sábado, 26 de diciembre de 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

ERA LA IZQUIERDA, ESTÚPIDOS.


Si Podemos e Izquierda Unida hubieran ido juntos a las Elecciones Generales del pasado día 20, la coalición hubiera sido la segunda fuerza más votada. Tengamos en cuenta que Podemos sacó el 20,66 % de los votos e IU el 3,67%, total, sumando las dos, el 24,33%. Teniendo en cuenta que el PP ha sacado el 28,72 y el PSOE el 22,01, la coalición Podemos+IU hubiera sido la segunda fuerza, por delante del PSOE. También tenemos que tener en cuenta que la injusta Ley Electoral española ha condenado a IU a sacar solo 2 diputados por el pecado de ir en solitario, necesitando 461.552 votos por cada uno, mientras que Podemos necesitó solo 75.207, y todavía menos PSOE y PP. Asi que habría que calcular los diputados que hubieran obtenido entre las dos formaciones unidas, que serían con toda seguridad más de los 71 que han obtenido ahora entre los dos (Por ejemplo, Podemitas, vuestro General habría entrado).
Decidme una cosa, amigos de Podemos e Izquierda Unida, ¿Sois tontos, o el protagonismo y el sectarismo os han vuelto locos? Porque esto no es una lección de matemáticas si no de moral política o, simplemente, de racionalidad. Si hubierais ido juntos, otro gallo nos cantaría a la ingenua gente de izquierdas que estos días se ha debatido entre regalar su voto a la papelera, eso sí, con la cabeza muy alta, o votar lo menos malo, tapándose la nariz. Así que no acuséis a nadie de haber sucumbido al voto útil, porque la culpa es... ¿De quién ha sido la culpa? No lo sé y creo que no quiero saberlo; para mí, es de ambos. Lo que sí sé es que entre los dos me habéis hecho polvo, a mi y a muchos otros y otras, que ahora ven cómo discutís con el PSOE sobre si su candidato (y no el vuestro) debe o no promover un referéndum en Cataluña. Y mientras la casa se queda sin barrer, y dentro de tres meses a votar otra vez y darle otra oportunidad al PP de los corruptos y los casposos. 
Y que ninguno de los dos ose decirme que la culpa ha sido del otro, porque todo se puede negociar y en todo se puede ceder, ya que antes que el predominio o, incluso, la supervivencia de unas siglas, está la que debería ser para vosotros sagrada idea del progresismo, la justicia social y la regeneración de la política; es decir, lo que algunos llamamos Izquierda, ¿Vale? 
NO OS LO PERDONO (aunque os siga votando, qué remedio). NO OS LO PERDONARÉ NUNCA, ESTÚPIDOS, PORQUE ESTA ERA LA OPORTUNIDAD DE NUESTRO FUTURO Y LA HABÉIS ECHADO A PERDER. 
                                                                
                                                                                        Miguel Ángel Pérez Oca.

PD.- ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO EN EL DIARIO INFORMACIÓN, DE ALICANTE, EL 24/25-12-2013 COMO "LA CARTA DESTACADA". 

sábado, 19 de diciembre de 2015

UN ACCIDENTE MUY INSTRUCTIVO.



Niños musulmanes de Ifni.

Mis amigos de Ifni.

Ayer sufrí un accidente peatonal. Iba yo por la calle del Teatro, en mi Alicante, camino de la parada del autobús de la línea 2, para subir a mi casa, cuando vi venir un vehículo que yo creía era el que quería tomar. Comencé a correr hacia la parada, cuando, al acercarme comprobé que era de otra línea, concretamente, de la nº 3. Absorto en la averiguación del número del autobús, no reparé en el bordillo de la acera y me vi proyectado por el aire, aterrizando sobre las baldosas y dándome un doloroso trastazo en todo lo alto de mi, por otra parte, prominente nariz. Permanecí unos segundos en el suelo, un tanto aturdido, mientras la sangre manaba generosa por mi rostro. Algunos viandantes habían visto mi percance y seguían su camino, sin molestarse en socorrerme, hasta que un amable norteafricano, no sé si marroquí o argelino, se apresuró a auxiliarme y sacando una botella de agua mineral de su mochila y unas servilletas de papel me ayudó a lavarme la cara y a recuperar la verticalidad. Tan solo un simpático matrimonio español acudió a socorrerme también y a proveerme de clínex para contener mi hemorragia y poder coger el autobús que había de llevarme a casa, donde me curaría la herida.
A menudo leemos en la prensa o vemos en la televisión los horribles atentados que llevan a cabo algunos fanáticos islamistas, y en cambio nadie habla de las buenas obras que realizan la mayoría de los musulmanes. Es por esto que os cuento mi accidente, para honrar a un ciudadano norteafricano que ha demostrado ser más humano que algunos de los elegantes europeos que no se molestaron en acercarse a ver lo que me había ocurrido. Desde aquí quiero agradecer a mis tres benefactores, el musulmán y el matrimonio español, la deferencia que tuvieron conmigo.
Yo hice la mili en Sidi Ifni, territorio que hoy pertenece a Marruecos, y allí conocí a gente muy buena, de cuya amistad me sigo honrando. Estoy convencido de que la mayoría de los musulmanes son muy buenas personas, con un gran sentido de la solidaridad, el honor y la amistad, de lo que me dieron pruebas, y lamento la mala prensa que unos cuantos locos fanáticos les han procurado.
Es lamentable que las acciones de unos pocos perjudiquen a toda una comunidad religiosa de etnias. Estoy seguro de que si en lugar de yo, hubiera sido el señor Donald Trump, el que se hubiera caído, mi amigo el musulmán del otro día también hubiera sacado su botella de agua mineral y sus servilletas de papel para socorrerle

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Pero hay gente que no aprende.
Lástima.
  

martes, 15 de diciembre de 2015

HISTORIA DE UN ÁRBOL.



El tema de la Tertulia de ayer era "el árbol" y sobre este tema he escrito el trabajo que os adjunto. Espero que os guste.

MI ÁRBOL.
            Mi árbol no era un árbol cualquiera, era un árbol excepcional, único, un árbol gigantesco y solitario de tronco multiforme y retorcido. Ya sé que podría, para mencionarlo sin caer en reiteraciones, usar sinónimos y metáforas o citar su especie, pero es que, desde muy niño, lo he llamado siempre “el árbol”, y cualquier otra definición de su ser me parecería artificiosa. Era, todo él, un universo habitado por miles de pequeños seres que allí encontraban cobijo y alimento. Las ardillas roían sus duros frutos, los pájaros anidaban en sus ramas o buscaban refugio en sus oquedades, las orugas devoraban febrilmente sus hojas para llegar a ser mariposas y los hongos y el musgo proliferaban en los húmedos rincones de su enorme y complejo cuerpo leñoso.
            Cuando lo visitaba, en mis vacaciones infantiles de verano, y me cobijaba a la sombra de su espesa hojarasca, jugaba a imaginarme su historia; aunque he necesitado ser adulto y estudioso para saber recomponerla en toda su azarosa y probable realidad.
            Seguramente, cuando el gran árbol nació, lo hizo en el seno de un inmenso bosque que ya no existe. Surgió de una semilla enterrada por las escorrentías pluviales bajo el césped y los helechos de un suelo fértil. Creció como un arbolillo débil y quebradizo que los animales del bosque respetaron por puro azar. Ningún ser humano se aventuraba entonces por el monte sin senderos donde se aferraron sus raíces, cada vez más vigorosas. Se desarrolló rápidamente y hubiera sido un árbol derecho y orgulloso de no haberle ocurrido un percance que, a la postre, fue su fortuna y el secreto de su longevidad: Una noche de tormenta, o quizá un día - quién sabe -, un rayo hendió su corteza y quebró su cuerpo, convirtiéndolo en una figura deforme y en parte calcinada. A partir de entonces, su tronco se bifurcó y se agrandó plural y enrevesado, aunque no por ello perdió su poderío; sino que incrementó el perímetro de su dominio. Y siguió creciendo con firmeza hasta llegar a ser un titán verde en lo más alto de la floresta.
            Fue por entonces cuando llegaron los hombres, provistos de hachas y sierras. Eran leñadores en busca de mástiles y vergas para los grandes veleros que surcaban los mares hacia nuevos continentes. Y así cayeron los troncos más altivos y rectos, y en los claros del bosque fueron surgiendo las primeras tierras de labor. Solo quedaron en pie, transcurridos unos años, los que, por su falta de longitud o derechura, no eran válidos para transformarse en arboladuras marineras. De todos modos, los supervivientes no estaban a salvo, pues los advenedizos labradores rapiñaban su madera para construir graneros, empalizadas o, simplemente, obtener leña para sus inviernos. Sin embargo, en una prominencia de la ladera reinaba el gran árbol, mi árbol, que los lugareños respetaron durante siglos por una atávica reverencia a su extraña y gigantesca figura. Y así me lo encontré yo en mis asuetos estivales.
            Su enorme sombra era acogedora y fresca. Uno se veía allí protegido por un ser vivo, silencioso testigo de tantas ocasiones olvidadas; y podía dormitar, leer un libro o, simplemente, dejar pasar el tiempo contemplando el horizonte de montañas azuladas y campos amarillos, mientras escuchaba rumores de brisas y trinos de pájaros.
            Después crecí, me fui lejos a trabajar y formar una familia; pero siempre me  acompañó el recuerdo de aquel ser inmenso. Hasta que un día decidí volver y revivir episodios infantiles bajo su agradable amparo.

            A mi regreso, encontré el pueblo muy cambiado, con edificios nuevos e impersonales, y calles asfaltadas; y en lontananza eché de menos la silueta grandiosa y familiar de mi viejo amigo. No lo puede encontrar, pues en su lugar se alza ahora una urbanización de chalets adosados. Allí ya no hay árbol, ni ardillas, ni pájaros, ni helechos; solo cemento y piscinas cuadrangulares, bienestar artificial con simulacros de vida enmacetada. El milenario superviviente de los tiempos salvajes ha caído al fin, víctima de la estupidez humana.                                      
                                                                                     Miguel Ángel Pérez Oca.  

lunes, 7 de diciembre de 2015

POEMA EN HOMENAJE AL POETA FRANCISCO ALONSO.


Soneto que me dedicó hace unos años mi amigo Francisco Alonso.


Es el poeta del dolor, de la muerte, de las evidencias y de la contundencia. Su verbo golpea como una piedra comprometida, como un rayo justiciero. Su voz es potente y sentida y su poesía, a la vez tierna y dura, convierte la derrota en victoria sobre los avatares de la vida.
Yo le dediqué este poema en el homenaje que se le rindió el pasado viernes:

LO PERDIMOS TODO.

Lo perdimos todo, absolutamente todo.
Perdimos nuestros tesoros y nuestras posesiones.
Perdimos nuestros proyectos y nuestros objetivos.
Perdimos el orgullo y la complacencia.
Perdimos nuestra autoridad y el respeto de los serviles.
Perdimos la razón de nuestras razones.
Perdimos normas y dogmas, responsabilidades y servidumbres.
Perdimos todas las palabras que se escriben con mayúscula.
Perdimos la fascinación por lo caro y lo raro.
Lo perdimos todo, incluso nuestras debilidades.
Y nos quedamos desnudos, como larvas trémulas.

Entonces comprendimos que nuestra desnudez era lo único que habíamos poseído siempre.
Y cuando quisimos mirar a través de nuestra piel traslúcida, vislumbramos un inmenso y enigmático espacio interior: todo un Cosmos de amor infinito, con sus galaxias y estrellas.
Y nos dimos cuenta, al fin, de que nunca habíamos sido tan libres y, por lo tanto, tan ricos.


Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 6 de diciembre de 2015

FELICITACIÓN.

Os mando esta felicitación un poco temprana; pero es que quiero mandárosla antes del día 20, no sea que después se me quiten las ganas de felicitar a nadie:


miércoles, 2 de diciembre de 2015

5º ANIVERSARIO DE LA TERTULIA.

                                          Nuestra tertulia, hace 5 años.

Ayer celebramos el 5º aniversario de nuestra Tertulia. Nos reunimos los tertulianos habituales con algunos de nuestros viejos compañeros que hacía tiempo que no venían o que vienen esporádicamente, todos alrededor de una excelente cena. Como íbamos a ser muchos, el tema para esta ocasión sería un "cincuento" (relación de 50 palabras justas), en la que deberían figurar las palabras "Existe, he sido testigo".
Ahí va mi "cincuento":

ORGÓN.
Existe, he sido testigo. Lo he visto mientras huíamos despavoridos de la cafetería donde los terroristas sembraban la muerte. Sobre el cielo de la Torre Eiffel, un ser inmenso agitaba su tremendo orgasmo. Nuestra aniquilación le producía un placer infinito. Pero yo ignoro su nombre. ¿Se llamaba Dios o Lucifer?