martes, 30 de septiembre de 2008

LECTURA APLAZADA

Por motivos de salud - me acaban de extirpar una muela y hablo con dificultad - hemos decidido aplazar mi intervención en Radio Alicante, de la SER, con la lectura de mi artículo "¿Soy buen alicantino?" hasta el próximo martes, día 7 de octubre de 2008.
Lo siento, pero los flemones no perdonan.

sábado, 27 de septiembre de 2008

LA HISTORIA DEL GUERRILLERO JUANITO


El otro día se presentó en el Club Información el documental "Guerrilleros", con la presencia del que fué jefe de la guerrilla guatemalteca comandante Santiago. Después hablamos con mi querida amiga Ángeles Cáceres, madre del realizador, y me impresionó mucho la historia del guerrillero Juanito y su triste final. Ayer me pidieron de la Editorial ECU un relato corto para un libro de relatos urbanos y les escribí la historia del guerrilero Juanito. Os la pongo en el blog.


JUANITO.

Juanito había bajado al pueblo para comprar unas botellas de agua. No quería que sus hijos bebieran el agua, quizá contaminada, de los manantiales de la hacienda donde trabajaba de mayoral para un terrateniente, al que ni siquiera conocía personalmente y que a veces pasaba volando en su helicóptero, dejando muy claro que aquellos pastos seguían siendo suyos. A cambio, Juanito percibía un sueldo muy modesto, que apenas le bastaba para mantener a la familia.
-Para esto hicimos la revolución – se decía a veces, al comprobar que todos sus sacrificios en la guerrilla, y la muerte de tantos compañeros, apenas habían servido para terminar con las masacres de los paramilitares y poco más.
Juanito había sido guerrillero en las montañas de Guatemala, a las órdenes del comandante Santiago. Su pueblo fue masacrado por los esbirros del general Ríos Montt. A su padre le cortaron la lengua, las manos, los pies y los testículos antes de morir. Y Juanito, sin familia, sin pueblo, sin esperanzas, se vio perdido en la selva, hasta que se encontró con un grupo de guerrilleros con los que apenas se entendía, porque él sólo hablaba uno de los muchos dialectos mayas que se hablan por su tierra. Los guerrilleros le enseñaron a hablar español, le enseñaron a leer, escribir, hacer cuentas y luchar. Y encontró en ellos otra familia, una familia de personas desesperadas que luchaban por salvar a su patria de las garras de los explotadores yanquis; pero, sobre todo, que luchaban por sobrevivir. Combatían a la vez al ejército regular y a los verdugos paramilitares y encontraban consuelo con un cura andaluz, pasado a la guerrilla, que les enseñaba los pasajes de los Evangelios que están especialmente dedicados a los pobres, a los bienaventurados que están perseguidos por la justicia, a los que son mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia verdadera. Aquel buen cura no estaba bien visto entre las jerarquías católicas de Guatemala, pero a él le daba igual, porque decía que tampoco Cristo estuvo bien visto por los fariseos del Sanedrín. Y les contaba que es más difícil que un rico vaya al cielo que un camello pase por el ojo de una aguja; no porque sea rico, sino porque para ser rico hay que hurtar el sustento a los más pobres. Un día Juanito se pegó un tiro en un pie, por accidente, y el mismo comandante Santiago, el jefe de la guerrilla, que también era medico como el Che Guevara, lo curó personalmente. Juanito luchó y disparó contra sus enemigos y sobrevivió a la brutalidad de la guerra…
Un día vio llorar a algunos de sus compañeros.
-¿Qué os pasa? ¿Ha muerto algún conocido?
-No, Juanito, ha sido peor, porque hemos sido traicionados por nuestro maestro, el comandante Pancho, el que nos enseñaba la ideología revolucionaria. Se ha pasado al bando del general Rios Montt y nos entrega al enemigo.
-¿Nos matarán, como hicieron con mis padres? – preguntó, alarmado.
-No, peor que eso, nos tendremos que rendir. Tendremos que negociar la desmovilización. Volveremos a casa sin la alegría de haber hecho la revolución. Otra vez a ser pobres. Y a cambio tendremos una democracia burguesa, que solo servirá para lavar la cara a los asesinos ante los demás países.
El que así hablaba era el comandante Santiago, sumido en la pesadumbre y en la vergüenza ajena.
Y vinieron tiempos de paz. Y Juanito se casó y formó una familia. Y se puso a trabajar en la hacienda de uno de aquellos ricos que habían estado financiando al dictador, convertido ahora en presidente constitucional.
Y pasaron los años. Y un día Juanito bajó al pueblo a comprar unas botellas de agua. En la tienda había un borracho discutiendo con el comerciante.
Juanito los interrumpió.
-Perdonen, solo quiero unas botellas de agua – dijo, disculpándose.
-¡Pues te esperas, pendejo – le increpó el borracho –, que ahora estoy hablando yo!
-Pero, si solo quiero unas botellas de agua, y no les molesto más…
Y el energúmeno sacó de su cinto un machete de los de andar por la selva y le asestó un tremendo tajo en el vientre, sin darle tiempo a reaccionar.
-Te dije que te callaras, pendejo – dijo el borracho, y salió de la tienda dando tumbos.
Juanito se moría, la sangre se le escapaba a borbotones y su vista se fue nublando. Los gritos de los presentes sonaban en sus oídos como un eco lejano, el eco de los viejos combates en la selva.
-¿Para eso luché, para eso se sacrificaron mis compañeros? – se preguntaba, incapaz de hallar una respuesta que lo consolase.
-La violencia de ahora no sirve de nada – caviló -. Al menos nosotros matábamos y moríamos para salvar a nuestros hermanos…
Y ahora se estaba muriendo en el seno de una Guatemala donde unos pocos ricos siguen explotando a todos los pobres, como viene sucediendo desde hace siglos; donde los héroes se mueren por una tontería, después de haber sobrevivido a masacres y combates, después de dar un ejemplo de valor a sus hermanos de toda la América irredenta.
Lo último que vio Juanito, antes de irse del mundo, fue una hilera de botellas de agua mineral en un estante de la tienda del pueblo.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Dedicado a la memoria de Juanito y a
la de tantos héroes anónimos que lucharon
por la libertad en el patio trasero de los yanquis.)

jueves, 25 de septiembre de 2008

¿SOY UN BUEN ALICANTINO?


Ahí va el artículo que leeré el martes próximo en Radio Alicante, en el programa de Vicente Hipólito, a las 12,30 horas, más o menos (1008 de O.M.). Es una reflexión sobre si soy un buen alicantino, de acuerdo con las declaraciones de nuestra nueva alcaldesa Sonia Castedo. Y vosotros, ¿sois buenos alicantinos?



¿SOY UN BUEN ALICANTINO?

Ya saben aquello de que: “Per a ser bon alacantí, tens que ser herculá, foguerer i en Santa Faz, pelegrí”. Bueno, yo no soy herculano porque a mi el fútbol ni fu ni fa; a lo mejor es que también soy un mal español. Las hogueras me encantaban hasta que las calles de Alicante se llenaron de suciedad y de ruidos nocturnos insoportables. Y a Santa Faz sí que voy, con blusón y todo; aunque no entro en el santuario, sino que me limito a sentar mis reales en algún bancal cercano para comer tortilla de patatas y beber vino en bota.
Me estoy cuestionando mi alicantinidad porque me he sentido aludido por nuestra nueva alcaldesa, en su reciente entrevista del diario La Verdad, donde dijo que en Alicante: “no sobra nadie, pero sí determinadas actitudes, esas plataformas mediáticas… Sobra la crítica por la crítica. Sobran actitudes que van en contra de la ciudad”. Y claro, como yo pertenezco a la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, me pregunto si estaré incurriendo en una de esas actitudes negativas a las que alude la señora Castedo. ¿Oponerse al Plan Rabassa es ir en contra de la ciudad? ¿Escandalizarse de que una ciudad capaz de organizar la Volvo tenga todavía niños estudiando en barracones es criticar por criticar? ¿Protestar de que el Ayuntamiento retire sus servicios sociales a los viejecitos e impedidos es ser mal alicantino?
El otro día visité el nuevo paseo del rompeolas y todas las obras que se han hecho para la Volvo Ocean Race, ganando un espacio portuario para la ciudad y su pueblo, y me han invadido sentimientos encontrados. Por un lado, me han gustado mucho las nuevas instalaciones. Pero, después he meditado sobre el despilfarro que suponen, solo para decir adiós a unos señores que se marchan en ocho barquitos a dar la vuelta al mundo. ¿Para eso tanto montaje?, me pregunto; y después advierto el negocio que hay alrededor y, claro, los negocios son los negocios: turismo, hostelería, puestos de trabajo, economía en alza, que falta nos hace. Bien, está muy bien, eso lo justificaría todo. Puede ser... Sin embargo, como por lo visto no soy un buen alicantino, surge en mi mente la duda de si todo ese dinero, sacado de nuestros impuestos, no estaría mejor empleado en atender debidamente a los presuntos beneficiarios de la Ley de Dependencia y a los niños que todavía estudian en barracones en Benalúa Sur; en mejorar las atenciones sanitarias, que dejan bastante que desear; en enseñar debidamente a nuestros niños esa asignatura de Educación para la Ciudadanía que el gobierno de Valencia se empeña en traducir al inglés, en un alarde de chulería y derroche económico. Y esto ya no tiene que ver con el ayuntamiento ni con Alicante de forma específica. Pero es que a lo mejor también soy mal valenciano, además de mal español y mal alicantino.
Me escandaliza que hayan puesto un pajarraco metálico, que cuesta un huevo, como ornamento de la Avenida de Denia, mientras en el cercano Campo de los Almendros aún no se ha autorizado un modesto memorial a las víctimas de nuestra historia reciente. Y me duele que el dictador Franco siga siendo hijo predilecto de esta ciudad donde tantas personas sufrieron y murieron por su culpa. Así que, seguramente, reclamar dignidad es también una actitud negativa.
Yo quisiera que la señora Castedo me creyera si le digo que estoy deseando que haga algo bueno por el pueblo alicantino, para alabárselo inmediatamente. Que a mi no me duelen prendas. Y como prueba le diré que siento una gran simpatía por el concejal de cultura, Miguel Valor, en quien veo a una persona educada y amable, que no tiene inconveniente en entrevistarse con esas plataformas mediáticas que según nuestra alcaldesa sobran en Alicante. Y más aún, que la felicito ya, por su asistencia a la manifestación en favor de los empleados de Altadis. Es una buena manera de empezar, que choca con sus declaraciones contra los que, según ella, practicamos la crítica por la crítica.
No me gusta Alicante, precisamente porque amo a esta ciudad en la que nací y que he visto maltratada por ediles mediocres. Y es que, como bien dicen mis amigos de Alicante Vivo, otra de esas plataformas mediáticas que van en contra de “su” ciudad: “Ser alicantino duele”.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 30-9-2008)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

TRES MESES DE MARTIRIO DE TÁNTALO


Como os contaba la semana pasada, por prescripción medica he tenido que ponerme a régimen para adelgazar y después de tres meses peso ocho kilos menos. Visto desde ahora, creo que el resultado ha sido bueno, pero cada vez que veo un plato de arroz con costra se me cae el alma a los pies. Ahí os pongo una composición fotográfica en la que el Miguel de hoy mira con cierto desprecio al Miguel barrigón de ayer.

domingo, 21 de septiembre de 2008

EL ARTÍCULO DEL MARTES.


Aquí os pongo el artículo que leeré el próximo martes en Radio Alicante (1008 de onda media, "Alicante, hoy por hoy" de Vicente Hipólito) a eso de las 12,30 horas. Esta vez no le doy un palo a nadie, sólo expreso mis problemas de salud y mi mal humor provocado por el régimen de adelgazamiento que estoy siguiendo.



CÓMO ESTAR SANO SIN PERDER EL BUEN HUMOR.

No sé si fue Woody Allen o Groucho Marx el que dijo que existe una contradicción insalvable entre la buena salud y el buen humor, porque la mayoría de las cosas que nos gusta hacer son malas para la salud, son pecado o están prohibidas. Así que mantener el buen humor mientras se hace un régimen de adelgazamiento es muy difícil, al menos para un comilón como yo.
Hace ahora tres meses, estaba sentado frente al médico mientras él estudiaba mi último análisis de sangre.
-¿Cuánto mide usted? – me preguntó, sin levantar la mirada del papel.
-Un metro setenta y cinco – le respondí con un ligero temblor de voz.
E hizo que me pesara en una báscula que tenía en su consulta.
-¡Pesa usted ochenta y cinco kilos! – exclamó en tono de reproche.
Yo bajé la vista, avergonzado, mientras los dos volvíamos a sentarnos a ambos lados de su mesa.
-Hummm… 270 de colesterol, 206 de triglicéridos, ácido úrico… - me miró con intensidad – y sobrepeso. Amigo, le sobran a usted diez kilos…
Y yo puse cara de víctima.
-¿Hace usted deporte?
-Bueno… paseo, me doy una vuelta de vez en cuando.
-Sí, sí, pero ¿nada, va al gimnasio?
-Pues, no…
Y sus ojos me taladraron, mientras yo me encogía en mi silla.
-Mire usted, si no cambia de hábitos de vida, le pronostico un infarto antes de cinco años. Tiene usted todas las papeletas de la rifa…
Cuando salí de la consulta, lo primero que hice fue comprarme una báscula de baño. Y después le enseñé a mi mujer la dieta de 2000 kilocalorías a la que tendría que someterme para rebajar peso y eliminar lípidos.
Ahora, después de tres meses de sacrificios, he dejado de ser un señor obeso para convertirme en un tipo de aspecto más juvenil, con 76 kilos y bajando. He empezado a interesarme por mi aspecto y me he recortado la barba y llevo el pelo corto. Ya me puedo anudar el lazo de los zapatos y respirar a la vez. Las señoras me miran de otra manera, digamos, más interesante. Me levanto del sofá sin esa sensación de llevar a la espalda una mochila llena de ladrillos, o de estar embarazado. Ando ligero y subo cuestas sin esfuerzo… pero estoy todo el día cabreado, pensando en platos de arroz en costra, gazpachos, “arros amb bacallar”, morcilla negra y demás embutidos, huevos fritos mojados con mucho pan, bocadillos de pan con aceite y “cansalá” o panceta, calamares rellenos, patatas fritas, filetes de hígado de cerdo, pescaíto frito, hueva, mojama y otros salazones, frutos secos y demás delicias pecaminosas, prohibidas y malas para la salud.
Y es que el que algo quiere algo le cuesta.
He optado por comer solo, a la una y media, antes de que Suni y mis hijas se hinchen a devorar “delicatessen” delante de mí y me conviertan en un nuevo Tántalo.
Porque, miren lo que como: Por la mañana café descafeinado, leche desnatada, 50 gramos de pan integral tostado y 30 gramos de jamón de York; a media mañana yogur desnatado y fruta; al medio día ensalada y 100 gramos de carne o pescado a la plancha, con un poquito de pasta; por la tarde más fruta y a la noche más verdura y otros cien gramos de carne o pescado. Y no es por la cantidad, no, señor, es por tener ya fijados en el paladar los mismos sabores; porque uno ya está de la lechuga, las manzanas, los filetes de gallo y el jamón de York hasta el gorro.
Desde luego, me he negado rotundamente a ir a la piscina, que decía mi abuelo que si los seres humanos estuviéramos hechos para nadar, Dios nos habría puesto escamas. Y no voy al gimnasio porque me aburren esas bicicletas que no van a ninguna parte. Con recorrerme diariamente la ciudad a pie, de cabo a rabo, ya hago suficiente ejercicio.
El lunes iré a hacerme un nuevo análisis. Seguro que tengo el colesterol, los triglicéridos y el ácido úrico como deben estar. Así que ya no me dará un infarto antes de cinco años. Pero, ¿y si mañana me atropella un coche, me estrello en un avión o me cae un meteorito en la cabeza… y me pilla haciendo dieta, como un gilipoyas?
A ver cuándo inventan los gazpachos desnatados, las paellas descafeinadas y los calamares rellenos bajos en calorías, o nos implantan estómagos recargables, que uno pueda tirar a la basura cuando están llenos, porque eso de vivir sin comer pone de muy mala uva.

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 23-9-2008)

jueves, 18 de septiembre de 2008

COMPRENDER LA RELATIVIDAD



Una cosa es comprender la Teoría de la Relatividad de Einstein y otra poder operar con ella a nivel matemático. Esto último sólo pueden hacerlo los que tengan grandes conocimientos de Cálculo Tensorial. Sin embargo, todos podemos hacer un esfuerzo para tener una idea de en qué consiste esto de la Relatividad. Aquí tenéis un dibujo que podeis ampliar si no se ve claro al tamaño del blog. Vemos tres naves espaciales, una de las cuales se mueve en sentido contrario a las otras. El astronauta de esta última tiene un telescopio por el que puede ver lo que ocurre en el interior de las otras dos naves. En la de la izquierda hay una bombilla y un detector. Para el astronauta de esta nave, la luz ha tardado una millonésima de segundo en llegar de la bombilla al detector. Pero para el otro que lo observa, ha tardado dos millonésimas; porque el recorrido de la luz ha sido más largo, dado que la nave se está moviendo. Y como la velocidad de la luz es la misma, vista desde dentro de la nave, que es como si estuviera parada, y vista desde la otra, en movimiento, a mayor recorrido corresponde un mayor tiempo. En cuanto a la tercera nave, a bordo se está haciendo el experimento de Michelson-Morley donde la luz parte en tres direcciones hacia tres espejos que están a la misma distancia de la fuente de luz y que la devuelven a un detector. El detector a bordo marca que los tres haces de luz han llegado a la vez. Según el observador de la otra nave, también, pero porque el aparato del experimiento, y la nave misma, se han encogido para que esto pueda ocurrir. Así pues, tanto el tiempo como el espacio son diferentes vistos desde el mismo sistema inercial o desde otro sistema distinto; mientras que la velocidad de la luz permanece constante en todos los sistemas. ¿Por qué? Me preguntaréis. Bueno, me temo que eso ni siquiera Einstein os lo podría haber explicado. Pero es una pregunta tan válida como preguntar ¿Por qué no? La Naturaleza y la Física son así.

martes, 16 de septiembre de 2008

DE NUEVO EN LA RADIO


Hoy he vuelto a hablar por Radio Alicante de la SER, como haré todos los martes. Y pondré cada artículo que lea en este blog. Ahí va el primero, que se llama "El día de las alabanzas". Si sois de Alicante, ya sabéis por qué. Si queréis escucharme, podéis sintonizar el programa "Alicante, hoy por hoy", de Vicente Hipólito, a eso de las 12,30 h. en el 1008 de Onda Media.


EL DÍA DE LAS ALABANZAS.

“Dios te libre del día de las alabanzas”, decía mi abuela, refiriéndose a la tendencia a decir cosas buenas de quien se va definitivamente de la vida o de un cargo o destino. Ese día parece que ya no nos cuesta nada decir cosas buenas de aquel a quien hemos estado poniendo como hoja de perejil.
Y así se nos va este Verano, del que muchos podríamos decir que ha sido una estación feliz, de sol, playa y vacaciones, pero que en el fondo nos parece nefasto, con la crisis económica, con su tragedia de Barajas, con sus guerras en esos países que ni siquiera sabíamos que existían en el seno de la extinta Unión Soviética, con los cayucos y con la aparición de esa señora fanática, antiabortista, militarista y partidaria de la pena de muerte, que la derecha americana se ha sacado de la manga para contrarrestar la marcha imparable de Obama. Además, los sucesos de este verano, a nivel nacional, nos han demostrado algo penoso, que el PP no ha cambiado nada en absoluto, que la marcha de personajes como Zaplana y Acebes no ha supuesto que nuestra derecha vaya a recuperar el sentido común. En lugar de echar una mano para que todos salgamos del atolladero económico, el señor Rajoy se regodea de lo mal que le va al país y se empeña en convencer al personal de que la culpa la tiene, como siempre, Zapatero. Así que deberíamos creer que nuestro presidente de Gobierno ha provocado una crisis económica a nivel mundial. Menos mal que muchos sabemos que Solbes es uno de los mejores economistas del Mundo y que si no hace otra cosa es porque no se puede. Eso sí, lo que haría la derecha en el poder, como hace siempre que hay crisis, sería dar facilidades a los patronos con el despido libre y los recortes de derechos de los trabajadores. A ver si así se animan a seguir aprovechándose de los pobres y se deciden a invertir en lugar de esconder su dinero. Que cuando hay vacas gordas las ordeñen los listos y cuando hay vacas flacas los tontos acaben comiéndose las boñigas.
Se nos va el alcalde Alperi, al que la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas tacha de incompetente y de haber llevado a cabo la gestión más desastrosa de toda la democracia. Yo suscribo el manifiesto de la Plataforma punto por punto. No hace falta que insista en su empeño en cargarse el Monte Benacantil con un palacio de congresos, de poner la Casa del Mediterráneo en la cima de la Serra Grossa, que este hombre parece que le tiene alergia a las montañas; su incapacidad, no sé si voluntaria, para terminar de una vez el Plan General de Ordenación Urbana, después de tantos años de dejar libres a Ayuntamiento y especuladores del ladrillo para hacer de su capa un sayo; su abandono del barrio antiguo y de los barrios periféricos, que parece que solo le interesa la zona residencial; los barracones colegiales de Benalúa Sur; ese tren que ha costado una fortuna, con estaciones faraónicas, para después ofrecer un convoy a la Playa de San Juan cada media hora; y un etcétera muy, muy largo de despropósitos, a más de sus ostensibles desprecios y amenazas a la oposición, y su negativa a autorizar cualquier monumento a los demócratas de la guerra civil y de retirar honores al dictador Franco.
Ahora le va a suceder doña Sonia Castedo al frente de la corporación. Muy bien, esta es la hora de demostrar lo que vale. Yo le aconsejaría que hiciese lo que haría un político inteligente como Gallardón. En primer lugar desarmaría a la oposición y a los movimientos ciudadanos, tomándoles la delantera, ¿cómo?, pues haciendo suyas sus reivindicaciones y suspendiendo definitivamente el Plan Rabassa, sacando de una vez el Plan de Ordenación Urbana, ocupándose del barrio antiguo y de la periferia, dándole sentido al nuevo tranvía aumentando sus servicios - que no es que no haya más trenes porque la gente no viaja en él, sino que la gente no viaja en él porque no hay más trenes -, autorizando los monumentos solicitados por la Comisión Cívica de la Memoria Histórica, retirando los viejos honores al “Caudillo”… Y así, todo lo demás. A ver si un día, cuando se vaya de la política o cuando conquiste algún puesto de mayor relevancia, alabamos merecidamente su gestión en lugar de hacerlo porque toca en el “día de las alabanzas.”

Miguel Ángel Pérez Oca.
(Leído en Radio Alicante el 16-9-2008)