Y como me sentía un tanto poético y metafísico, escribí este extraño poema, que también presenté a mis compañeros de la Tertulia Literaria de la Bodega Adolfo. Perdonadme el atrevimiento:
Fotografía de Toni Soler.
SOY AIRE
Un día fui estrella
y ahora soy aire.
Como tú, como todo
cuanto vive en este mundo.
Soy aire, evanescente
y mudable,
transparente y leve.
Brisa y vendaval,
nube y arco iris.
Aire, solo aire, todo
aire.
Nunca fui tierra ni
polvo al que hay que volver.
No.
Porque siempre,
siempre he sido aire.
Tan relativo como el
tiempo,
tan mudable como sus instantes,
tan leve como la
memoria,
tan inseguro como los
sentidos,
tan maravilloso como toda
la vida que nace del aire y vuelve al aire.
Es el milagro del ser
vivo y consciente, que somos tú y yo.
¿Sabes?
Las hojas verdes
hacen del aire la urdimbre de su materia orgánica
y nos devuelven el
oxígeno para que respiremos.
Y ese es el portento
del que piensa y siente sin dejar de ser aire.
Lo sé.
Sé que fui astro y
soy viento,
que he sido hoja tierna,
flor colorida, mariposa bella, diligente hormiga,
quizá serpiente,
gacela, lobo, ser humano; muchas veces.
Y volveré a ser cambiante
y multiforme, eternamente distinto:
Como una flor, un pez,
un insecto, una alimaña, un filósofo de nuevo…
Porque soy la vida.
Y soy aire, brisa, huracán, nube y arco iris.
Y un día,
que adivino tras un
remoto horizonte,
regresaré a las
estrellas.
Miguel Ángel Pérez Oca.