miércoles, 26 de junio de 2019

UN ESCRITOR CABREADO.


ESCRIBIR…
Escribir… ¿para qué?
¿Para que se sepa qué es lo que yo me invento?
¿Para que las palabras no se las lleve el viento?
¿Para que mi ego se mantenga en pié?
¿Para qué? ¿Eh? ¿Para qué?

Escribes con ingenio, esfuerzo, entrega,
y después, en lugar de descansar,
te sumes en la refriega
por tratar de publicar.

Que en este mundo asqueroso
tienes que “estar en el ajo”
si quieres que poderosos
te lleven por el atajo.

E invertir más tiempo y ganas,
entre estafas y macanas,
de gestores sin mesura,
que en crear literatura.

Pedir limosna a editores,
buscar patrocinador
y adular a los señores
como un paria sin pudor.

¡Yo no nací para eso!
Yo no quiero claudicar.
No pasaré por el aro,
ni me lo voy a callar.

Y aunque todos mis escritos
acaben en un cajón
y se me mueran marchitos,
no rendiré mi bastión.

Porque escribir es llorar
-ya lo sabía de antes-,
mas gemir por publicar
da vergüenza, es un desastre.

Y con esto me despido,
reniego de la edición.
Me basta con mis amigos,
las noches de Filandón.


                                                           Miguel Ángel Pérez Oca.

VIEJAS TERTULIAS

Ese era el tema de la tertulia de ayer. Y yo presenté este trabajo que critica el aspecto más negativo de la Informática y el peligro que significa el control de la misma en nuestras vidas, no por culpa de ella misma sino por el uso que de ella den los poderosos capitalistas que nos complican la vida todos los días. Vaya por delante mi admiración al amigo Francisco Escolano, investigador de la Inteligencia Artificial que, desde su especialidad, está dando a la Informática un uso social que beneficia a los invidentes de todo el mundo.



AQUELLOS TIEMPOS DE LAS VIEJAS TERTULIAS.

            ¡Qué tiempos aquellos de principios del siglo XXI! Todos los amigos y amigas sentados alrededor de la gran mesa, con el vaso de vino y las “picaditas” bajo una atmósfera, cargada y dulce, de palabras y pensamientos. Nos queríamos, nos admirábamos, el mundo, alrededor nuestro, era el decorado real de nuestra vida. Estábamos rodeados de otras personas que también hablaban y se miraban a los ojos. Había quien decía tonterías en voz alta y hasta llegaba a molestarnos con sus sandeces. Sin embargo, ahora, ya a finales de siglo, yo los perdonaría, porque me hiere más el silencio de toda esta multitud que camina cabizbaja, arrastrando los pies, con un pulgar inquieto aporreando incansable el teclado virtual de sus teléfonos móviles. “Twittear” llaman a comunicarse sin conocerse realmente, desde una soledad universal, en ese lenguaje de mierda que ha subvertido a nuestro rico castellano de antaño, en el que nos entendíamos todos en las viejas tertulias, donde nos contábamos historias fabulosas, donde aparecía la isla de San Borondón, y la mujer barbuda, y unos zombis simpáticos, y bailarinas, y hermosos cuadros al óleo de marinas hechas de palabras, donde Moby Dick y el capitán Ahab se hacían amigos y un abedul nos daba sombra desde más allá del tiempo… Pero las viejas tertulias se murieron devoradas por esos sabelotodos informáticos de pantalla sensible, que a veces se rebelan y nos vuelven locos con sus insensatas ofertas de servicios que nunca hemos pedido, ni necesitamos, ni queremos. Todos, ¡todos!, a mi alrededor caminan sonámbulos tras sus mezquinas pantallitas que pretenden abarcar un pseudo-universo de algoritmos, de unos y ceros que inventó Turing, aquel que acabó suicidándose con una manzana envenenada, como Blancanieves.
            ¡Aquellos tiempos de las viejas tertulias…! Mi teléfono móvil suena insistente en mi bolsillo. No pienso atenderle. Me ofrecerá noticias de moda o fútbol, juegos de matar marcianitos, habitantes de una máquina que no morirán nunca porque nunca han nacido. Unos y ceros, solo eso es lo que hay detrás de esa brillante pantalla sensible y sus iconos y emoticonos infantiloides. “Suena, suena, cabrón, que no pienso cogerte”, le digo al pequeño monstruo que llevo en el bolsillo. Los que se cruzan en mi camino, levantan la vista de sus propios monstruitos y me miran como se miraría a un  loco. “¿No lo oyes? ¿Es que no lo vas a coger?” parecen querer decirme, como algo obvio, y yo levanto mi cabeza al cielo y veo nubes de formas caprichosas y una Luna creciente que se difumina en ese azul que nunca sabrá reproducir la dichosa pantallita.
La humanidad agoniza a mi alrededor. Ha llegado la era de las pequeñas ventanas todopoderosas. La realidad ya no reside en el tiempo y el espacio naturales, porque ahora se muestra, exclusivamente, reinventada en unos pequeños rectángulos a los que sirven, sumisos, los que antaño fueron Reyes de la Creación. Ya nadie, ahora, sabe nada del mundo real. Todo es una ficción, un mundo virtual.
            ¡Ah, los tiempos de las viejas tertulias!  

                                                                                  Miguel Ángel Pérez Oca.

                                                                                          (500 palabras)


martes, 25 de junio de 2019

EN AMAZON KINDLE.

Por delante de Dune, nada menos.

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sábado, 22 de junio de 2019

LES FOGUERES DE SANT GUILLEM.

A partir de las 24 horas (12 de la noche) del 24 de junio, estamos a 25, día de San Guillermo. Por eso las hogueras de San Juan se queman en las playas en la noche del 23 al 24. ¿Estamos?


viernes, 21 de junio de 2019

RESULTADOS AL CIERRE DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID.

Más vendidos en el stand de Premium Editorial en la Feria del Libro de Madrid 2019.
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1-. El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca.
2-. El duende de los videojuegos, de Daniel Cotta y Rafael J. Cordero.
3-. Materia oscura, de Gregorio Planchuelo....
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martes, 11 de junio de 2019

HE SUBIDO AL SEGUNDO PUESTO EN LA FERIA DE MADRID.

El duende de los videojuegos, de Daniel Cotta, lidera a día de hoy las ventas en el stand de Premium Editorial en la Feria del Libro de Madrid 2019. Este es el listado de los más vendidos tras los diez primeros días de Feria:
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1-. El duende de los videojuegos, de Daniel Cotta.
2-. El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca.
3-. Materia oscura, de Gregorio Planchuelo....
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