a su vecino o a un familiar rico para heredar o, simplemente, por odio, venganza o hastío, porque no podían soportar por más tiempo su compañía. Los había también que habían envenenado a algún rival político por ambición. Pero lo que más abundaba era la gente que, casi sin saberlo, había estado envenenando a su propio planeta, sembrando la muerte y la enfermedad en su entorno de gases venenosos y alimentos nocivos, hacia un futuro donde se extinguirían todas las especies animales y vegetales, convirtiendo el Sistema Solar en un sumidero de planetas muertos. De acuerdo con que los jefazos del sistema, los políticos y los capitalistas culpables de aquel holocausto, estarían allí por toda la eternidad; pero el resto, los pequeños envenenadores más o menos inconscientes, tenían que pasar en la lúgubre caverna unos cuantos siglos de dolorosa culpabilidad. Eso era lo justo.
“Entonces – me volví a preguntar al yonki - ¿Quién ha ido al Cielo?” “Pues, verás, aparte de los niños inocentes y todos los animales, nadie más. Ya sabes: entre todos la mataron y ella sola se murió. La humanidad entera es culpable”.    

viernes, 3 de marzo de 2017

LA PORTADA DE MI LIBRO.

La Editorial Premium de Sevilla acaba de hacer pública la portada de mi novela "EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS", ganadora del PREMIO DE NOVELA DE CIENCIA FICCIÓN "CIUDAD DEL CONOCIMIENTO". La imagen de esta portada es de mi cuadro al óleo "Asteroide Capturado".
Según dice la editorial, el libro estará en el mercado a partir de abril, y en ese mes tendrá lugar el acto de entrega del premio y presentación del libro.


sábado, 25 de febrero de 2017

¡EUREKA!



Anoche al salir de la Sede Universitaria, de una reunión de Astronomía, me llamaron por teléfono desde Sevilla. Era el secretario del jurado que otorga los premios de Novela de Ciencia Ficción "CIUDAD DEL CONOCIMEINTO". Me llamaba para notificarme que me han concedido dicho premio. La vida de cuando en cuando nos da alguna satisfacción.
Me tuve que sentar en un banco para digerir la noticia. Se me ha quitado el lumbago. Qué cosas.

P.D.- Ah, la novela premiada se llama "EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS"

martes, 21 de febrero de 2017

HOMO PERDURABILIS.

Salgo por unos instantes de mi actual melancolía personal, política, literaria, etc. para poneros el artículo que ayer, todavía amparado por un cierto y relativo optimismo, presenté en mi Tertulia Literaria, cuyo tema era "Señales de alarma". Las verdaderas señales de alarma vinieron después:



HOMO PERDURÁBILIS.
            Fue ese día cuando Lars Tanaka recibió las señales de alarma por última vez en su cuarta clonación. Era de mañana. El Sol, todavía bajo en el horizonte marino, se reflejaba en las aguas verdes cuyas ondas jugaban con las arenas doradas, sombreadas por los cocoteros. Tumbada en la misma orilla estaba la Mujer. Su fantástica belleza, su mirada azul, su cabellera rubia ondeando a la brisa, sus pechos duros y pequeños, su vientre breve y firme, sus piernas perfectas, toda su desnudez anhelante invitaba al amor. Lars era el Hombre, moreno, elástico y musculado, con largos cabellos negros y una barba corta y cuidada. Ambos desprendían fuerza y deseo por todos los poros de sus cuerpos. Él se acercó a ella y la besó con pasión. Después de unos minutos de preámbulo erótico y calculadas caricias, copularon sobre el lecho de arena y agua tibia e inquieta, con movimientos sabios y contenidamente lentos…
            -Mejor de noche – se dijo Lars, y desplegó su teclado mental para ordenar que se oscureciera el cielo. Y al punto brillaron las estrellas sobre un negro de terciopelo.
            -Una aurora no vendría mal – y los vaivenes de una fantasmagórica cortina sideral de increíbles tonos lucieron en lo alto, emitiendo extraños chisporroteos.
            Se acercaba el momento del orgasmo, deseado y retenido a un tiempo. Lars quiso que fuera simultáneo y, no contento con eso, ordenó a la Razón Central que le introdujera también en la mente de ella y le sirviese las más sorprendentes maravillas.
Un imposible arco iris nocturno dominó el horizonte, mientras millones de luciérnagas multicolores bailaban alrededor de la pareja en cuyos dos sexos él reinaba. Todo anunciaba el placer inminente… ¡cuando se encendieron las señales de alarma!
            Lars volvió a su realidad cotidiana. En el espejo de su habitáculo blindado se reconoció como el ser andrógino y perfecto que era: un Homo Perdurábilis. Antaño, hace muchos siglos, fue un Homo Sapiens del género masculino. Pero a punto de morir de viejo a la temprana edad de 89 años, se ofreció voluntario para uno de los primeros experimentos de autoclonación. Cuando su cerebro se acomodó a su nuevo y juvenil cuerpo, abrigó la esperanza de no morir jamás; aunque todos sabían que el cerebro no renueva sus neuronas y envejecería lenta pero inexorablemente. Por eso, cuando se le encendieron las alarmas por primera vez, tuvo que resignarse a sufrir una nueva mudanza, ahora con cerebro incluido, que permanecería en blanco durante su desarrollo, hasta que se le implantase un chip con la copia exacta de su personalidad y su memoria en el mismo instante en que el primer Lars perdía definitivamente la consciencia. Y así, el nuevo Lars se despertó siendo su predecesor sin solución de continuidad. Con el tiempo, la tecnología clonogenética progresó hasta el punto de poder darle un cuerpo perdurable, implantándole vísceras biónicas renovables, una piel indestructible, sentidos de precisión absoluta y una memoria electrónica total, conectada con la Razón Central, que también podía servirle vivencias en realidad virtual que hacían innecesario el engorroso sexo orgánico. Todo era perfecto, aunque el cerebro seguía envejeciendo y hubo que clonarlo dos veces más en los últimos 13 siglos. Lars, como todos sus congéneres, se preguntaba si en cada clonación muere el yo anterior o se perpetúa en el nuevo cerebro de idéntica personalidad. Ni siquiera la Razón Central lo sabía.  
            Estaba próximo a una nueva clonación inevitable y no quiso sufrir angustia tanatofóbica. Ordenó que se le inoculase una dosis de hormona sintética del optimismo, y después quiso vivir el mejor momento de su antigua vida de Homo Sapiens.
            Recordó una playa del Mediterráneo. En la orilla de aguas azules le esperaba Ella. Se recostaron sobre la arena e hicieron el amor sin necesidad de conjurar auroras boreales, arcos iris nocturnos ni luciérnagas. Fue como aquella primera y remota vez inolvidable, mientras se diluía su consciencia, dando paso a la siguiente clonación.

                                                                                              Miguel Ángel Pérez Oca.

lunes, 20 de febrero de 2017

MELANCOLÍA.





Tengo ante mí la página en blanco para una nueva entrada en este blog, pero, la verdad es que no tengo ningunas ganas de escribir. Uno se cree que quien escribe influye en el pensamiento de quien lo lee y que, si uno se esfuerza lo suficiente, podría al menos contribuir a cambiar el mundo. Porque el mundo, de verdad, tiene que cambiar. Pero entonces le asalta a uno la melancolía, la presunta evidencia de que todo es inútil, de que el ser humano es un bicho defectuoso, un engendro equívoco de la Madre Naturaleza y que la única forma de que este mundo no cambie, para mal, es que el ser humano (por llamarlo de alguna manera; también hay pretenciosos que lo llamam "homo sapiens", ya ves tú: "hombre sabio", ja, ja) desaparezca de la faz terrestre y deje a la Naturaleza en paz... Porque es que da vergüenza comprobar una y otra vez que no tenemos arreglo, que de nuevo Calígula puede reinar en el Imperio moderno, esta vez votado por todos los imbéciles del susodicho Imperio (el yanki, claro).Los macro-detalles son múltiples y continuos, la Historia nos lo enseña diariamente. Las dichosas religiones, incluidos los marxismos-leninismos, con sus dogmas y sus inquisiciones, las guerras y las guerritas en este mundo consumista, hasta de armamentos, la desigualdad que tanto indigna a los desfavorecidos del sistema, hasta que se convierten en recogedores de sobras y ya no quieren que se arregle nada (un hispano votando a Trump es todo un símbolo del cretinismo congénito del homo ese)... Pero, en fin, cuando uno repasa sus particulares vicisitudes, lo comprueba a diario de forma palpable. Cuando uno asiste al nacimiento de un movimiento político innovador, asambleario, democrático, igualitario, justo, etc., etc... y lo ve medrar, como yo he visto crecer al que me sumé con entusiasmo; y ahora ve el resultado y lo triste de las debilidades humanas... comprende que no tenemos arreglo posible y entonces viene la melancolía y nos sodomiza, mientras el sol de la esperanza se pone por el horizonte de las evidencias.
Hoy tengo una reunión en la Comisión Cívica a la que pertenezco. Velamos, o deberíamos velar, por la recuperación de la Memoria Histórica, pero... Pero ahora estamos muy ocupados organizando una exposición de artistas solidarios (hay de todo: artistas de verdad y mamarrachos tipo Tapies, pero eso es una opinión particular de un ignorante artístico como yo, que sé dibujar y pintar mejor que muchos de ellos, modestia aparte, pero no tengo "alma de artista") en conmemoración de no se qué suceso de la Edad Oscura; que está bien, no digo que no lo esté, siempre que el empeño primario, el gran objetivo memorial sea conseguido... Pero... El otro día había en Valencia una conmemoración del inicio de los bombardeos fascistas italianos sobre el litoral republicano, en 1937 (en Alicante ya nos bombardeaban en 1936, pero Alicante no es el Cap i Casal). Pues bien, me faltó tiempo para poner en conocimiento de los organizadores que, aprovechando la presencia en el evento del Sr. Embajador de Italia en España, podíamos recriminar al actual Estado democrático de dicha República el hecho de que Tullio de Prato, capitán jefe de una de las escuadrillas que bombardearon Alicante el 25 de mayo de 1938, causando más de 300 muertos, la mayoría de ellos mujeres, niños y ancianos, mantuviese su profesión militar una vez terminada la II Guerra Mundial y alcanzase impunemente el grado de General de Brigada. Creo que el tema se merecía alguna atención por parte de los compañeros de la Memoria Valenciana, pero a mi nadie me ha contestado, ni dirigido la más mínima muestra de conformidad con esta prueba evidente de la escandalosa impunidad de los criminales de guerra de nuestra Contienda Civil del bando franquista. Nada. Nada de nada. Y eso no es todo. Llevo ya una temporada trabajando en la segunda edición de mi obra "Alicante, biografía de una ciudad" que incluye, además de las correcciones oportunas, valiosas novedades referidas a la historia de nuestra ciudad. Mi atrabiliario parecer es que conseguir que el pueblo alicantino conozca su historia es más importante que celebrar exposiciones, conciertos de rock y demás eventos festivos, pero la visión a distancia no es una virtud universal... por lo visto, y valga la redundancia. La verdad es que historiadores japoneses se han interesado en mis averiguaciones sobre las embajadas niponas de los siglos XVI y XVII que pasaron por Alicante, más que nuestros actuales ediles por el resto del libro. ¡Y eso que son de los míos! O eso creía... Quizá lo son, pero miopes, muy miopes. Quina llástima de poble. 
Bueno, pues hoy no me apetece acudir otra vez a las reuniones de la Comisión, ni tampoco escribir en este blog, ni hacerme mala sangre con las chorradas del indeseable Trump, ni nada de nada. No me doy a la bebida porque no me gusta perder la lucidez, pero es que la lucidez jode un montón. En fin, no os extrañéis si durante un tiempo no aparece nada nuevo en este blog. Será porque me ha invadido la melancolía y lloro en el rincón más oscuro de mi guarida filosófica. 
No somos nadie.  

martes, 7 de febrero de 2017

ASÍ, DE PRONTO.


El tema de la Tertulia de ayer era "Así, de pronto", que es lo que alcanzó a decir el nuevo tertuliano al que se le pidió un tema para la siguiente tertulia. Yo presenté este trabajo que espero os guste un poquito:

Así, de pronto, todo es diferente. Ayer, Crispin Miller era un reputado ejecutivo. Fue entonces cuando cometió aquella falta que cambiaría su vida. No se atrevió a hacerse responsable del despido de tantos trabajadores desesperados y seguramente agresivos. Tenía miedo de aparecer una madrugada flotando sobre el Hudson. Aunque las directrices del Consejo de Administración estaban claras: Había que reducir la plantilla en un 30 % para que la empresa incrementase un año más sus espectaculares beneficios. Se negó, y con ello demostró que no servía para Jefe de Personal. Respondió airado a su superior: “Usted no me quiere como ejecutivo, sino como ejecutor”. Y esas palabras fueron la gota que colmó el vaso. “Estás despedido” es la frase favorita del Gran Jefe. Así que recogió sus cosas en una caja de cartón y se fue a la calle sin despedirse de nadie; entre otras cosas porque nadie se había atrevido a expresar el más leve gesto de solidaridad con él, y menos aún con los prescindibles trabajadores de la boyante empresa. Hacerlo hubiera sido interpretado como cosa de radicales comunistas.
Y hoy, así, de pronto, es un paria. Las hipotecas se comerán todas sus presuntas posesiones; porque resulta que la vivienda lujosa en un barrio exclusivo, el barco, la avioneta, los tres coches, no iban a ser de él, realmente, hasta dentro de muchos años. Todo está hipotecado y es, en última instancia, propiedad de los bancos.
Hoy intentará encontrar trabajo, pero tendrá que ser muy modesto en sus pretensiones. Nada de ejecutivo, por supuesto, que ya todos sus jefes potenciales habrán recibido un informe en el que se dice que no solo no es apto para serlo, sino que su actitud lo muestra como un peligroso izquierdista, enemigo de la libertad de empresa. Así que, si encuentra algo, será un trabajo subalterno y mal pagado de camarero, albañil, barrendero… un trabajo de esos que hasta ayer no merecían la más mínima atención por su parte. Ahora recuerda que nunca ha mirado a los ojos al portero que le recoge las llaves de su coche, que nunca ha dedicado una palabra amable a su criada negra y que un barrendero siempre le ha parecido algo así como una pieza de mobiliario urbano.
Cuando ayer se enteró de lo sucedido, su mujer-florero le echó la bronca y se marchó a casa de una amiga. “Eres imbécil y cobarde”, le recriminó desde la puerta, dispuesta a pedir inmediatamente el divorcio. En cuanto a los dos niños, internos en un prestigioso colegio, tendrá que ocuparse ella, porque a él no le va a quedar un dólar en su cuenta corriente. Aunque, conociéndola, no duda en que muy pronto encontrará quien cubra sus gastos. Y percibe la evidencia de que toda su vida ha sido una mentira.
Buscará un cuartucho en un barrio modesto, que le cueste lo justo, y se encontrará rodeado de los obreros y las obreras a los que se ha negado a despedir. De todos modos, otro ejecutivo lo hará; así que nadie le va a agradecer su sacrificio. “Soy imbécil”, se dice cuando en un barucho cualquiera oye a uno de los futuros parados afirmar que en las próximas elecciones va a votar a Trump, porque “tiene un par de cojones y va a echar a los hispanos que nos quitan el trabajo”. Nadie le discute, ni siquiera los hispanos ya asentados, que temen la competencia de sus compatriotas.
Así, de pronto, Crispin Miller se ha convertido en un alienígena, en un ser que sobra, en un desgraciado homo sapiens consciente de la regresión evolutiva de su especie. Se siente rodeado de simios, de seres abyectos que se revuelcan en su propia indignidad y son capaces de reconocer como líder a un mamarracho, eso sí, cargado de millones de dólares, fatuidad hortera y argumentos demagógicos y facilones.
“Estás despedido” es la frase preferida de su antiguo jefe… y de Trump. Y así, de pronto, ha descubierto que también está despedido de su vida, de su mundo…
Mucha gente silenciosa se tira del puente de Brooklyn por las noches. Aparecen de madrugada flotando sobre el Hudson, camino el mar.

La barandilla no es muy alta, así que… Adiós, así, de pronto.       MAPérezOca.     

lunes, 6 de febrero de 2017

¡¡¡Gogogogogogogogoooooooollllll....!¡Goool!¡Goooooool!


¿Qué les parecen a ustedes los alaridos descompuestos y absurdos de los locutores deportivos de radio y televisión? ¿Han escuchado alguna vez algo más estúpido? Recuerdo cuando los locutores deportivos (me resisto a calificar de periodistas a esos energúmenos) se limitaban a gritar con alegría los goles, pero sin hacer el ridículo. Entonces llegó la moda de volverse histérico cada vez que pasaba algo en un partido, creo que el invento vino de Sudamérica, donde son capaces de elevar a los altares a Maradona por mucho que se chute de todo. ¿Y los espavientos, los abrazos o las poses pseudomíticas de los jugadores cuando marcan un tanto? Son profesionales y su trabajo cotidiano debe consistir en marcar tantos. Esas euforias enloquecidas son como si un oficinista hiciera el pino o se revolcara por el suelo de su empresa cada vez que cuadrase una cuenta. Yo me pregunto a qué viente tanto grito de entusiasmo...¡Hemos ganado! gritan los hinchas cuando un mercenario extranjero, cuya ficha cuesta una escandalosa cantidad de millones, mete a patadas una bola en un marco cuadrado. Pues vaya prodigio. Y el infeliz que ha pagado una fotunita por la entrada al campo se siente feliz y realizado con esta pseudovictoria en tercera persona. Y uno, que sabe, como deberían saber todos, qué es lo importante, tiene que resignarse a que una tercera parte del tiempo del Telediario se invierta en contarnos las gracias de esos millonarios en calzoncillos que tienen el asombroso "talento" de meter la pelotita. Patético.
Me parece que antes el fútbol era un noble deporte donde unos muchachos esforzados y voluntariosos competían por dominar una pelota con los pies. y no se las daban de genios por ello. Eran verdaderos deportistas. Las cosas se mantenían en sus límites lógicos, pero ahora, como todas las demás cosas, el fútbol se ha convertido en un espectáculo de plástico donde unos millonarios llenos de caprichos, "estrellas" del rock, ganan millones a costa de un pueblo sumido en la crisis y la estupidez. Son los tiempos.
El mundo de ahora está loco, o peor todavía, tonto. Yo creía que estas cosas pasaban durante el franquismo porque así nos distraían para que no pensásemos en política, Pero ahora, en esta llamémosla Democracia consumista de hoy, las cosas van todavía a peor. No tenemos arreglo y así nos va como nos va.