martes, 20 de septiembre de 2011

GALICIA, GALICIA...













Os pongo el texto de un correo electrónico que he mandado a una amiga gallega que vive en Madrid, ahíta de morriña, dándole cuenta de mis recientes vacaciones en la tierra de los percebes, los centollos, el granito, Prisciliano (suplantado por un tal Jacobo) y la sublime Rosalía de Castro.
Ahí va:

Para:Deva - De:Miguel Ángel Pérez Oca - Enviado:domingo, 18 de septiembre de 2011 - 19:52
Ay, Deva, que me he enamorado de Galicia. Ese paisaje brumoso donde la neblina difumina los perfiles de las cosas y las vuelve irreales, misteriosas y dulces, sin una línea recta del horizonte que nos recuerde que vivimos en la superficie de una esfera, sin unos campos yermos que nos digan que la vida puede rendirse bajo el sol y la sed, tal como en mi tierra rigurosa e intransigente. Todo verde y todo suave. Y la gente, dulce, suave y firme a la vez, cariñosa, trabajadora, con un punto de superstición y con la cautela de quien vive cerca del bosque y de las olas bravas. Celtas de los poblados de granito y paja en los altos de Santa Trega, con la desembocadura del Miño a los pies en un raro día de sol. Pontevedra y sus callejas de granito, sus soportales, y una amable y fuerte gallega que nos prepara un pulpo con pimentón junto a un bar que nos sirve un vasito de Alvariño y un pan jugoso como no los hay ya por estos lares. La Coruña con sus galerías blancas frente al mar y María Pita en su estatua, matando al inglés. Combarro con sus hórreos junto al mar, lejano en marea baja y amenazador cuando crece por influjo de la luna. Santiago, con el santo que hay que abrazar, aunque yo lo saludé en voz baja, y le dije: "Hola, viejo Prisciliano, siempre habrá quien no te olvide, camarada revolucionario. Tú eres tú y aquel palestino, discípulo de Cristo, que murió en Tierra Santa, usurpó tu fama, pero no lo consiguió del todo, ¿verdad?" y el misterio, tan gallego él, continuó presidiendo el magnífico templo románico enmascarado tras una inoportuna fachada barroca. Qué bella debió ser la catedral cuando el Pórtico de la Gloria lucía desnudo en su frontispicio de arcos de medio punto, antes de Trento y sus truculencias y recargamientos. No he visto panorama más impresionante que el que se divisa desde la Torre de Hércules, al son de una gaita tocada con maestría por un celta que no era precisamente gallego, sino irlandés (cosas de la vida y de la globalización), ni escultura más inquietante que la del "Cuerpo Danone" al comienzo del camino que conduce al faro eterno. Y Baiona, con su réplica de la Pinta y sus mariscadoras de brazos hercúleos, estampa viva de la fuerza de las mujeres gallegas. La guía nos hablaba de las féminas de estas tierras, de su energía, de su férrea voluntad y de su dulzura. Recordó los gigantescos restos de una mujer celta de más de dos metros de altura, encontrada en unas excavaciones de la catedral de Santiago, de María Pita, de la Bella Otero, de doña Emilia Pardo Bazán, y de la inigualable Rosalía de Castro:
"Adiós, ríos, adiós, fontes;
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos;
Non sei cando nos veremos..."
Es la morriña, la nostalgia, tan gallega ella, hecha poesía, y sobre todo la galleguidad, auténtica y retunda. Ah, Rosalía, cómo del dolor puede surgir tanta belleza. Si además es cantada por Amancio Prada, uno se puede morir de dulce tristeza.
Y el paladar también participa con la poesía gastronómica de un plato de percebes, o de berberechos, o de gambas tiernas y jugosas como la niebla, o de mejillones al vapor degustados en plena ría de Arousa, a bordo de una barca del Grove. Las gaviotas, tan listas como el hambre, se acercan y planean sobre nosotros y capturan las mollas de mejillón de la punta de nuestros dedos. Después, ahítos de marisco y alvariño, bailamos una muñeira en una de las mejores tardes de mi vida, acompañados de los gritos exigentes de las gaviotas, entre bateas y risas. Qué momentos tan magníficos.
Por vivir unos días en Galicia y entrar en su espíritu, vale la pena aguantar un viaje de 14 horas en autobús y acabar con los pies hinchados como botas.
"Adiós groria, adiós contento.
Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozco
por un mundo que non vin.
Deixo amigos por extraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!"
Tienes suerte, mucha suerte, de ser gallega, y mujer, y sabia...
Besiños.
Migueliño el antípoda.

martes, 6 de septiembre de 2011

¡ESTOY HARTO!










Estoy harto de escuchar la radio, poner la tele, abrir el periódico y que solo me hablen de economía, del paro, de la crisis, de los perversos mercados, de los gobiernos culpables, de la juventud frustrada, indolente o utópica, de los economistas que nos dan lecciones a toro pasado, de los políticos carroñeros que nos dicen que van a solucionar todos los problemas pero nadie sabe cómo, de los Papas y curas demagogos que se aprovechan de una manera u otra de los jóvenes ingénuos y tiernos, de los gurús de la kultura, de los dictadores a los que se combate solo si tienen petróleo en la finca, de los traficantes de armas, de los traficantes de drogas, de los traficantes de hambre, de la doble moral de los poderosos píos y correctos que violan camareras de hotel, de la violencia contra los diferentes y contra las mujeres, de la que se avecina...

Llevo toda la vida muerto de miedo; toda mi juventud esperando la caída de un pepino nuclear soviético, que luego me enteré que eran de cartón piedra y tardaban horas, no minutos, en poder ser lanzados. Me asustó y me engañó Franco, me amenazó el zar soviético de turno en nombre de sus trabajadores que, según creíamos los ingénuos comunistas de entonces, vivían en la gloria proletaria, me asustaron los yankis con sus bases y su chulería a lo John Waine mientras protegían al dictador católico y apostólico que andaba bajo palio.

Ahora me atemorizan los economistas, los mandamases de la industria farmacéutica, los salvadores que predican contra el tabaco, el alcohol, el colesterol y todos los pequeños placeres de la vida y prefieren prohibir en lugar de enseñar moderación.

Maldigo a los economistas que no previeron la crisis, o nos la ocultaron, a los bancos que son los únicos que no pueden perder uno solo de los euros que les confiamos llenos de candor, a los mercados que somos todos en este sistema infame, corrompido y fracasado, condenado a una crisis permanente, camino de la nueva esclavitud y la humillación definitiva de los que siempre han sido pobres, aunque creían (creíamos) que una hipoteca milagrosa y generosa nos iba a sacar a todos de la modestia.

Me gustaría tomar el Palacio de Invierno y hacer la revolución para traer una nueva sociedad verdaderamente justa a este mundo, pero sé que no hay nada que hacer, que las revoluciones acaban siempre en sainete, que este mono desnudo, brutal y pedante, que somos no tiene arreglo. Que un depredador, cazador innato y comedor de carne sanguinolenta, como el mal llamado homo sapiens (qué risa, sapiens) no puede aspirar a una vida pacífica y equitativa. Que estamos condenados a lamentarnos por toda la eternidad de nuestra efímera existencia, a sufrir con respeto y humildad ciudadana los desplantes y las chulerías de los líderes natos y de los líderes por derecho de sangre, o de pernada, o de enchufe.

Y aún podría estar peor, me digo, si me quitan el derecho al pataleo (en mi blog y poco más, ¿eh?), o a votar entre los "carotas" y los "tontilocos" (Cela Jr. dixit) cada cuatro años, mientras los poderes "económico-fácticos" se ríen en mis narices.

Me da asco esta sociedad fracasada que nada me ofrece, que arrastra sus frustraciones detrás de un paso de Semana Santa, o desde las gradas de un campo de fútbol, o en el seno de un botellón. Me molesta el olor a sudor y a rancio de las aglomeraciones fervorosas.

Así que voy a tomarme un respiro. Me marcho a Galicia unos días, a ponerme morado de percebes, alvariño, nécoras y filetes de buey. Qué le voy a hacer: yo también soy una fiera carnívora y lujuriosa.

Hasta la semana que viene, que tampoco me voy para siempre al valle de Sangri La, que ya sé que no existe.

Miguel Ángel Pérez Oca, el mono vestido.

martes, 30 de agosto de 2011

UNA FAMILIA EJEMPLAR













Ahí va un relato sobre la familia que he escrito para las Tertulias de la Bodega de Adolfo. Que aproveche.

LA FAMILIA DEL PATRIARCA.
La mansión dominaba el valle abancalado hasta la cima de sus colinas. Viñedos y árboles frutales sufrían los envites del viento y la lluvia en aquella noche tormentosa, aunque los ocupantes de la estancia no se preocupaban demasiado por ello. Allí estaba reunida toda la familia. A la cabecera de la mesa, con el anguloso rostro iluminado en ocasiones por los relámpagos, el patriarca, don Zósimo de Arrarte y Moa, se atusaba los blanquísimos y enormes bigotes, mientras daba cuenta del café, a las postrimerías de una opípara cena. Frente a él, sus hijos y respectivas esposas aguardaban sus palabras: El mayor, su duplicado exacto, tanto en el nombre como en sus bigotes hirsutos, aunque todavía oscuros. A su lado, su esposa Tirsa, de mirada altiva. El segundo de los hijos, Pancracio, que de llevar mostacho hubiera resultado una segunda copia del padre. Su esposa, Lilí, pizpireta y gentil. El tercer hijo, Paco, pelirrojo y fornido, junto a su mujer, Pepa, grande y fuerte como él y de aspecto más bien simple. Y al fondo de la mesa, el menor, con hábito de fraile teatino y un gesto pío y solemne bajo el cráneo tonsurado.
-Y así, sintiéndome ya cerca de la muerte, he decidido hacer testamento y legar mis bienes a mis herederos, con el siguiente reparto – decía el viejo -: A mi primogénito, Zósimo, dejaré la responsabilidad de mantener productiva esta finca solariega de los Arrarte y sus campos que abarcan todo el valle. A Pancracio le dejaré las casas de Madrid y Zaragoza, cuyas rentas le darán para vivir holgadamente. Legaré a Francisco el astillero de Cartagena, que ya en la actualidad dirige con diligencia. Y a mi santo hijo Amador, todos los valores, acciones y rentas bancarias que según me tiene dicho cederá a su orden, pues el voto de pobreza le impide disfrutarlas personalmente…
Todos inclinaron la cabeza y se besaron unos a otros con cariño antes de marchar a sus aposentos. No hubo ninguna objeción a las sabias decisiones del patriarca, pues aquella era una familia ejemplar, cristianísima y obediente.
Pero, a la madrugada, el fraile despertó a sus hermanos con gritos desgarrados.
-¡Venid a la habitación de padre, que ha ocurrido una desgracia!
Y todos, todavía en ropa de dormir, se apresuraron a entrar en el dormitorio del anciano, al que encontraron tendido sobre el lecho, vestido con su uniforme de Caballero de la Orden de Malta y con las manos cruzadas sobre el vientre.
-Esta noche, el mayordomo lo ha encontrado muerto – decía el religioso, disimulando una mirada maligna – Ya nadie podrá objetar su voluntad; aunque quizá alguno hubiera deseado impugnar las particiones, tras hablarlo con su esposa...
El mayor carraspeó fuertemente, antes de atreverse a hablar en presencia, si bien póstuma, del padre.
-Pues, veréis… Según las leyes y normas seculares de nuestra estirpe, me correspondía a mí el mayorazgo y todos los bienes de la familia. Yo me hubiera ocupado de vosotros, naturalmente, pero la propiedad debería ser mía e indivisible.
-¡Y una mierda! – gritó Paco, fuera de sí –¿Para eso me he roto yo los cuernos en ese astillero? Y, además, ¿por qué las cuentas bancarias para el cura, si es bastardo?
-Anda, como tú, “hermanito” - dijo Lilí, abandonando su habitual simpatía -, que te pareces más al capataz Rigoberto, que en gloria esté, que a tu presunto padre.
-Los dos hijos fraudulentos de papá y mamá no deberían heredar nada – remató Pancracio – Nosotros no tenemos la culpa de que nuestros padres fueran unos viciosos.
Y entonces el Patriarca se alzó de la cama, dándoles a todos un susto de muerte. De pie sobre las sábanas de raso granate, los fue señalando con índice acusador.
-¡Malditos seáis, egoístas despreciables! Ya me lo temía yo: He criado una manada de hienas. Así que... ¡Os desheredo a todos! ¡Fuera de mi vista! ¡Pendejos!
Y antes de morir despilfarró su fortuna en juergas de vino y putas.
Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 7 de agosto de 2011

SUEÑO PAPAL.






Herr Ratzinger se despertó aquella mañana con una rara sensación. No llegaba a creerse que era Papa. El nombre de Benedicto XVI no le decía nada. El vago recuerdo de un sueño en el que Jesucristo le recriminaba una supuesta falta de caridad estuvo atormentándolo mientras se aseaba y sus ayudas de cámara lo vestían.
Llegó su secretario con los periódicos de la mañana y una carpeta con documentos que había que despachar.
-¿Qué dice la prensa? – preguntó distraídamente.
-Pues lo de siempre, Santidad: guerras, crisis… y lo de la hambruna de Somalia – y le tendió un diario con una espeluznante fotografía en portada de un niño negro agonizando de hambre.
Y entonces, herr Ratzinger tuvo una inspiración y volvió a sentirse Papa.
-A ver, siéntate y toma nota de una serie de disposiciones que voy a tomar respecto a mi futura visita a España: No quiero que ese viaje cueste un solo euro a los españoles, sino que ese dinero se invierta en ayudas a los niños hambrientos de Somalia. Iremos en vuelo regular con un reducido séquito, cuyos pasajes pagará el Vaticano. No quiero ninguna clase de pompa ni lujo en mi visita. Hablaré a los fieles y celebraré la misa en el Estadio Santiago Bernabeu o cualquier otro sitio despejado, donde se instalará un altar de campaña lo más sencillo posible y la megafonía que quiera prestarnos algún fiel acomodado. En cuanto a las fuerzas de seguridad, solo las imprescindibles para regular el tráfico y el orden entre los asistentes, y formadas por agentes católicos que quieran hacer el servicio gratis. Y ninguna protección personal…
-Pero, Santidad, vuestra seguridad debe ser garantizada… - objetó el secretario.
-Hombre de poca fe – le recriminó Benedicto XVI -. Si Dios quisiera llevarme con Él me haría un favor inmenso. ¿Para qué quiero hombres armados a mi alrededor, dispuestos a matar para protegerme? ¿Acaso has olvidado que ser un mártir de la fe es un gran privilegio? – y el subordinado bajó la cabeza, abrumado por sus palabras.
-Quiero hablar por teléfono, ahora mismo, con el Rey, con Zapatero y con el Cardenal Rouco. Quiero que me hagan un cálculo de los gastos que supondría mi visita si se hiciera de la forma programada, y que se comprometan a enviar ese dinero inmediatamente a Somalia en forma de alimentos, medicinas y demás. Que se forme esta misma mañana un comité de control y coordinación para ocuparse de su distribución, evitando abusos y corruptelas. Quiero que se pida a nuestros fieles que asistan a los actos solo si ello no les supone gasto alguno, y a los que estén fuera y tengan previsto viajar a Madrid, que no lo hagan y que manden a Somalia el dinero que pensaran gastarse. También quiero que estudiemos una ayuda extraordinaria que pueda salir de nuestras arcas; así que dile al Tesorero que venga a verme enseguida. Por otro lado, voy a convocar una reunión urgente del Colegio Cardenalicio para elaborar un Plan de Austeridad de la Iglesia y otro Plan de Ayudas a los Necesitados. Habrá que convocar a economistas, políticos, representantes de las iglesias del Tercer Mundo…
El Papa sonrió al ver la cara de estupor de su secretario.
-¿Sabes, Carolo? Por primera vez me siento legítimo heredero de Aquel que echó a los mercaderes del Templo…
…………………………………………………………………………………
El Papa se despertó confuso y agitado. Tardó un tiempo en serenarse y llamar a sus sirvientes.
-He tenido un sueño muy raro, ¿sabes? - dijo a su ayuda de cámara, mientras se revestía de lujosos ropajes blancos -. He soñado verdaderos disparates… Qué tontería.

Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 2 de agosto de 2011

UN RELATO SOBRE EL VINO.

Ahí va un relato de los que escribo para la Tertulia de la Bodega de Adolfo. Es un tanto fuerte, pero espero que os guste.



VINO AL BORDE DEL ABISMO.
Ahí está el vaso, cilíndrico y brillante, lleno de un vino rojo oscuro más cerca del tono de la sangre que del rubí. En otro tiempo lo hubiera olido y paladeado intentando captar el espíritu de sus taninos llenos de vida. Hubiera sabido, sin mirar la etiqueta de la botella, su procedencia, la marca e incluso la cosecha. Yo era entonces un entendido en vinos y quería estudiar para enólogo y ganarme la vida haciendo de la crianza una obra de arte y de perfección. Hubiera dado nueva vida a los viñedos de mi padre, hubiera hecho de nuestros caldos el estandarte de mi comarca. Ahora, en cambio, me da igual la marca, el origen, la cosecha, el sabor más o menos afrutado, el aroma, el color. Solo quiero que sea vino, vino vulgar y barato, con tal de que guarde en su interior el fuego alcohólico de sus grados. Porque para mí el vino ya no es un medio de alcanzar el feliz equilibrio de la vida ante una mesa con ricos manjares, una conversación ingeniosa y quizá un cruce de miradas prometedoras de un inmediato romance. No, el vino, ahora, solo me sirve para aturdirme, para caer de nuevo en la borrachera nauseabunda y el frenesí de un delirium tremens que me lleve de una puñetera vez a la tumba.
Varios años de rehabilitación en el más caro de los establecimientos especializados no han conseguido que vuelva a ser el mismo de antes. Buenos dineros que se ha gastado mi padre para conseguirlo, pero es justo que su fracaso, no el mío, sea el digno castigo al inmenso daño que me hizo. Hoy he salido de la clínica, dicen los médicos que rehabilitado, y me ha faltado tiempo para entrar en una taberna y pedir una botella de vino peleón. He mojado el índice en el vaso y he escrito en la madera: “Me cago en mi padre”.
Acababa de estallar la guerra y a mi digno progenitor le faltó tiempo para ponerse del lado de los insurrectos y darles la lista de los izquierdistas del pueblo a los que había que eliminar. “O ellos o nosotros”, dijo. Al día siguiente me llamaron a filas y mis padres se quedaron lloriqueando a la puerta de la finca, temiendo por mi vida. Pero padre escribió a cierto amigo suyo, pidiéndole que me protegiera. Y así fue como me vi en retaguardia, formando parte de un elitista y bien uniformado pelotón de fusilamiento.
Nuestras primeras víctimas fueron los dirigentes locales de la CNT. Aún recuerdo la mirada de odio de un sindicalista que de niño había jugado conmigo. Cuando el teniente dio la orden de disparar y aquellos hombres curtidos gritaron “¡Viva la República!”, yo cerré lo ojos y apreté el gatillo. El resultado fue un montón de moribundos que se retorcían pidiendo la clemencia del tiro de gracia.
“¡No volváis a hacerme esto, cabrones! – gritó el teniente -. La próxima vez apuntad muy bien al corazón o justo entre los ojos. Disparando con miedo no conseguís más que hacerles sufrir innecesariamente”. Y en la siguiente ejecución, tan solo unas horas más tarde, destacaba entre los reos la maestra del pueblo. Nunca olvidaré su mirada serena y acusadora. Nunca se me borrará el sabor de un beso fugaz durante las fiestas de hacía unos años; un sabor que permanecía en mi conciencia mientras apuntaba entre sus enormes y hermosísimos ojos de color violeta con la intención de que no llegara a sentir la muerte. “Cobarde, cobarde”, musitaba su boca mientras clavaba su mirada en la mía. “¡Fuego!”, gritó el teniente, y yo disparé y la vi caer como un fardo, con la mirada fija todavía en mí y la palabra “cobarde” helada en sus labios.
Desde ese día me dediqué a vaciar botellas, a aturdirme con el vino, a dejarme caer en el lodazal de mi culpa insufrible. No hubo manera de que volviese al pelotón, borracho como estaba a todas las horas del día. Me arrestaron, casi me fusilan. Salí del calabozo para ir al manicomio y hoy he salido al fin del manicomio para ir al infierno.
El vaso está ante mí, lleno de vino barato. Si me lo bebo ahora, volveré a hundirme en el abismo. Lo merezco. Me lo acerco a la boca y voy tragando lentamente.
Glu, glu, glu…




Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 31 de julio de 2011

EL MONSTRUO DE OSLO.




Se veía venir. No en Oslo, precisamente; porque Noruega siempre nos ha parecido un remanso de paz ciudadana, un lugar donde la buena educación, la cultura y la tolerancia hacían imposible la crispación. Pero, amigos, Internet llega todos lados, e imbéciles hay en todas partes. Hay quien se quita el complejo de inferioridad paseando por la calle un perro peligroso o pilotando un coche espectacular o luciendo una novia rubia y atlética. Pero hay gente dada a las posiciones extremas que no se conforma con eso, y reacciona ante las provocaciones de la extrema derecha por Internet, prensa, radio y televisión haciendo alguna barbaridad.
Hace ya tanto tiempo que no recuerdo la primera vez que me sorprendió, que recibo en mi ordenador correos estúpidos cargados de xenofobia y mal entendido patriotismo racial. La extrema derecha, incluso la nuestra local, nos agobia gritando que viene el lobo islamista, que los inmigrantes nos van a arruinar y a quitarnos el trabajo, y que los socialistas tienen la culpa, con su permisividad culpable; insinuando que esta permisividad es intencionada, para destruir la sagrada Patria, la Raza, y demás valores inamovibles. Hasta ahora, me había limitado a echar estos panfletos impertinentes a la papelera electrónica, pero ya me estaban cabreando cuando ha pasado lo de Oslo y la isla llena de adolescentes masacrados. ¡Ya está bien!
Podríamos poner ejemplos de periódicos y emisoras de radio y televisión de nuestro país que se regodean con estas argumentaciones neofascistas (neofranquistas en nuestro caso). Y estas cosas siempre encuentran a algún loco que les dé crédito, todavía más si la derecha presuntamente moderada no las condena abiertamente sino que les da alas con insinuaciones y apoyos velados.
Y así, la rapiña de unos votos y las secuelas de los fascismos del siglo XX producen un creciente y alarmante fenómeno, que en América se llama Tea Party, y en Europa, Le Pen (hija), neonazis ingleses, polacos ultra católicos y ultra puritanos escandinavos, entre otros. En España, los voceros del odio racista aparecen por periódicos de derechas que admiten en sus páginas resabios franquistas, y emisoras de radio y televisión que nos dan la tabarra ultra, impunemente, cuando recorremos el dial.
Si esta vez ha ocurrido en la pacífica y ejemplar Noruega, mañana puede ser aquí o en cualquier otro lugar. Un cretino presuntamente "patriota" y con alma de justiciero bíblico nos puede destrozar la fiesta democrática, y entonces algunos condenarán hipócritamente la acción del monstruo o monstruos, ignorando deliberadamente que han contribuido a la masacre echando leña al fuego.
La próxima vez que reciba un correo xenófobo me ciscaré en la prostituta progenitora del autor del infecto panfleto, con perdón de la señora que, seguramente, no tendrá la culpa de haber parido un cretino.
Que conste.
Miguel Ángel Pérez Oca.

sábado, 23 de julio de 2011

GOOD BYE, MISTER CAMPS.





¡Y se ha ido antes que Zapatero! ¡Qué risa! Dio su discursito victimista, heroico y retórico, sin reconocer su culpabilidad,

¡faltaría más!, abrazó a todos sus "amiguitos del alma", se fue y no hubo nada. Todos le devolvían el abrazo, aunque en la mayoría de los casos, uno adivinaba miradas de alivio, algo así como si le dijeran por lo bajini: "Venga, venga, sí, sí, eres muy bueno, lo que tú quieras... pero, lárgate ya". Por lo visto, Trillo (otro que tal baila, especialista en ver la paja en el ojo ajeno) había venido a convencerle de que reconociese su culpabilidad y así se ahorraba el sofocón de verse en el banquillo, pero él no pudo resistir tamaña ofensa. - ¡Uy lo que me ha dicho! ¿Reconocer mi culpabilidad, como si fuera un roba gallinas? ¡Jamás de los jamases, yo soy un señor y los señores nunca son culpables! ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Yo solo respondo ante Dios y ante la Historia! - Pues, hala, te tendrás que marchar, porque no vamos a tener a un Molt Honorable President de Comunitat frente a un tribunal en plena campaña electoral. - Pues me voy. - Pues te vas. - Pues tú bien que aguantaste el tipo cuando lo del Tupolev. - No es lo mismo. - Claro, lo tuyo fue una tontería de nada, ¡No te jode! - Oye, a mí no me compliques la vida, ¿eh? que yo no sé nada, yo te digo lo que me ha dicho Rajoy. - Rajoy se va a enterar. - Pues que se entere. - ¿Entonces, me tengo que ir? - Y el enviado del Jefe Supremo, Providencial y Carismático (!) afirmaría en silencio. - ¿Y si no me voy? - Pues tendrás que reconocer tu culpabilidad. - ¿Y si no la reconozco? - Pues será peor... mucho peor. - Y unos sudores fríos recorrieron, con toda seguridad, la amplísima frente del hombre de las visitas papales, los eventos deportivos internacionales, el adiós a las Cajas, el déficit grandioso y los trajes. Bajó la mirada, se encogió de hombros y casi murmuró, apenas audible: - Vale, pues me voy, pero no renuncio al escaño, que si no pierdo el aforamiento. - Vale, pues te vas. - Y mister Camps se deshizo en llantos como una Magdalena, antes de maldecir a los sastres y caer desmadejado sobre la alfombra. Afortunadamente, el señor Trillo, al que nada se le escapa (bueno...), había traído su frasco de sales.

Todo este diálogo es inventado ¿eh? y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, que estas cosas se hacen a puerta cerrada y a saber qué se dijeron los angelitos y cuáles fueron los argumentos que utilizó el Trillo para convencer al Camps.

Las crónicas no han dicho si Rita Barberá se cayó de culo al saberlo y si los dos que ya habían reconocido su culpabilidad, a consejos de Trillo, se ciscaron en algún familiar allegado de alguien. Lo cierto es que Rajoy, después de pedirle, vía Trillo, que reconociera su culpabilidad, ahora va y dice que es inocente, víctima de las insidias de los enemigos de la Patria. ¿Qué le dirán ahora a los incautos que les votaron hace tan solo unos meses? "Votad a un presunto culpable de cohecho impropio", debería haber sido el slogan si la honradez y cierta clase de política fueran compatibles. ¿Y Canal Nou (¿nueve o nuevo? vaya usted a saber) ? Bien, gracias. Los que solo ven Canal Nou (si es que alguien es tan masoquista) sabrán ahora (en diferido) que mister Camps ha dimitido para que gane Rajoy las elecciones (lo ha dicho él), pero como nadie (de C-9) les ha contado lo de los trajes, pensarán que ha sido un capricho de este hombre tan grandilocuente como sensible. Y veremos la prisa que se dan sus "amiguitos del alma" en olvidarse de él, en borrarlo de las fotos, como Stalin hizo con Trotski o Franco con Azaña. O peor aún, lo que tardan en desmarcarse de su política, en abominar de sus ocurrencias tan caras, tiempo al tiempo. De momento ya han puesto en su lugar al alcalde de Castellón, que es un señor al que nadie identifica con el mister defenestrado. Había gente más cercana, pero debían oler a Pachuli.

Ahora, a ver qué pasa con Ripoll, con Castedo, con el otro Fabra (el malo) ¿con el mismo Rajoy? cuando salga a relucir toda (todas) la (las) presunta (presuntas) porquería (cacas). Cuando las barbas de tu vecino veas cortar... ya sabes.

Pues, nada, mister Camps, esperamos verlo en el banquillo para reirnos un rato.

Bye, bye...

Total por unos trajes...

Miguel Ángel Pérez Oca.