sábado, 13 de mayo de 2017

"EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS" EN EL PRESTIGIOSO BLOG "ALICANTE VIVO"

El prestigioso blog "Alicante Vivo" ( www.alicantevivo.org ) acaba de dedicar un estupendo artículo a la presentación de mi libro "El silencio de las estrellas" en Alicante. No os lo perdáis, por favor.
Gracias, Alfredo.
MAPérezOca.

lunes, 8 de mayo de 2017

APARECIDO HOY EN LA WEB DE EDITORIAL PREMIUM.




El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca, obra ganadora del I Premio de Novela de Ciencia Ficción Ciudad del Conocimiento, ha resultado ser la novela más vendida en stands de Editoriales en la Feria del Libro de Granada.
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Así reza la nota de prensa enviada a los medios tras el balance de datos por parte de la organización. Le siguen "Huyendo a Granada” de Victoria E. Muñoz Jiménez (Esdrújula Ediciones), “Recetas” y “Nuevas recetas de cocina granadina” (Diputación de Granada) y “El segundo hijo del mercader de sedas” de Felipe Romero (Editorial Comares).
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Las ventas no fueron aún mayores debido a una incapacidad logística por parte de librerías que pese a tenerlo en sus locales no pudieron acercarlos a sus stands cuando esta novela se agotó en dos ocasiones en el stand de Premium.
Desde aquí, felicitamos a Miguel A. Pérez Oca por el interés que ha suscitado su novela.

UNA BUENA CRÍTICA.


El doctor Emilio Alfaro es astrofísico, ex presidente de la Asociación Española de Astronomía e investigador del CSIC y del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Presentó en la Feria del Libro de Granada mi novela “El silencio de las estrellas” de la que publica esta reseña en “El Séptimo Cielo”, Web de la Estrategia Andaluza de Divulgación de la Astronomía:

“…Debo decir, antes de que se me llame tramposo, que los dos libros están escritos por sendos astrónomos, uno amateur y ya bragado en la literatura, y otro, un reconocido compañero de profesión, autor también de varias obras de divulgación en su lengua materna pero que hasta donde yo sé hace su primera incursión literaria en lengua española. Por ahí ya me tienen a su favor, qué le vamos a hacer, aunque las dos obras sean completamente diferentes en lo que a género literario, temática y estilo se refiere.”

“La primera, titulada El silencio de las estrellas, es una novela de ciencia-ficción que cumple con todos los requisitos del libro de aventuras: hay un viaje, una nave, el arribo a un nuevo mundo, el encuentro con otra civilización, peligros, héroes y un final sorprendente y bien cuidado. Pero todo ello teñido de un humanismo científico, en la estela de Arthur C. Clarke,  que suena sincero y que pone al lector frente a dos de las grandes cuestiones humanas: la soledad y la muerte.  El estilo es directo y trata a la ciencia con rigor y respeto, algo que no es frecuente encontrar en los libros de ciencia-ficción, donde algunos autores suelen tomar atajos que solo conducen al más negro de los abismos. Miguel Ángel Pérez Oca ganó con esta obra el I Premio de Novela de Ciencia Ficción Ciudad del Conocimiento  y ha sido publicada por la editorial Premium en su colección Quasar…” 

sábado, 6 de mayo de 2017

UN DIBUJO ANTIGUO.


Rebuscando en el baúl de los recuerdos he encontrado este extraño dibujo mío de hace mucho tiempo. No sé lo que pretendía significar, pero ahora, después de tantos años me ha impresionado.

miércoles, 3 de mayo de 2017

EL EXTRAVAGANTE ASESOR DE IMAGEN.

El tema de la Tertulia Literaria de ayer era "Extravagancia" y yo he presentado este trabajo que espero os guste: 





EL ASESOR DE IMAGEN.
Se llama José García López y su aspecto es anodino. No es guapo ni feo, ni alto ni bajo, viste de manera correcta, sin un detalle que pueda llamar la atención de nadie.
            -Es que mi obligación es pasar inadvertido, no resaltar de ninguna manera al lado de mis protegidos… -dice, para aclarar después- Es que soy asesor de imagen.
            Me lo recomendaron como el mejor y, cuando decidí hacer carrera en mi partido y presentarme a candidato, acudí a él.
            -Pero, bueno –me dijo- , vas vestido de manera demasiado formal, hombre. Así no llamarás la atención de los ciudadanos.
            Y me dejó sorprendido porque, cuando ingresé en el partido, me había esforzado en adoptar un atuendo discreto y elegante que agradara a mis superiores, para que contasen conmigo como colaborador.
            -Sí, sí –me corrigió- , y estaba muy bien para entonces, pero ahora ya has llegado a la cima, ya no tienes que encandilar a los viejos barones sino a los jóvenes, y no tan jóvenes, votantes. Y a esos hay que llamarles la atención. Y para ello hay que recurrir a un concepto indispensable: la extravagancia.
            -¿La extravagancia? –le pregunté, extrañado.
            -Pues, claro. ¿Tú qué quieres, impresionarles con tu corbata azul y tu traje gris, con esa cara de panoli que tienes? Así serás como todos los otros candidatos, con uniforme de político adocenado y aburrido. ¿Te crees que Adolf Hitler hubiera vuelto locos a los alemanes con un traje y una corbata, así sin más, como todos los teutones de clase media de su época? Hacía falta un bigotito ridículo y una greña  inconformista para que los de la cervecería de Múnich se fijaran en él.
            -Pero Hitler era un dictador nazi… -me atreví a responder.
            -¿Y qué? Por eso mismo, iba detrás del poder absoluto y no lo hubiera conseguido sin llamar la atención –y prosiguió- . Napoleón sin el flequillo no era nadie. Ni lo  sería Trump sin su tortilla a la francesa sobre la cabeza y la punta de la corbata roja abanicándole la bragueta. Ni De Gaulle tampoco, ni no llega a ser un gigantón desgarbado con cara de pájarraco. Ni los ingleses hubieran escuchado a Gandhi si no hubieran visto en él a un indio pintoresco medio en pelotas. Y nada digamos del draculesco infante gordito que gobierna Corea del Norte. O de aquel enorme Amín Dadá que mandaba en Uganda con mano de hierro y presumía de haberse comido a unos cuantos ministros. Y también Gadafi, Kennedy, Lincoln, Castro, todos ellos con característicos complementos pilosos… Si quieres tener poder, debes llamar la atención.
            Se quedó pensando un rato.
            -Mira, llamar la atención no solo sirve para la política, también es necesario en el arte, en la literatura y en toda aquella actividad que requiera consenso. ¿O es que Dalí no se hacía el loco y lucía sus bigotes puntiagudos para llamar la atención y vender cuadros? Y Cela, presumiendo en la tele, todo serio, de ser capaz de absorber dos litros de agua con el culo. O Pérez Reverte, armándola con sus denuestos a todo bicho viviente, en busca del escándalo que lo populariza, a él y a sus libros… Aunque muchas veces tiene más  razón que un santo, pero esa es otra historia.
            -Sí, pero hay líderes que no han necesitado ser extravagantes para lograr el poder: Roosevelt, Mandela, la Thatcher, Azaña, Eva Perón, Olof Palme… -protesté.
            -Pero esos tenían personalidad –me replicó, mirándome a los ojos.
            -Y yo no, ¿verdad? – reconocí, bajando la cabeza.
            -Ni tú ni ningún otro político actual – y se encogió de hombros-. Vivimos en un tiempo de mediocres.
            Le hice caso. Me presenté a la campaña con una cresta de indio iroqués, de color malva, y una bufanda verde… Y gané las elecciones.   

martes, 2 de mayo de 2017

LOS MANIPULADORES DEL LENGUAJE POLÍTICO.




            No sé si creen que somos tontos o SABEN que somos tontos. Pero a mí me da vergüenza (tampoco sé si propia o ajena) cuando oigo a los candidatos a líder del PSOE en las próximas primarias tratando de convencernos de que la Moción de Censura que se propone presentar Podemos es solo una broma y una maniobra que, en el fondo, favorece a don Tancredo Rajoy. Yo, cuando oigo a Pedro, Patxi o Susana decir que Pablo Iglesias es el mejor aliado de monseñor Rajoy, la verdad, les echaría un boñigo a la cara. ¿Pero cómo se pueden decir esas cosas sin sonrojarse? ¿Cómo pueden aspirar a que yo, el pueblo soberano, ponga mi confianza en tamaños manipuladores y retorcedores del lenguaje para gobernar mi país. Faltaría más. Claro, que es que en el fondo (¿el mismo u otro fondo de antes?) se ven acorralados por una formación de gente nueva que quiere cargárselos de una vez y relegarlos a los libros de Historia que no supieron escribir en su día.
            Todo empezó, me parece a mí, cuando el dinerito de Willy Brandt, o sea, de la CIA, engrosó las arcas de unos jovencitos bien que en Suresnes pudieron desplazar a los verdaderos socialistas de Rodolfo Llopis, herederos de Prieto, Largo Caballero y Negrín, que habían estado esperándolas venir en el exilio y de alguna forma se habían dormido en los laureles y se dejaron avasallar por los “nuevos” de entonces. Y la traición definitiva se fraguó cuando don Felipe González dijo aquella sandez de “Hay que ser socialistas antes que marxistas”, como si eso fuera posible.  Mientras, el viejo franquismo sin Franco se organizaba en lo que hoy es el Partido Popular, que ahí sigue, tan franquista, tan corrupto y tan pancho como cuando se llamaba Alianza Popular a las órdenes del viejo  y soberbio Fraga.
            Y así está la derecha de este país: Los franquistas, neos y viejos, en el PP, antes Alianza Popular - ¿Alguien se extraña de que en España no medren los partidos de extrema derecha? Pero si están gobernando -. La nueva derecha de plástico, desprendida del olor a naftalina, en Ciudadanos. Y la pseudoizquierda que se proclama socialdemócrata, pero que es neoliberal hasta las cachas, en el PSOE, tan dividido y conflictivo en su interior, pero no por el enfrentamiento de sus aspirantes a jefazo, sino por la creciente distancia entre la fiel e ingenua militancia y el aparato, integrado desde Suresnes en el sistema. No nos engañemos.
            Y enfrente, dando por saco, escandalizando, montando espectáculo, que a veces hace mucha falta y otras uno sospecha que se están pasando un poquito, los chicos de Pablo Iglesias II, los de Podemos, con los restos fagocitados de Izquierda Unida, que un día fue Partido Comunista y luchó en solitario contra la bestia franquista, y que fue vencido solo a base de propaganda por parte del sistema y de malísimos ejemplos de sus homónimos del Este, que empezaron una revolución y acabaron en la Nomenclatura con maletas llenas de dólares. Triste, triste, lo de los pobres comunistas honestos, que empezaron a renegar de sí mismos cuando tuvieron que defender a Stalin y terminaron perdiendo elecciones en toda la Europa occidental. Los comunistas, ya en Izquierda Unida, perdieron su segunda oportunidad cuando el torpe Cayo Lara no supo capitalizar la indignación de los quincemayistas y todo lo que se le ocurrió fue la manipulación dialéctica de decir aquella majadería de “PP y PSOE son la misma cosa”. Porque no lo son. No es lo mismo la derechona franquista que la tibia socialdemocracia liberaloide. Ninguno de los dos es lo que hace falta, de acuerdo, pero, coño, no es lo mismo. Y esas tonterías se pagan, en este caso con la fagotización por parte de Podemos. Así que volvamos a Podemos.
            No sé si me gusta Pablo, sinceramente, no lo sé. Me caen mejor Errejón y Bescansa, porque los veo más racionales. A mí me parece adivinar un exceso de protagonismo en Iglesias, y un empeño mesiánico en cargarse al PSOE definitivamente con estrategias y manipulaciones dialécticas que cantan demasiado. Y no es que el PSOE no se lo merezca, no; es que es un viejo partido superviviente de mucho naufragios y me temo que ha aprendido a nadar. Y esta lucha soterrada y me temo que inacabable, perjudica a la izquierda real, mi izquierda ideal, soñada y todavía lejana.
            Lo que creo que tengo claro es que Podemos y PSOE están condenados a entenderse en un futuro inmediato si es que realmente ambos pretenden gobernar y arreglar esta España que huele peor que la Dinamarca de Hamlet. La podredumbre nos ahoga, pero el miedo de los más pusilánimes también los ahoga a ellos y les lleva a votar a los canallas. ¿Qué se puede hacer? Creo que poco, como no sea esperar que el raciocinio termine prevaleciendo sobre la visceralidad y tanto en uno como en otro partido de la izquierda oficial se impongan opciones honestas que prefieran pactar con los más o menos afines, antes que languidecer en la oposición eterna manipulando el lenguaje.
            Por eso, cuando oigo a nuestros políticos diciendo sandeces me cabreo mucho. En el fondo me siento defraudado, a muchos niveles, al nivel local también, pero eso es otra historia. No me han defraudado PP y Ciudadanos porque no esperaba nada de ellos. La derecha no tiene más remedio que engañar, mentir y manipular el lenguaje, si quiere sobrevivir, porque no se pueden defender los privilegios de una minoría, con los votos de una mayoría, sin engañar a mucha gente. Eso está claro. Pero la izquierda, mi izquierda, no puede seguir comportándose así, con ese sectarismo que pierde a tantos buenos militantes que se han tomado a su partido como a un equipo de fútbol al que hay que defender “manque pierda”. No es eso. Debemos ser críticos con lo ajeno tanto como con lo nuestro, o nunca llegaremos a ninguna parte. La verdad, amigos, es de izquierdas, como la mentira es de derechas. Y ya está bien de manipular el lenguaje en defensa de un Sistema adocenado, amigos del PSOE, o tras el espejismo de un sorpasso que solo tiene sentido si se produce sobre la derechona que nos roba, nos desprecia y se ríe de nosotros.

            He dicho.