¿Es
posible? Me da miedo escribir y, más todavía, publicar lo que escribo. Porque
en cuanto expreso una opinión, alguien se ofende. Yo reconozco que me he vuelto
intransigente e irascible y poco cortés. Es verdad. Pero cuando hay muertos por
medio, creo yo, está de más la transigencia y la cortesía. Porque la vida es
sagrada y está por encima de todo. Y cuando se trata de salvar vidas, uno
debería, creo yo, poner eso por encima de todo lo demás. Y, además de estar
volviéndome loco (creo que la locura es un daño colateral de la pandemia) me
estoy sintiendo cada vez más triste. Y estoy triste porque personas a las que
quiero mucho (sigo queriéndolas) me acusan de machista, insultador… hasta
mequetrefe, porque me atrevo a reconvenir la conducta de quienes se ponen en
peligro de contagio por reunirse en locales cerrados y pasarse horas muy cerquita unos de otros y sin mascarilla
(a mí también me gustaría, pero sé que no debo). Y me dicen que quién soy yo
para no respetar la libertad de los demás. Si no hubiera muertos por medio,
tendrían razón, pero es que se está muriendo mucha gente, y yo me siento triste
y herido. Hay incluso quienes leen mis tonterías como inquisidor en busca de
herejías de qué acusarme, y me duele, porque, como un nuevo Giordano Bruno, no
puedo evitar seguir siendo hereje; hereje de la herejía de defender la vida de
los viejecitos que se mueren a chorros del coronavirus. No lo puedo evitar.
Para mí, en este caso, no hay libertad que valga contra cientos de miles de muertos
(Nada menos que 2 millones en todo el mundo, 60.000 en España y 3.163 en
Alicante a día de hoy y subiendo). Y no quiero ofender, ni insultar, ni
comportarme como un mequetrefe. Que conste que no creo haber hecho tales cosas,
aparte de quejarme de mis heridas, quizá violentamente, como gato panza arriba.
Me bastaría con que los (y las) supuestamente ofendidos/as contrastaran su
opinión con la mía y ninguno de los dos perdiéramos los papeles. Me ha ocurrido
con otros amigos que me han demostrado su bondad y su capacidad de comprensión
y, sobre todo, de saber argumentar. Pero los (y las) que me dicen que los (y
las) insulto y que no respeto su libertad, me hacen mucho daño, y a veces
reviento y digo barbaridades, porque, sinceramente, quizá soy excesivamente
sensible y me estoy volviendo loco de tristeza.
Miguel Ángel Pérez Oca.







