domingo, 29 de noviembre de 2009

¡QUE ME EXCOMULGUEN A MÍ TAMBIÉN!


No es que Bono sea mi político favorito, pero me parte el alma verlo lamentarse de que a él lo han excomulgado mientras que a Pinochet no. Eso le pasa, señor Bono, por ser católico y pertenecer a un partido de izquierdas. ¿Es que no sabe que desde que Constantino y Teodosio entregaron el poder religioso a los cristianos, la Iglesia siempre ha estado de parte de los poderosos? ¿Ha visto usted "Ágora"? Pues saque sus conclusiones. Empezaron matando a Hipatia, por ser pagana, sabia y mujer. Quemaron a Giordano Bruno y tantos otros miles de desgraciados disidentes (ellos los llamaban "herejes"). Pasearon a Franco bajo palio. Dieron la comunión a Videla y a Pinochet, entre masacre y masacre. Y ahora excomulgan a todos los diputados que voten a favor de la nueva ley de plazos para el aborto. Pero no dijeron ni "mu" durante los 8 años en que gobernó Aznar sin revocar la anterior ley que permite el aborto bajo determinados supuestos, tan fáciles de acogerse a ellos si se está dispuesta a mentir. Tampoco condenaron a Franco por fusilar a sacerdotes vascos. Ni repudian la pena de muerte. Ni mandan a los misioneros a trabajar por los niños que se mueren de hambre y sida en África, sino a evangelizarlos, a hacerlos fieles católicos, aunque no tengan qué comer. Afortunadamente, los misioneros ven lo que hay y se preocupan de lo que tienen que preocuparse, y piden a las ONG que les manden comida y condones, diga lo que diga ese teólogo abstracto que no se entera de nada y que ahora ocupa la silla de San Pedro.

Como ha dicho recientemente Enrique de Castro, ese cura de verdad que predica la palabra de Cristo y lucha por los pobres (sí, ese al que el cardenal Rouco le quería cerrar parroquia por dar la comunión con rosquillas y enseñar la Teología de la Liberación), la cuestión de cuál es el momento en que el feto se convierte en un ser humano debe ser establecida por los científicos y no por los sacerdotes, no vayamos a repetir la metedura de pata que se perpetró con Galileo. Pero, claro, lo del aborto como crimen es un argumento que justifica muchas cosas, porque, como nunca han condenado la pena de muerte, a los "criminales abortistas" se les podría incluso ajusticiar, y la lucha contra los "asesinos de niños" puede "explicar" cualquier tropelía, desorden, golpe de estado, etc., con lo cual, de rebote, Franco queda exonerado de sus crímenes porque se sublevó contra los izquierdosos que hoy se relamen de gusto asesinando niños de dos centímetros de estatura.

Y hablan del aborto como si los que promueven esta nueva ley sintieran alguna clase de placer fomentándolo; y miran para otro lado cuando el sentido común les dice que esta ley lo que persigue es que ninguna mujer que sufra la desgracia de tener que abortar (que no es plato de gusto para nadie) deba ser castigada; y que la que decida hacerlo, por las causas personales que sea, tenga las necesarias garantías sanitarias, sin que se vea obligada a recurrir a abortadoras clandestinas que pongan en peligro su vida. Eso, creo yo, es defender la vida. Pero no, de eso nada, ellos son partidarios de las políticas represivas, como si se pudiera evitar que las desesperadas aborten, prohibiendo el aborto. Ya se sabe que en épocas de intransigencia las que abortaban se jugaban la vida y la libertad, y, a pesar de ello, seguía habiendo abortos. Según mi opinión, lo que hay que hacer es desarrollar, paralelamente a la ley, una política de educación sexual que ayude a las jóvenes a no sufrir embarazos no deseados; pero la Iglesia siempre se ha opuesto a que a los jóvenes se les hable de sexo. Para la Iglesia, la única manera legítima de evitar el embarazo es la castidad, la renuncia antinatural al sexo; pues que se lo digan a los curas pederastas de EE.UU. e Irlanda. En fin, ¿qué van a opinar sobre la libertad sexual, ni ninguna otra libertad, los herederos de los que se hincharon a quemar herejes y brujas en la hoguera? Mucho me temo que si no queman ya a nadie es porque no los dejan.
Qué lejos queda ya el magisterio de aquel papa bueno, inteligente y reformista que fue Juan XXIII. Desde la sospechosa muerte de Juan Pablo I, la reacción más cerril, a la sombra de Juan Pablo II y los acólitos de Escrivá de Balaguer, se ha adueñado de la Iglesia. El padre Arrupe lloró en su lecho de muerte cuando le impusieron un sucesor dócil al frente de los jesuitas, y monseñor Romero y el padre Ellacuría siguen esperando el reconocimiento oficial de su martirio y su santidad. Recuerdo al papa polaco recriminando en público al padre Cardenal, en Nicaragua, por "hacer política" tomando partido por los sandinistas y predicando la Teología de la Liberación, mientras él consentía que los sacerdotes polacos hicieran política a favor de Lech Walesa. Y ahora, como en la Edad Media, tienen la osadía de excomulgar a los políticos que no les hacen caso. ¿Pero qué se han creído? Los tiempos en que los curas podían inmiscuirse en la política amenazando con castigos metafísicos ya ha pasado, gracias a Dios. Aunque, al parecer, monseñor Camino y sus jefes no se han enterado.

No se preocupe, señor Bono, que con esta Iglesia que nos ha tocado sufrir, estar excomulgado es un honor. De hecho, le envidio, porque a mi me haría mucha ilusión ser excomulgado. Estoy pensando en hacer apostasía y librarme de la vergüenza de pertenecer a una comunidad con semejantes dirigentes; pero no me decido porque no me da la gana rebajarme a pedirles que me borren de sus listas. Si hay otro mundo y Jesús de Nazareth pudiera volver de él, estoy seguro que repetiría su arrebato del templo, cuando expulsó a los mercaderes a vergazos, aunque esta vez lo haría en el Vaticano y sería inmediatamente excomulgado.

En fin, que ojalá me excomulgase el inefable e inaguantable monseñor Camino. Yo, por si acaso, me proclamo solemnemente, y desde hace mucho tiempo, hereje contumaz, apóstata, descreído y felizmente autoexcomulgado.

Miguel Ángel Pérez Oca.

jueves, 26 de noviembre de 2009

ADIOS, PEPE CABALLERO


Se nos ha muerto Pepe, a los 96 años y en plenas facultades mentales. Y nos ha dicho uno de sus sobrinos que el otro día, en el hospital, todavía le dijo que le gustaría tomarse un orujo de esos que le mandaban sus amigos de Galicia. Solo faltaba que hubiera pedido también un puro. Genio y figura. Una vez, en un programa de la SER que se hacía desde Alicante, creo que con Gemma Nierga, la famosa locutora le preguntó la edad, "94 años" le contestó Pepe. "Vaya, ¿y cómo se mantiene usted tan bien?", y Pepe, con su sorna característica, le contestó: "Gracias al orujo que me tomo y los puros que me fumo". Yo creía que Pepe era eterno, que gracias a sus puros milagrosos y sus sorbitos de orujo, en las sobremesas, cuando la conversación subraya una buena comida, iba a sobrevivirnos a todos, como un monumento vivo al ingenio, a la coherencia y a la hombría de bien. Pero, al fin se nos ha ido, y se ha ido como él quería, sin curas en su funeral, sin campanas mercenarias, sin parafernalias religiosas, coherente hasta el final, en una ceremonia civil donde sus sobrinos y sobrinos nietos, y un buen amigo, nos han dicho unas palabras. Y en el aire se ha quedado una idea: se va y nos deja melancólicos, pero melancólicos de una melancolía alegre, de una añoranza tan llena de buenas anécdotas, de frases oportunas e ideas brillantes, que , aunque se vaya, se ha quedado ya entre nosotros para siempre.

Yo conocí a Pepe Caballero en casa de Evaristo Pitaluga, otro de los grandes, otro de esos que son consecuentes hasta el final. Yo le tenía un enorme respeto y una gran deuda de gratitud a Pitaluga, hasta el punto de que le dediqué un homenaje, dándole su apellido al protagonista de mi novela "25 de mayo, la tragedia olvidada". porque Pitaluga fue el primero que se atrevió, en mis años mozos de montañero, a decirme: "Miguel, Dios no existe". Ni siquiera había habido nadie que se atreviera a decirme que los niños no vienen de París ni que los Reyes Magos son los padres, y él me decía, nada menos, que Dios no existe. Bravo Pitaluga. Me sentí tan asustado y a la vez tan libre, tan responsable de mis propios actos, que nunca se lo agradeceré bastante. Pues bien, algunas veces Evaristo Pitaluga y su esposa me invitaban a comer a su casa y me deleitaban con vinos exquisitos y embutidos y conservas que les traían de muy lejos. A Evaristo le gustaba disfrutar de la vida. A Pepe Caballero también. Un día Pepe y yo coincidimos en casa de Evaristo, y desde entonces nos hicimos amigos, con una buena amistad sellada en una sobremesa soberbia, junto a los geranios del patio, bajo un cielo muy azul. Solo yo he sobrevivido de los participantes de aquella sobremesa que no cambiaría por ninguna otra experiencia. Porque Pepe era, sobre todo, un gran conversador, un hombre que, como han dicho sus amigos en el funeral, cuando estaba en una reunión, no hacía ni frío ni calor, porque lo que hacía era Pepe.

Excelente caricaturista, lamento profundamente que su edad, su vista ya cansada y su pulso de los últimos años, le impidieran hacerme una caricatura de las suyas que, en cuatro trazos, era capaz de capturar el alma del dibujado.

La última vez que que hablé con él, a principios de este año, fue en su casa de El Palmeral, donde nos había invitado a comer a Carmen Pacheco y a mi a unas "doradas a la sal, sin sal", excelente plato de su invención que se cocina con la ayuda del microondas. Después hablamos como a él le gustaba, alrededor de la mesa camilla, con un vasito de orujo delante, de libros, de política, de esas cosas que tanto enriquecían a los que compartían con él una sobremesa.

Ahora se nos ha ido, a sus 96 años, con la mente todavía lúcida y brillante, y la vida nos ha hurtado muchas horas de amena y fructífera conversación que todavía nos hubieran hecho buen provecho.

En el funeral se oyeron bellas palabras y música entrañable, hasta sonó el Himno de Riego, y todos nos fuimos del tanatorio con una lágrima y una sonrisa.

Adiós, Pepe, gracias por haberte conocido.

Miguel Ángel Pérez Oca.

lunes, 23 de noviembre de 2009

¡VAYA SEMANITA!







¡Vaya semanita que me he pegado! El jueves 12 me fuí con los compañeros de Alicante Vivo a hacerle una entrevista a Sonia Castedo, Alcaldesa de Alicante. Yo había preparado las preguntas referentes a la Memoria Histórica, sobre todo la de por qué no se ha puesto todavía el monumento a las 300 víctimas civiles del bombardeo sufrido por el Mercado Central de Alicante el 25 de mayo de 1938. La verdad es que en el trato directo la señora Castedo gana mucho. Debo confesar que me dio muy buena impresión, aunque por supuesto no comulgue en absoluto con sus ideas políticas. Me pareció una persona muy lista, con grandes dotes de persuasión y que expone sus ideas con claridad. Tiene carisma y eso es algo que hay que tener muy en cuenta, sobre todo por parte de sus rivales políticos. Yo, si estuviera en el lugar de mis amigos del PSOE me pensaría mucho qué contrincante habría que ponerle a la candidata Sonia Castedo en las próximas elecciones municipales; porque no vale cualquiera, por muy eficiente y bien intencionado que sea. Hay que oponerle alguien que pueda resultar tan convincente como ella, y eso es muy difícil.



La alcaldesa nos aseguró que el monumento a las víctimas del 25 de mayo se va a poner, y que si no se ha puesto ya es por un desafortunado malentendido sobre la palabra "fascista" que los miembros de la Comisión Cívica para la recuperación de la Memoria Histórica han colocado en el texto que acompañará a ese monumento. La verdad es que los compañeros de Alicante Vivo y yo mismo pensamos que una palabra no vale un monumento y que lamentamos la intransigencia de ambas partes. Y que lo lamentable es que, mientras se discute por una palabra, el monumento no se pone y los viejecitos supervivientes, que cada vez son menos, se quedan sin la satisfacción de verlo colocado en la Plaza del Mercado. Lo mismo ocurre, por lo visto, con los otros dos monumentos solicitados, el del puerto y el del Campo de los Almendros. Por otro lado nos aseguró Sonia Castedo que el buque Stanbrook, que salvó de la prisión y la muerte a 3000 refugiados del puerto en los últimos momentos de la Guerra Civil, va a tener una calle en Alicante. Alicante Vivo y la Alcaldesa se comprometieron a colaborar en la rehabilitación del Tossal y el Castillo de San Fernando, al que ya se ha incorporado el busto restaurado del Doctor Rico.



El martes me fui a Granada, 4 horas de coche, para dar por la tarde una conferencia en la Biblioteca de Andalucía, patrocinada por el Instituto de Astrofísica de Andalucía y la Estación Experimental del Zaidín. El motivo: El Año Internacional de la Astronomía y el Año Darwin (400 años de la primera mirada de Galileo a través de un telescopio y 200 años del nacimiento del autor de la teoría de la Evolución por Selección Natural). El profesor José Luís Viejo, de la Universidad Autónoma de Madrid, nos deleitó con una charla de media hora sobre Darwin, y a continuación yo desarrollé la mia, titulada "De Bruno a Galileo, el cambio de paradigma cosmológico", donde relaté el maravilloso momento en el que Giordano Bruno, en la playa de Noli, tuvo la visión de su Universo infinito, sin centro ni bordes, plagado de estrellas-soles rodeadas de planetas quizá habitados. Después los dos respondimos a las preguntas que nos dirigieron los presentes y charlamos con mis amigos de la radio digital "La Otra Mirada". Más tarde fuimos a cenar con los organizadores y me fui a dormir al hotel Saray, junto al Palacio de Congresos, para bien de mañana salir de regreso a Alicante, otras cuatro horas de coche, ya que por la tarde tenía que ir a INFORMACIÓN TV a contar qué tal me había ido en la conferencia.



Y el jueves 19,a las 11, tenía una cita con cincuenta y tantos antiguos compañeros veteranos de Ifni. Yo hice mi servicio militar en aquella remota colonia, luego provincia y más tarde territorio marroquí, ocupada en nombre de la República Española por el coronel Capaz en 1934, que sufrió una extraña y silenciada guerra contra "elementos subversivos" en 1957, tras la cual se abandonó casi todo el territoio, excepto la capital, Sidi Ifni y las alturas de los alrededores, en un radio de unos 8 kilómetros, y que en 1969 fue entragada definitivamente a Marruecos. Allí las pasé canutas bajo la férula de unos militares franquistas que tenían un poder omnímodo sobre los pobres reclutillas civiles que íbamos allí a la fuerza. Los había buenas personas, incluso muy buenas personas, pero también los había déspotas, e incluso malvados y corruptos. Porque lo malo de aquello, por encima de las personas, era el sistema. Ser un buen militar, humano y respetuoso del soldado, era doblemente encomiable porque además de que se era buena persona, se era porque uno quería, ya que se podía ser malo impúnemente. Los malos tratos y los atentados a los Derechos Humanos estaban a la orden del día. Así que uno agradecía la bondad de los que se portaban bien con nosotros. Yo guardaré siempre una enorme gratitud al que fue mi capitán, don Carlos Moreno, que dio la cara por mi para que pudiese ser escribiente de su compañía a pesar de tener un informe adverso en mi ficha política que me incapacitaba para ejercer este cargo. El informe desfavorable decía (lo pude leer a escondidas gracias a un compañero) que mi padre había sido Capitán del Ejército Republicano (ellos decían "rojo") y había sido condenado al final de la contienda por el supuesto delito de "Auxilio a la rebelión". ¡Él, que era, precisamente, el que no se había sublevado! Y por eso no solo se condenaba al reo sino a su familia, dado que su hijo no podía alcanzar ningún puesto de confianza en el ejército. En fin, sobran comentarios, a parte de reiterar mi agradecimiento a un militar intachable que supo comportarse con dignidad. Bueno, pues después de reunirnos ante la fachada del Museo Arqueológico, nos marchamos a la Playa de Muchavista, al restaurante La Ponderosa, famoso por sus excelentes arroces, donde entre batallita y batallita nos zampamos unas excelentes entradas de chipirones y boquerons fritos, arroz a la marinera y abanda, a elejir o combinar, un postre combinado de fruta, dulces y helado, ensaladas, cerveza, vino blanco y tinto, cava o sidra para brindar y unas copichuelas de coñac para el que pudiera tomar cosas fuertes y no tuviera que conducir. Lo pasamos muy bien.



Aunque lo más importante de esta comida fue que gracias a ella he podido localizar a dos de mis mejores compañeros de mili de los que nada sabía desde hacía ya 42 años: el castellonense José Herrera Boira, maestro de analfabetos entonces, y ahora feliz jubilado después de ejercer puestos de responsabilidad en la Consellería de Educiación (por desgracia no pudo acudir a Alicante), y a mi entrañable amigo el vasco Manolo Martín, el que rotulaba los murales que yo realizaba en el campamento y que era conocido como "Manolo el Hormiguita" por sus muchas habilidades y capacidad de trabajo, según el capitán Moreno. Vio en un blog el anuncio de la comida de Alicante y mi número de teléfono y me llamó. No pudo venir a la comida porque Euzkadi está muy lejos, pero los dos nos llevamos una gran alegría al saber que ambos vivimos y nos encontramos bien, y nos hemos propuesto vernos dentro de muy poco. Por estas cosas vale la pena organizar estos actos de reencuentro.



En fin, una semanita muy movida y llena de satisfacciones y experiencias muy interesantes. Aunque tanta actividad me ha mantenido alejado por unos días de este blog.



Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 8 de noviembre de 2009

CUANDO CAEN LOS MUROS


Hace veinte años que cayó el Muro de Berlín. La eliminación de esa frontera antinatural significaba el triunfo de la libertad para muchos berlineses del este y para muchos alemanes; también para muchas personas bienintencionadas de todo el mundo. Aunque tras esa primera impresión también se escondiera el triunfo ideológico de un modelo económico, el triunfo del capitalismo sobre el mal llamado comunismo. Después de sesenta y tantos años de un gobierno voluntarista de presunta izquierda, de una dictadura fundamentada en el marxismo, pero no consecuente con las ideas de Marx, la construcción artificial creada en Rusia por el visionario Lenin y el déspota Stalin, mantenida en equilibrio a duras penas por el ilusionista Kroustchef y agonizante y ya sin sentido bajo Breznief y los viejecitos de la Nomenclatura, era inevitable que el muro de Berlín se viniera abajo él solito, con la coreografía de los ilusionados berlineses que aspiraban a vivir mejor. Pero al otro lado del escaparate capitalista, en el Berlín occidental, lo que se mostraba como señuelo también era un espejismo injusto y desproporcionado. El capitalismo moderado y contenido ante la amenaza de la revolución de izquierdas y el enfrentamiento con la Unión Soviética se vio al fin libre de cortapisas para llevar a cabo, sin complejos, todos sus abusos tradicionales; había triunfado y los Estados Unidos eran ya la única superpotencia. Y el liberalismo prudente se convirtió en liberalismo salvaje. Era pecado el intervencionismo estatal, había que privatizarlo todo, el mercado debía ser quien se autorregulase. El Tercer Mundo se vería esquilmado como nunca, hasta la axfisia, los derechos sindicales deberían disminuirse, Reagan, la Tatcher y compañía eran los iconos políticos. Hasta nuestro Felipe González se rodeó de "beautiful people", con economistas derechizantes como Boyer y Solchaga, el apostol del enriquecimiento rápido. Y el caballo del mal llamado liberalismo marchó desbocado hasta que los pelotazos, la especulación y el descontrol produjeron el derrumbamiento de la economía capitalista en la crisis más terrible de los últimos tiempos. Es curioso que Wall Street, el epicentro del capitalismo, se llame como se llama: "la calle del muro". Era el otro muro, el de los dividendos, los contratos blindados y el despido libre, que también se estaba derrumbando. Curiosamente, en cuanto se vieron con dificultades, los apóstoles de la no intervención estatal pidieron ayuda a los estados. Se les vio el plumero...

Pero hay otros muros que derribar, algunos tan físicos y tan evidentes como el muro de Begín en Palestina, o las alambradas de Ceuta y Melilla, o las de la frontera mexicano-estadounidense; y otros tan simbólicos como la falta de protección médica a los americanos pobres, el hambre en el Tercer Mundo... y tantos otros que, por no significar el derrumbamiento de un sistema rival no son tan aireados por la prensa. Pero están ahí, esperando su caída. En América están ocurriendo grandes cambios, los gobiernos de populistas de izquierda y socialdemócratas en América del Sur le plantan cara a los Estados Unidos; y en los mismos Estados Unidos, un negro reformista ha alcanzado la presidencia. Los paises emergentes, China, India, Brasil, se disponen a disputar la supremacía mundial. Y en el Mundo Islámico, que parece marchar al revés, como los cangrejos, los fundamentalismos se empecinan en remar contra corriente del progreso y sumen a una gran parte del mundo en el atraso y la parálisis cultural... aunque, por otro lado, se valen de la ciencia occidental que tanto desprecian para fabricar armas nucleares.

Los muros caen, pero no cuando los líderes de opinión quieren, sino cuando la situación está madura. Si esa idea marxista hubiera sido comprendida a tiempo por el voluntarista Lenin el mundo se hubiera ahorrado millones de muertos.

Los muros caen, pero hay que saltar al otro lado justo a tiempo, hay que aprovechar la ocasión de su caída para construir una nueva sociedad, más justa y democrática, antes de que vengan los poderosos a repararlos.

Los muros caen, pero también las torres. En Nueva York lo saben muy bien. Y cuando caen las torres a manos de un suicida convencido de que Dios quiere la masacre y el asesinato, hay que echarse a temblar.

Uno se pregunta, a la vista de como se presenta este siglo XXI, quién va a ganar al final, los que derriban muros o los que destruyen torres.

Ojalá los que destruyen torres llenas de trabajadores no amenacen demasiado a los que defienden los muros de sus mansiones de lujo y poder. Porque las economías de guerra siempre favorecen a los poderosos insolidarios que se esconden tras las banderas, los uniformes, los himnos... y los muros.

Qué miedo, señor, qué dificil es interpretar la Historia.



Miguel Ángel Pérez Oca.

lunes, 2 de noviembre de 2009

UN LIBRO DE EMILIO VICTORIA.


El martes día 3 de noviembre a las 19,30 horas en el Ámbito Cultural del Corte Inglés, presentaré el libro de poesía de Emilio Victoria "VERSOS PARA EL ATARDECER" junto con el artista autor de las ilustraciones Antonio González "Antogonza". Emilio Victoria es una gran persona y un excelente escritor y poeta, entre otras muchas actividades con las que pone a prueba su buen hacer y su sensibilidad. Recientemente una sucesión de percances fatales le han creado una grave minusvalía física, de la que espero se reponga en breve tiempo. Todos sus amigos hemos colaborado de alguna manera a publicar su libro, prologándolo - como he hecho yo - o ilustrándolo - como ha hecho Antogonza - o, simplemente, animándolo, o gestionando ante el editor su aparición al público. Yo espero de mis amigos y los suyos que acudan al acto de presentación, para que Emilio sepa que, aunque ahora no pueda vernos, estamos todos presentes en la sala, dándole ánimos. El precio de esta buena obra será la posesión y lectura de un libro que, os aseguro, es una delicia y un consuelo para el espíritu. Porque, independientemente de que, ahora, Emilio nos necesite, él es un gran poeta de rara y profunda sensibilidad. Si nos llevamos su libro a nuestra biblioteca, Emilio se sentirá reconfortado, pero nosotros seremos los verdaderamente beneficiados, al haber tenido la ocasión de enriquecernos con sus versos.

No faltéis, por favor.

Miguel Ángel Pérez Oca.

lunes, 26 de octubre de 2009

LA PÉRFIDA DERECHA.


Hoy os ofrezco un trabajo que acabo de escribir. ¿Es la derecha política malvada por naturaleza? Esa es la cuestión. Dedico este artículo a un opinante anónimo que en este mismo blog me acusaba de no ser equitativo. Nunca he pretendido ser equitativo y, mucho menos, neutral entre la derecha y la izquierda. Si soy de izquierdas es por razones éticas de mucho peso, como intento explicar en este artículo. Yo le recomiendo a mi anónimo crítico que lea el poema de Benedetti titulado "Soy un caso perdido".


LA INEVITABLE PERFIDIA DE LA DERECHA.
No me gusta nada lo que voy a escribir, porque no me gusta descalificar a nadie, y menos todavía a un colectivo entero. Pero no me queda más remedio que hacerlo, entre otras cosas, para clarificar mis propias ideas al respecto. Decía Disraeli que cuando no entendía una cuestión escribía un libro sobre ella, precisamente, para aclarar sus ideas; yo no necesitaré tanto, seguramente me bastará con este artículo. En primer lugar, habría que reflexionar sobre lo que significa ser de izquierdas o de derechas y sobre el carácter de los que así se definen. En mi opinión, es fácil; bastaría con hacerles un test de una sola pregunta: “Dígame usted, por favor, qué querría legar a sus hijos y seres queridos el día que se muera: 1) Una inmensa fortuna para que vivan mejor que los demás. 2) Un Estado democrático y respetuoso con los derechos humanos que asegure el bienestar de todos los ciudadanos.” Si ha escogido usted la primera opción, es sin duda de derechas. Si ha escogido la segunda, es de izquierdas. Algunos de los que escogieron la primera respuesta lo habrán hecho por puro egoísmo, incluso por desprecio a todo aquel que no pertenezca a su entorno íntimo o su clase social; aunque también habrá quien prefiera la garantía de una gran fortuna por desconfianza en los políticos o por miedo a las veleidades propias del ser humano, al que supone malo por naturaleza. En cuanto al Estado Protector, la mayoría de los que optan por él lo hace tras una profunda reflexión solidaria e idealista, incluso utópica; aunque también habrá quienes lo hagan por mero rencor, desconfianza y deseos de revancha hacia los ricos, lo que, dadas las circunstancias, hasta podría estar justificado; o por una inconfesable intención de medrar en una formación política de izquierdas, lo que no tendría justificación alguna. Las motivaciones pueden ser muy variadas y, algunas veces, decepcionantes, pero está claro que la diferencia entre derecha e izquierda consiste en optar por el bien particular o por el bien colectivo. Naturalmente, aquellos que se sienten beneficiados respecto de la mayoría, o pretenden llegar a serlo, son conservadores; no quieren que la situación general cambie. Y aquellos que se sienten perjudicados desean cambiar la sociedad, son revolucionarios radicales o, más probablemente, progresistas, partidarios de un cambio más o menos paulatino, moderado y razonable de las condiciones sociales.
Las posiciones, pues, están claras. Aunque no podemos ni debemos clasificar a todo el mundo en dos casillas puras, absolutas y arquetípicas de la derecha o la izquierda. Nadie es absolutamente conservador o progresista, de la misma manera que nadie es absolutamente bueno o malo. Todos tenemos algo de ángel y algo de diablo, todos somos inconformistas en algunos aspectos y tradicionales en otros. Lo deseable es que lo bueno prevalezca sobre lo malo. Del mismo modo, no toda la política que preconiza un partido, cualquier partido, es puramente de derechas o de izquierdas. Y menos aún en una democracia parlamentaria donde hay que ganarse la voluntad y la confianza de los votantes. Y ahí está el quid de la inevitable perfidia de la derecha.
El diccionario define “perfidia” como una forma específica de maldad. El pérfido es un ser “desleal, traidor y que falta a su palabra”. En la actualidad, en una democracia parlamentaria donde es necesario alcanzar la mayoría de los votos para gobernar, la derecha lo tiene, en principio, más difícil que la izquierda; por una sencilla razón: La derecha defiende los intereses de los privilegiados, de los ricos, de los beneficiados por el sistema, que, naturalmente, son una minoría. La izquierda, por el contrario, defiende los intereses de los explotados, de los marginados y de los que se sienten perjudicados por el sistema, que, en principio, son la mayoría. Porque el sistema capitalista es, en su propia esencia, injusto y prima la aportación de capital sobre la aportación de trabajo de los individuos que se dedican a una actividad productiva. De donde se ve que unos pocos, a fuerza de beneficiarse de la plusvalía obtenida del trabajo de otros muchos, se enriquecen indebidamente desde el punto de vista ético, aunque desde el punto de vista legal no constituya delito. Y, ¿cómo puede una minoría alcanzar la mayoría de votos para gobernar, como de hecho la alcanza tan a menudo? Pues utilizando los poderosos y carísimos medios de que disponen para influir en las masas mediante la propaganda y la creación de opiniones. Pero si, en sus frases de campaña electoral, la derecha política desvelara abiertamente sus objetivos – preservar los beneficios de los privilegiados – alejaría de sí a sus presuntos votantes de las clases bajas y medias. Necesariamente, inevitablemente, tiene que recurrir a la mentira, a la manipulación de la verdad, a la perfidia, a la deslealtad con sus propios votantes, si quiere gobernar. No puede hacer otra cosa, puesto que si realmente defendiera los intereses de TODOS sus votantes, ya no haría política de derechas y su gestión de gobierno no interesaría a los poderosos que la patrocinan. De hecho, la derecha, en el pasado, ha gobernado de manera mucho más autoritaria y abiertamente despectiva, cuando el voto censitario, el analfabetismo de los pobres y el negro papel de los sacerdotes desde el púlpito dejaba fuera de juego a las clases inferiores. Con el tiempo, conforme el pueblo ha ido alcanzando mayores cotas de democracia y de cultura, la derecha ha tenido que ceder en la defensa de los más escandalosos de sus privilegios. Eso hace que se haga cada vez más sutil, más sofisticada y más pérfida en sus presuntos objetivos políticos. Y no debemos olvidar que hay muchos individuos que se identifican con los ricos, porque quisieran serlo ellos también, aunque jamás vayan a tener esa oportunidad. Son los que si obtuvieran ciertos privilegios, aunque solo fueran las migajas de la mesa de los señores, serían, y ya lo son a cuenta, abiertamente de derechas. Son los serviles, los abyectos, los que albergan la esperanza de ser algún día privilegiados en un mundo tan insolidario como ellos mismos. También están los mezquinos, los temerosos de que los pobres les quiten lo poco que tienen, cuando apenas tienen nada; y los ignorantes, dispuestos a creérselo todo, con tal de que salga en televisión, junto a la telebasura. Y los cómodos, sobre todo los cómodos, los que se sienten bien como están, en su soportable pobreza postmoderna, y prefieren que nada cambie, aunque a su alrededor, por todo el mundo, haya quien se muera de hambre. Como alguien dijo una vez: “No hay cosa más tonta que un pobre de derechas”. Todos esos individuos están dispuestos a dejarse engañar por la propaganda de la derecha, que así logra, mediante la perfidia, la mentira y las falsas promesas, alcanzar las mayorías de gobierno. Porque si las masas productoras se unieran y culturizasen hasta no consentir el engaño de la derecha, ésta perdería la mayoría, no podría controlar el hecho social y, a menos que pudiese quebrantar la democracia en su beneficio mediante la fuerza – no sería la primera vez que lo hace – acabaría siendo desbancada por mayorías de izquierdas que a un ritmo más o menos acelerado terminarían cambiando o controlando el sistema. Y los privilegiados verían disminuidos, si no abolidos, sus seculares privilegios.
Es por eso por lo que, por mucho que algunos políticos de derechas quieran aparecer como honestos, no tienen más remedio que recurrir a la mentira y a la perfidia si quieren gobernar. Y así vemos que los políticos de derechas mienten mejor que los de izquierdas. Y no digo que los de izquierdas no puedan mentir, que también lo hacen en ocasiones, sino que los de derechas no pueden dejar de hacerlo, a menos que estén dispuestos de dejar de ser de derechas. O sea que la supervivencia de la derecha está ligada a su capacidad de engañar a los más serviles y egoístas, y a los más desinformados e incautos, de los miembros de la clase productiva, que por si no fuera poca su generación de plusvalía, o su marginación, entregan gustosamente el poder a sus explotadores con la estrafalaria esperanza de llegar algún día a ser como ellos.
Por desgracia y como dijo una vez Galileo: “El número de los necios es infinito”. Y a consecuencia de eso, la derecha halla en la mentira a sus necios acólitos su último e inevitable caldo de cultivo para alcanzar el poder político.
Es lamentable, pero es así.
Para terminar, les voy a contar un chiste muy revelador: Dios decidió otorgar a los hombres dos virtudes, según su nacionalidad. “A los suizos los haré puntuales y ahorrativos - le decía al ángel amanuense - . A los franceses galantes y artistas. A los americanos emprendedores y valientes. A los españoles, buenos, inteligentes y de derechas…” “Pero, Señor – le corrigió el ángel –, a los españoles les habéis otorgado tres virtudes en lugar de dos” Y Dios rectificó: “Bien, pues si son buenos y de derechas no podrán ser inteligentes. Si son inteligentes y de derechas no podrán ser buenos. Y si son buenos e inteligentes no podrán ser de derechas.”
A veces un chiste puede decir más que uno de aquellos libros que escribía Disraeli.
Miguel Ángel Pérez Oca.




lunes, 19 de octubre de 2009

EL LIBRO DE "POU DE LA NEU" YA ESTÁ EN LOS QUIOSCOS.


El libro "POU DE LA NEU, Premio literario-gastronómico 2004-2008", en el que figura mi relato "La última neu" (ganador de ese concurso en 2007), junto a otros cinco estupendos relatos que resultaron ganadores en las diversas convocatorias, ha salido a la venta. Al final figura un recetario de platos típicos de estas tierras, que acompañaban a los cuentos. El precio del libro, que se vende con el diario INFORMACIÓN, es de 1,95 € y los beneficios de la venta se destinarán a una Asociación de Paralíticos Cerebrales.

El libro se había presentado en el Club Información el jueves 15 y salió a la venta ayer, domingo, día 17.

Si os interesa, id al quiosco antes de que se agote.

Miguel Ángel Pérez Oca.