miércoles, 19 de octubre de 2011

¿A QUIEN VOTO, EH?






Ayer me publicó el Diario Información de Alicante una carta al Director titulada "Los indignados y las urnas", en la que exponía mis reflexiones sobre la manifestación mundial del sábado anterior. La limitación del texto a 15 líneas, exigida en las normas de la publicación, me impidió desarrollar el tema como a mi me hubiera gustado. Así que ahora os pongo el texto en toda su extensión. Me gustaría recibir pareceres de los lectores.


LOS INDIGNADOS Y LAS URNAS.
El pasado sábado volvió a estar la Puerta del Sol llena a rebosar de quincemayistas y simpatizantes. Y en Alicante, según los arganizadores, se congregaron 25000 manifestantes. Y no solo hubo manifestaciones multitudinarias en este sufrido país, sino en todo el mundo desarrollado. Basta ya de recortes, de desahucios y de corrupción, gritaban los chicos de la Democracia Real Ya. Y cada vez convencen a más gente; aunque hay quien dice que éste es un movimiento emocional, al que le falta pensamiento, coordinación y programa, como diría Anguita. Porque lo triste, para mi, es que si esta gente se presentase a las elecciones arrasaría y evitaría el desastre que se avecina si la derecha consigue el poder absoluto en nuestro país, pero no se presenta. Es verdad que dicen algunas tonterías, como estas perlas leídas ayer en dos pancartas: “Si la Monarquía es de los mercados la República será para el pueblo” (Alemania, Francia, Italia, EE.UU., Portugal, Irlanda y Grecia, la pobre Grecia, son repúblicas, que yo sepa, y también, como nosotros, sus pueblos son víctimas de los mercados, ¿no es así?). “Es vuestra crisis – decía otra pancarta- no nuestro problema” (Que le digan a los parados de quién es el problema). También dicen que en cada embajada española debe haber solo un embajador y un consul, que hay que disolver el Senado y otros disparates acordados en asambleas mediante el voto a mano alzada y agitada. No hablan de acabar con el capitalismo, que eso sí me gustaría, y manifiestan un dudoso desprecio por los partidos y los políticos en general. Yo creo que en algunas cosas andan muy equivocados. Yo me pasé 30 años de mi vida bajo la dictadura franquista y sé lo que cuesta la libertad; también sé que los partidos y los parlamentos son indispensables, aunque de vez en cuando hay que darles un poco de zotal para desinfectarlos de corrupciones y adocenamientos. Que ya lo dijo Curchill: “La democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. Por otro lado, los quincemayistas están ganando la adhesión de los votantes potenciales de la izquierda, y en las próximas elecciones generales, como en las anteriores municipales y autonómicas, le van a hacer un involuntario favor a la derecha, cuyos votantes siguen impasible el ademán, dispuestos a hacerse con el poder y tomarse la revancha del franquismo sobre aquellos progresistas que desautorizaron la frase del Generalito: “Está todo atado y bien atado”. Bueno, pues os lo confieso, no sé a quien voy a votar el 20-N. Desde luego no a los señoritos que con todo el poder del Estado en sus manos nos van a sodomizar a la gente de a pie, mucha de la cual, para mayor INRI, les habrá votado, por aquello de a ver si con el cambio va todo a mejor (y una m...). El PSOE, a pesar de Rubalcaba, que me parece un tío estupendo y perfectamente capacitado para capitanear la singladura a través del actual temporal económico, está rodeado de adocenados y tontilocos, como esa Leire Pajín que tuvo no sé si la desfachatez o la ignorancia supina de ir a tomar posesión del Ministerio de Sanidad con una pulserita mágica en la muñeca, sancionando (quiero creer que inconscientemente) el timo esotérico y anticientífico. En cuanto a los de Izquierda Unida, con el simpático compañero Cayo Lara a la cabeza, vuelven a gritarnos que votar al PP y al PSOE es lo mismo. Ellos saben muy bien que no, que no es lo mismo, que a pesar de todo en el partido socialista hay gente progresista y en la derecha están los señoritos de siempre, y que sus sensibilidades sociales son muy diferentes. Pero, bueno, pensará Lara, unos pocos escaños para mi partido bien valen unas cuantas mentiras y la pérdida de muchos escaños para la suma general de la Izquierda a la que digo pertenecer. Además, cree que va a poder capitalizar las consignas de los quincemayistas, por mucho que lo echen a patadas de sus acciones contra algún desahucio. No escarmientan, y con su pan se lo coman. Y, para terminar, me acuerdo de los nacionalistas cada vez que me entero de que unos cuantos argelinos se han jugado la vida en una patera; riesgo que no hubieran tenido que correr si hubieran seguido siendo franceses y hubieran luchado, eso sí, por una amplia autonomía dentro del estado galo, sin banderitas ni himnos, y sin gobernantes corruptos de partido único. En cuanto a los ecologistas, me remito al Congreso Escéptico celebrado recientemente en Alfaz del Pi y a la magnífica ponencia sobre los transgénicos y los "alimentos naturales” que nos impartió J.M. Mulet. Así que ¿a quien puñeta voto? Porque no votar o votar en blanco, como recomiendan muchos quincemayistas, también es contribuir al triunfo de los triunfantes (en este caso, el PP). Es desesperante. Porque yo a quien votaría, si se presentaran a las elecciones, sería a los del 15-M, a pesar de su inexperiencia y su ingenuidad manifiesta, a pesar de su visión romántica de los cambios necesarios. Y los votaría porque solo ellos podrían cambiar las cosas realmente putrefactas de esta crisis a la que no se admite, por parte de los poderes fácticos económicos y políticos establecidos, otra solución que no sea la neoliberal, la que preconiza el Fondo Monetario Internacional y todos esos economistas pandorgos y cerriles que nos van a llevar al despeñadero. Solo los chicos y chicas del 15-M podrían frenar el ascenso imparable de la vieja derechona de charanga y pandereta. Pero ellos no quieren mojarse el culo, les parece indigno presentarse a unas elecciones y se conforman con hacer manifestaciones y acampadas, y alzar pancartas pretendidamente ingeniosas que demuestran lo listos que son. Y mira que les ha dicho Hessel, el padre del movimiento: “Que se involucren en la política para poder cambiarla desde dentro” y que “si no les gustan los partidos, deben involucrarse en ellos para cambiarlos”. Sí, señor, cómo se nota que es un viejo sabio, lleno de experiencia, como nuestro Sampedro. Porque solo con manifestaciones y pancartas no van a poder cambiar el mundo. Y el mundo debe ser cambiado, necesita urgentemente ser cambiado o se hundirá en la locura que lo está envenenando y matando de hambre a la mitad de su población. Pero el mundo se cambia mediante la revolución o las urnas. La revolución suele traer sangre y totalitarismos; así que permitidme que me quede con las urnas. Y es por eso que me gustaría que los indignados se animasen a hacer política de verdad, en España y en el resto del mundo. Yo, ya lo he dicho, los votaría, y conmigo, estoy seguro, la multitud progresista que le está viendo las orejas al lobo y se retuerce de miedo e impotencia. Pero me temo que eso de involucrarse en la política lo ven muchos de estos inteligentes y románticos chicos como muy cansado, o como muy vulgar. Lástima.

Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 11 de octubre de 2011

PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA, ¡QUÉ RISA!




Qué risa, qué jolgorio, qué recochineo. ¿Pues no van y le dan un Premio Nobel de Economía a... dos economistas? Pero si creíamos que no había ni uno que valiera un pimiento. ¿Dónde estaban los señores Sargent y Sims antes de que estallara la crisis? ¿Por qué les dan nada menos que el Premio Nobel si no fueron capaces de predecirla ni de dar fórmulas para evitarla? Ni ellos ni ningún otro mal llamado "economista" del Mundo Mundial. Es para morirse. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Y eso que han confesado que no tienen ni idea de cuáles son las causas de las crisis y que están estudiándolo, claro, para poder predecir ésta a toro pasado. Pero seguro que la próxima les pilla otra vez en el water, y sin papel higiénico. Venga ya. Lo menos que podía haber hecho el comité encargado de esta pantomima es dejar desierto el dichoso premio, y seguir así todos los años que hagan falta hasta que un economista de verdad (o un albañil, chófer de autobús, cabrero o tenedor de libros) dé la solución a estas catástrofes endémicas del puto Capitalismo liberal y de mercado. Vaya mierda de "ciencia". Y es que la solución es bien sencilla, basta con leer un poquito a Marx, cerrar todas las bolsas y meter en la trena a los especuladores esos de los "mercados" que nos están sodomizando a todos. Pero, claro, para eso habría que reconocer que el Capitalismo no sirve... bueno, sirve a los que están forrados gracias a él, y son los que pagan a los economistas, pero no sirve a la gente de a pie. Entonces, ¿qué hacemos, tomamos el Palacio de Invierno o nos reímos de estos laureados con premios Nobel, y todos sus colegas, que no tienen ni pajolera idea de lo que se traen entre manos?

Es que da risa y, a la vez, ganas de llorar. Vamos que, con la que está cayendo van y le dan un Premio Nobel a dos presuntos, solo presuntos (que viene de presumir) economistas.

Que les den... (un Premio Nobel, no, por supuesto).

Miguel Ángel Pérez Oca, el ignorante, palurdo y analfabeto que no entiende la excelsa ciencia de los augustos economistas.

lunes, 10 de octubre de 2011

ARPÍOS VS. MAGUFOS



¡Qué gozada! ¡Qué día el del 8 de octubre de 2011! Más de cien "arpíos" (socios de A.R.P. Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico), o sea, los escépticos, los temidos y formidables escépticos, se reunieron los días 7, 8 y 9 de octubre en el CONGRESO ESCÉPTICO 2011, subtitulado, con recochineo, "antes del fin del mundo" en el Albir (Alfaz del Pi) para desarrollar una serie de ponencias, cada cual más interesante. Antes que nada, y tras la bienvenida del Alcalde y la Concejala de Cultura de Alfaz del Pi, Andrés Carmona Campo, filósofo, profesor de instituto y magistral ilusionista nos demostró con sus increibles trucos de magia que es posible hacer creer a quienes no estén en el ajo que existen los superpoderes y las facultades "paranormales". Los ilusionistas honestos siempre dejan claro que no poseen esos poderes y que todo lo que hacen es cuestión de habilidad. Por esa razón han sido llamados para asistir a muchos experimentos parapsicológicos con el fin de descubrir las maniobras de los falsos videntes, adivinos,etc. En todos los casos, EN TODOS, los pretendidos magos fueron descubiertos. Consecuencia: está claro que los poderes parapsicológicos NO EXISTEN.




Felix Arés de Blas, divulgador científico y Presidente de A.R.P. nos habló de las decisiones políticas que nuestros gobernantes adoptan en muchas ocasiones sin detenerse a investigar con seriedad sus consecuencias.




J.M.Mulet nos habló de las injustificadas alarmas que provocan palabras como "artificial", "conservantes", "colorantes" y, sobre todo "TRANSGÉNICOS". Casi todos los alimentos que ingerimos desde hace miles de años son artificiales en su origen. Una vaca que dé enormes cantidades de leche todos los días, una gallina que ponga todos los días huevos estériles, unos perros de razas tan diferentes como un Chiguagua y un Gran Danés, el trigo, los fresones, son todos ellos productos "transgénicos" en el sentido de que su genoma se ha alterado hace siglos mediante selección artificial, cruces, ingertos, etc. La única diferencia con los modernos transgénicos es que ahora, los cambios del genoma se hacen con todo el conocimiento científico. Es decir que antes se hacían a lo bruto, dando palos de ciego, y ahora se sabe lo que se quiere y cómo conseguirlo. Gracias a los transgénicos se puede alimentar a mucha gente del tercer mundo. En cuanto a lo natural y lo artificial: una seta venenosa es natural, el arroz transgénico con vitamina B y resistente a las plagas es artificial. ¿Qué prefiern ustedes comerse, una paella de arroz gtransgénico o una seta venenosa? La única plaga (E.Coli) que se ha producido ultimamente ha sido en un cultivo "natural" de gérmenes de soja (sin colorantes ni conservantes). Pues eso. La pega de los transgénicos son las prácticas monopolísticas de las multinacionales que los producen; pero eso pasa también en la minería, los combustibles, la industria farmacéutica, etc. Vivimos por desgracia en un mundo capitalista.



Varias ponencias (Ismael Pérez Fernández y Javier Armentía) y mesas redondas se dedicaron a fomentar el escepticismo frente a las intoxicaciones en los medios, en la Red y en la información general. El resultado de la credulidad en determinadas tonterías ha tenido a veces consecuencias catastróficas para la Humanidad. Por ejemplo: el Nazismo, con sus falacias sobre la raza Aria.



Al final, Eugenio Fernández nos habló del fin del mundo, de los distintos fines del mundo posibles: Extinción solar, pandemia universal, guerra neclear, envenamiento del medio, todos más o menos posibles y más o menos remotos en el tiempo futuro. Pero desde luego, no porque lo hayan predicho los mayas, Nostradamus y demás falsos profetas, que jamás han acertado. La prueba es que todavía estamos aquí.



Y se cerró el congreso con una actuación musical a cargo Sacha Marquina Reyes, que nos deleitó con canciones de tinte escéptico y humorístico, digno colofón a la reunión, que se cerró definitivamente en una estupenda cena de gala en un hotel de el Albir.



Todavía, el domingo 9, hubo quines se quedaron para recibir unas cuantas lecciones de ilusionismo impartidas por Andrés Carmona Campo.



Ya sé que si el Congreso hubiera sido de creyentes en los OVNIS, la Astrología o los poderes paranormales, los participantes hubieran sido más de 100, pero eso es porque el homo sapiens es menos "sapiens" de lo que pretende, desgraciadamente.



Salud y escepticismo.



Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 4 de octubre de 2011

UN BARRIO EN EL CIELO






Ahí va el último relato de la Tertulia de la Bodega de Adolfo. Va de un barrio...











UN BARRIO EN EL CIELO.
En el barrio todos nos conocíamos. Yo era allí un niño feliz. Jugaba en la plaza con otros muchachos, a la sombra de unos árboles frondosos bajo los que se amparaban los bancos de hierro y madera donde los viejos se contaban batallitas de una guerra lejana. A su alrededor, los comercios, modestos y fiables, acompañaban a la pequeña iglesita blanca coronada por una espadaña con su campanita de agudos sones. Don Fadrique era el párroco, amigo de todos, fueran o no sus feligreses. Enfrente estaba la sucursal de la Caja de Ahorros, con sus estirados empleados que venían a trabajar desde el centro, y se marchaban en el autobús azul, sin mirar ni saludar a nadie. Eran los únicos extraños que acudían al barrio a trabajar. Los vecinos, por el contrario, solían marchar fuera de él a sus quehaceres cotidianos; los hombres a la cercana fábrica de repuestos industriales y las mujeres, en el autobús, a servir a algunos señoritos de la ciudad, como chachas o cocineras, o a las fábricas de tejidos. La escuela de niños y la contigua de niñas eran regentadas por don Rosendo y doña Finita, que estaban casados y ocupaban la modesta vivienda del piso superior del inmueble, detrás de la iglesia. La frutería de la señora Pepita, gorda, chistosa y amable, era parada obligatoria de la pandilla a la que la dueña obsequiaba con alguna manzana, melocotón o cualquier otra fruta y unos caramelos. En el taller de Tancredo “el Manitas”, donde se reparaban muebles, aparatos eléctricos y utensilios de cualquier clase, nos abastecíamos de listones y clavos con los que nos fabricábamos espadas y fusiles para nuestras imaginarias batallas en lo que llamábamos “El Campo”, unos solares abandonados, poblados de malas yerbas, que separaban el barrio de la ciudad, lejana y misteriosa.
Un día vinieron unos obreros con picos, palas y una espectacular maquinaria pesada con la que empezaron a excavar un enorme agujero en el centro de la plaza, que fue nuestra distracción por unos meses. Don Rosendo nos informó, orgulloso, que el barrio iba a tener parada de metro. Y a partir de entonces, los empleados de la Caja y las mujeres que trabajaban en la ciudad ya no utilizaron más el autobús azul, sino que bajaban las misteriosas escaleras, por las que los domingos descendíamos también nosotros, con nuestros padres y hermanos, en busca de emociones capitalinas.
Poco a poco, la ciudad fue acercándose al barrio y las torres de cemento y cristal nos arrebataron el campo de nuestros belicosos juegos. Más tarde, se inauguró muy cerca un centro comercial y la señora Pepita cerró su frutería. La gente compró coches y televisores, y se acostumbró a tirar las cosas viejas, y Tancredo se marchó a trabajar a otra ciudad. Don Fadrique se murió y don Rosendo y doña Finita se jubilaron, y la iglesia, la escuela y otras casas del barrio, fueron derribadas para construir unos enormes bloques de viviendas en cuyos bajos se instaló un nuevo y moderno templo, que solo abría los domingos, cuando venía a decir misa un cura joven que tocaba la guitarra. Yo ya me había hecho mayor, me había casado con la mujer de mis sueños y tenía dos hijos varones. Y el barrio fue cambiando conmigo hasta hacernos irreconocibles, el barrio y yo. Pasó mi vida, como un tren a toda velocidad por un andén desierto. Mi amadísima mujer falleció y mis hijos se fueron a Barcelona, y yo me quedé solo y jubilado, con los restos de mi barrio donde ya no conocía a casi nadie.
Hoy la plaza ya no tiene árboles, sino marquesinas metálicas, y en su centro han puesto un adefesio abstracto de hierro oxidado que nadie sabe qué representa. Mi vieja casa de planta baja sobrevive sola entre torres de cemento llenas de gente extraña. No quise venderla a la constructora, aunque me ofrecían una fortuna, y ha quedado como último testimonio de un barrio del que solo queda el nombre en su parada de metro.
Los domingos acudo a la nueva iglesia y le rezo a un Dios que no sé si existe, y le pido que, si hay un cielo para la buena gente, me devuelva allí mi viejo barrio para que pueda vivir en él, con los míos, por toda la Eternidad.


Miguel Ángel Pérez Oca.

jueves, 29 de septiembre de 2011

CONGRESO ESCÉPTICO "ANTES DE QUE SE ACABE EL MUNDO".





La sociedad escéptica ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, a la que tengo el honor de pertenecer, ha convocado su Congreso Nacional 2011 en el Albir, Alfaz del Pi (Alicante) los próximos días 7, 8 y 9 de octubre, “antes de que se acabe el Mundo”, como dicen con recochineo los organizadores.
Se tratarán temas como la magia, el mentalismo y demás patrañas paranormales (o para anormales), la Política basada en pruebas, los aditivos, transgénicos y demás presuntas amenazas alimentarias (hay que tener las ideas muy claras sobre esto y no dejarse llevar por prejuicios y leyendas urbanas, ¿no?), las mentiras de la tele y demás medios de comunicación, el pensamiento crítico en la Red, las pseudociencias y sus peligros y, por último, ese rollo del fin del Mundo y el Calendario Maya, así como otras profecías catastróficas fallidas. Todo esto acompañado de las consiguientes y exquisitas comidas y cenas donde los compañeros podremos compartir mantel y conversación.
La cosa promete, y se cuenta con gente tan autorizada y prestigiosa como Felix Arés y Javier Armentía.
Y es que el Movimiento Escéptico no es ninguna tontería. En estos tiempos en que la ciencia está en la cumbre de sus logros, proliferan los carotas que se escudan en los términos científicos para colarnos sus paparruchas de siempre: que si pulseritas imantadas, que si yerbajos milagrosos, que si alimentos “sin química”, que si el planeta Hercúlebus que nos va a dar un zambombazo, que si la Astrología, que si el Tarot, que si tal y que si cual. Y todo esto, que nos amenaza con una nueva Edad Media, hay que desenmascararlo, digan lo que digan los políticamente correctos defensores de la equidistancia cultural y las posturas neutrales entre científicos y brujos. O un día vamos a ver catedráticos de Ciencias Ocultas y Mancias Esotéricas en nuestras universidades.
Bueno, pues al que le interese puede entrar en:
www.escepticos.es/congreso2011
Un abrazo, y a no dejarse engañar, que hay mucho listo por ahí.
Miguel Ángel Pérez Oca.

sábado, 24 de septiembre de 2011

EL NIÑO QUE VEÍA PASAR AL TREN.





Este es mi más reciente cuento de la Tertulia de la Bodega de Adolfo. Se trata de un niño que midió el tamaño del Universo viendo pasar al tren, durante unas vacaciones en los Alpes.

LAS VACACIONES DE CHRISTIAN.
Christian era un niño de aspecto enfermizo e inteligente. El médico había aconsejado a sus padres que lo llevasen en verano de vacaciones a alguna comarca alpina de aires frescos y secos, donde sus pulmones pudieran fortalecerse. Y allí, en la pintoresca aldea, lejos de factorías y barrios malsanos, su cuerpo se fortaleció, y también sus ganas de jugar, vivir y aprender. A media mañana, un tremendo e interminable tren de mercancías solía pasar por la estación del pueblo, sin detenerse, ni siquiera aminorar su marcha, tal como una exhalación de hierro envuelta en humos, chirridos y silbidos penetrantes. Y su aparición fugaz maravillaba al niño, que imaginaba largos viajes a países exóticos y paisajes llenos de misterios. Todos los días, a la misma hora, Christian dejaba sus juegos y marchaba a la estación, para ver pasar el convoy y sentir en el rostro el viento que desataba su enorme masa lanzada sobre los raíles a toda velocidad.
Como siempre, cada vez que pasaba un tren, el viejo jefe de estación, con su arrugado uniforme azul y su gorra cilíndrica y roja de visera charolada, se plantó a la orilla del andén y levantó una banderita roja, dando paso al convoy. El niño se le acercó y lo observaba con admiración y curiosidad.
-¿Qué, muchacho? ¿Te gustan los trenes? – preguntó el hombre, atusándose el bigote canoso.
-Sí, señor – le contestó el niño, mirándolo de abajo arriba.
-Si quieres saber algo de los trenes, pregúntamelo, anda…
Y Christian se quedó callado un rato, mientras el tren se alejaba por el bosque.
-Pues, dígame, ¿por qué el tren hace “pííí” cuando viene y “pooo” cuando se va?
Y el viejo ferroviario meneó la cabeza e hizo un gesto de admiración.
-Vaya, tú también te has dado cuenta, ¿eh? Eres un chico muy observador. Pero el hecho de que el silbato del tren suene más agudo cuando se acerca y más grave cuando se aleja es un misterio que nadie me ha sabido explicar. Oye, ¿por qué no se lo preguntas a tu maestro? Y el año que viene me lo cuentas, ¿eh?
-Sí, señor – dijo el niño con determinación - , se lo preguntaré.
Pero el maestro, a la vuelta de las vacaciones, no le supo dar la respuesta.
El niño Christian Andreas Doppler, se hizo mayor y estudió Física y Matemáticas en Viena y Salzburgo, y en 1842, a los 39 años, publicó un libro donde se resolvía el misterio que al fin había podido desentrañar por sí mismo, y que tenía la siguiente explicación: Cuando un cuerpo se desplaza rápidamente, emitiendo un sonido constante, las ondas sonoras se comprimen por delante y se separan por detrás, de forma que percibimos ese sonido más agudo cuando se nos acerca y más grave cuando se aleja. A este fenómeno se le conoce desde entonces como Efecto Doppler.
Algunos años más tarde, el físico francés Fizeau descubrió que este efecto se produce también en la luz, de manera que una estrella que se acerca a la Tierra, por muy lejana que esté, se verá más azul, mientras que otra que se aleja, se verá más roja.
En los primeros años del siglo XX, el astrónomo americano Hubble y su ayudante Humason, observando lejanas galaxias en el Cosmos, comprobaron, mediante el Efecto Doppler de la luz, que todas ellas se alejan de nosotros debido a que el Universo está en expansión desde que surgió de una gran explosión, el llamado Big Bang, ocurrida hace más de trece mil millones de años.
Gracias a aquel chico enfermizo que veía pasar al tren, sabemos lo enorme y antiguo que es nuestro Universo. Y es que nunca se sabe lo que puede salir de la cabeza de un niño que admira algo con los ojos llenos de curiosidad.
Miguel Ángel Pérez Oca.

viernes, 23 de septiembre de 2011

DELENDO EST CAPITALISMUS





Ayer, un Premio Nobel de Economía que, por cierto, merece por mi parte las mismas reservas y desconfianzas que si lo fuese de esa otra pseudociencia denominada Astrología, anunciaba a bombo y platillo la venida de otra crisis, de una catástrofe económica sobre la que ya nos azota desde hace unos cuantos años. Hombre, parece que los economistas empiezan a espabilarse y ya las ven venir, porque la otra los pilló a todos en el baño. Hoy, otro eminente economista aparece en la tele para decirnos que para recuperar la bonanza perdida los estados deberían haber hecho lo contrario de lo que han estado haciendo hasta ahora, o sea: nada de recortes y austeridad, sino más gasto público para fomentar el consumo. La impresión que nos produce esta gente descomunal a los ignorantes de tan santa disciplina es que, por mucho que pretendan ser científicos, no tienen ni la MÁS REMOTA IDEA de lo que se traen entre manos. Yo, de verdad, creo firmemente que el primer paso para recuperar nuestro bienestar debería ser cerrar todas las facultades de Economía, retirar el título académico de economista de la lista de los reconocidos, cerrar todas las bolsas, emplear la dotación del Premio Nobel de Economía para un certamen de haykus, y darles a todos los economistas, en especial a los Premios Nobel esos, una escoba o un pico para que se ganen la vida.
Y es que, claro, los señores economistas y los políticos que les siguen parten de una premisa que les condiciona el entendimiento: No se puede cuestionar el Sistema Capitalista. Así que si hay que salvar el Capitalismo por encima de todo, la cosa no tiene arreglo, porque ya es hora de que lo digamos claro: EL CAPITALISMO HA FRACASADO. El Capitalismo, para sobrevivir, debe ser controlado y domesticado por los políticos, si no, se muere de éxito y como el más repugnante de los paramecios acaba devorando sus propias entrañas. Mientras el Capitalismo tenía al Comunismo enfrente, moderaba sus pretensiones, por miedo a que los sufridos ciudadanos nos fuéramos con los rojos y se les acabara la bicoca a los capitalistas. Pero ahora no tienen ningún enemigo más que ellos mismos, los más insolidarios, rapaces y feroces depredadores que ha inventado la naturaleza: El Capitalista Sapiens, devorador de plusvalías y pelotazos. El Capitalismo, de hecho, nació ya viciado y siempre ha sido pernicioso para la Humanidad: Hoy está poniedo en peligro el sistema ecológico, ha creado el calentamiento global y el agotamiento de los recursos, está produciendo una humanidad cuya mitad se muere de hambre mientras que la otra mitad se muere de obesidad, parte de la falsa premisa de que el crecimiento ha de ser indefinido y que los recursos son inagotables, y fabrica unos economistas dóciles que intentan justificar sus desmanes con medidas descabelladas incapaces de acabar con las crisis endémicas. El Capitalismo no funciona, es inhumano, es inmoral, es pérfido y hemos de sustituirlo por un sistema social racional y justo, porque nos va la vida en ello.
Los soviéticos intentaron construir una sociedad postcapitalista y les salió una chapuza totalitaria, una especie de capitalismo de estado que no servía para nada, como no fuera para facilitar la corrupción y la incompetencia, bajo una despótica vigilancia policial. Así les fue, y así les va a sus émulos actuales. La solución quizá va más por la vía de la Socialdemocracia, pero la famosa frase de Felipe González de “Hay que ser socialista antes que marxista” descafeinó y echó a perder la única vía razonable, sumándose a la universal tendencia de no contestar al Sistema desde la política activa.
Pero, dejémonos de paparruchas. El Estado debe amparar al ciudadano, dándole los medios necesarios para vivir bien o no sirve para nada y no le debemos ninguna lealtad. La Sanidad, la Educación, la defensa legal, la comida, el vestido, la vivienda deben ser garantizados por el Estado. La industria pesada, la banca, la seguridad colectiva y privada, las obras públicas, la industria farmacéutica, deben nacionalizarse. Y no vale el argumento de que los negocios privados funcionan mejor que los públicos; porque lo que hay que conseguir es que los funcionarios tengan una productividad equivalente al resto de los trabajadores. Que se les controle y se les exija, como debe ser. En cuanto a los emprendedores, el que quiera fundar un negocio privado que lo haga, siempre que no interfiera con las prestaciones estatales. Y la Economía que la dicte el Gobierno con la ayuda de unos verdaderos economistas formados adecuadamente. Todo ello en un escrupuloso sistema democrático más auténtico y perfeccionado que el actual. Que la presencia del pueblo en la política debe ser permanente y universal.
A lo mejor estoy diciendo tonterías, porque el homo sapiens es un bicho de mucho cuidado y no le van las cosas bien hechas ni los sistemas donde no haya sitio para los aprovechados. Pero sería una lástima.
Así que de momento tendremos que aguantar el chaparrón y maldecir a los malos fabricantes de paraguas con goteras.
Miguel Ángel Pérez Oca.