martes, 22 de marzo de 2011

TRIÁNGULO AMOROSO.


Las Tertulias de la Bodega Adolfo siguen viento en popa. Ayer fuimos más que nunca, con un montón de caras nuevas y opiniones interesantes. Entre los "deberes" que nos habíamos puesto figuraba escribir un relato sobre el "Triángulo amoroso". Y este fue mi cuento:




CRIMEN PASIONAL.
No la puedo soportar. Se pasa el día mirando a mi chico y, lo que es peor, mi chico le corresponde. No puedo sufrir cómo la acaricia y como ella se agita conmovida por sus carantoñas. Siempre están juntos, en el sofá ante la tele, en la terraza, en verano, o en la alfombra frente a la chimenea, en invierno. Y yo me tengo que resignar y callarme, por miedo a que él se ría de mí y me acuse de celosa y de absurda. Cuando él se levanta y se va a la cocina o a su despacho, a ella le falta tiempo para acompañarlo y participar en sus correrías por la nevera o en sus aventuras informáticas. Qué más quisiera yo que él me dedicara a mí la mitad de deferencias que a ella. Cómo la odio, cómo la desprecio. Además, ella me ignora olímpicamente, como si no existiera, como si yo no fuera la señora de la casa. Nunca me ha tenido en cuenta ni me ha mostrado el más mínimo interés. Para ella, solo él habita en la casa, y a él dedica todo su cariño. No la puedo aguantar. En lo más profundo de mi interior va creciendo, poco a poco, un impulso asesino, un ansia de destruir a quien me arrebata el cariño de mi pareja. Y no sé si seré capaz de contenerme y no hacer una barbaridad…
Ahora estamos las dos solas en la casa. Él se ha marchado a sus cosas y yo intento leer para pasar el rato. Ella ni siquiera se ha fijado en mí. Si al menos intentase alguna clase de acercamiento, un gesto amable, pero nada, ni se molesta en mirarme con displicencia. Me ha dado la espalda y se asoma a la ventana abierta a la calle. Por lo visto, lo que ocurre fuera es más interesante que yo.
Parece como si el diablo que todos llevamos dentro me tentase con palabras elocuentes:
-Esta es tu oportunidad, tonta, él no está y ella se encuentra distraída. Empújala ahora, y que se rompa la crisma contra las baldosas de la acera. Ahora puedes librarte de ella para siempre.
Me levanto con mucha cautela, tratando de no hacer ruido. Ella sigue asomada a la ventana, confiada en su impunidad, quizá anhelando el retorno de él, para que la acaricie y la llene de mimos. Sé que si la toco, se apartará, desdeñosa, rehuyendo mi presencia. Así que el empellón ha de ser repentino, inesperado. Y así lo hago, la empujo sin compasión y con todas mis fuerzas, y la veo caer a la calle desde la mortal altura de un tercer piso. La veo retorcerse en el aire, lanzar un alarido de terror…
Pero, al llegar al suelo, sus cuatro nervudas patitas han sabido aminorar el impacto como si fueran cuatro resortes de acero, ha rebotado como una pelota y ha salido corriendo callejón arriba, bufando y mirándome desde abajo con un odio infinito. Así que no he conseguido acabar con ella. Ya se sabe que los gatos tienen siete vidas.

Miguel Ángel Pérez Oca.

miércoles, 9 de marzo de 2011

SATORI


Hace muchos años viví un suceso excepcional que marcó mi vida para siempre. Hacía la "mili" en las colinas de Sidi Ifni, enmedio de la nada, rodeado de una soledad de tabaibas, chacales, polvo y reflexiones. Después, al regreso a la vida urbana, perdí mi tesoro. Ahora, cuando ya la madurez y la paz me rondan presiento el regreso del Satori. Y he escrito esta especie de poema que no sé si tendrá algún significado para vosotros. Para mí significa toda una razón para permanecer sobre la colina.
Es mi regalo para hoy.


SATORI

Era joven cuando el Satori me sorprendió sobre una colina africana,
bajo la Luna llena a la que cantaban los chacales.
Dejé de ser yo para ser el Universo
y por unos instantes mi piel, mi límite, estuvo más allá de las estrellas.
Tuve el valor de asumir que no soy nada.
Y lo fui Todo.
Pero era joven y tenía todo un mundo que conquistar, por imperativos biológicos.
Mi corazón estaba lleno de ansias, de ambiciones,
de instintos que satisfacer, de destinos que cumplir.
Y el Satori se fue, pero no me dijo:”Adiós”, sino “Hasta quién sabe cuando”.
Y su recuerdo, con solo ser una evocación irreproducible, me fue muy útil.
Tuvo que pasar toda una vida.
Y ahora, cuando ya no tengo nada que perder,
cuando todos los instintos fueron saciados y todos los destinos cumplidos,
siento que el Satori se acerca muy poquito a poco,
con los pasos quedos y medidos de lo que no puede ser forzado,
con la suavidad de lo que, en realidad, nunca se marchó,
sino que se quedó dormido en un rincón del pensamiento,
aletargado, en espera de su momento,
de su Ahora.
De él, entonces, había aprendido muchas cosas,
o una sola cosa, imprescindible y fundamental:
Que el Yo no existe,
que es solo la ilusión de un mono lingüista con ínfulas de filósofo,
de un cerebro muy limitado que intenta comprender el Universo,
o de un Universo que intenta comprenderse por medio de un cerebro muy limitado.
Pero no le cabe el Todo en sus circunvoluciones, ni Dios en la boca.
Y entonces, se inventa las palabras,
parcela la Realidad en pedazos caprichosos y les da nombres.
Es el lenguaje artificial el que crea las cosas.
Pero si lo meditas bien, comprendes que solo hay una cosa en el Mundo:
el Todo, único, indivisible, indefinible, eterno, siempre igual a sí mismo, Total.
LO QUE ES.
Y que todo lo demás son solo palabras.
Y entiendes que de todas esas palabras arbitrarias,
de todas esas palabras equívocas y perniciosas,
y sin embargo imprescindibles para sobrevivir como ser pensante,
la más absurda y falsa es, precisamente: “YO”
Porque es “YO” el que teme a la muerte,
el que entra en conflicto con el instinto de supervivencia,
el que se empeña en aferrarse al pasado, y en sobrevivir al tiempo.
Es esa palabra la que crea la ilusión de que existe un ego que viaja
a través de los instantes, a través de los presentes.
Y aborrece el último instante, el último presente.
Pero debería saber que lo importante no es tener que morir,
sino el lamentable estado de ánimo que provoca esa certeza
a un cerebro que no ha entendido nada,
que no sabe que la muerte no existe, que “estar muerto” es una frase sin sentido.
Porque “estar muerto” no es “estar”, ni muerto, ni vivo… ni nada.
Porque si no estás en un determinado momento del tiempo, ¿a qué te lamentas?
¿Acaso te duele no estar ahora en un determinado sitio del espacio?
¿Es que no sabes que cada instante, cada presente, es eterno?
Que el tiempo, según dicen los físicos, no es más
que otra dimensión de la Arquitectura Eterna,
del Universo Total, único, indivisible, que contiene tiempo y espacio,
como una sola cosa, de la misma forma como contiene materia y energía.
Todos los presentes son y están presentes, presentes para siempre,
o no serían presentes...
Enhorabuena, mono cobarde, porque no te vas a morir, nunca.
Que no se puede morir lo que nunca ha sido.
Y es que el Yo es como una ola que parece desplazarse sobre las aguas,
pero solo sube y baja alternativamente, comunicándose de molécula a molécula
algún impulso inicial que viene de más allá del horizonte
Ni una sola gota va de un sitio a otro, ni un solo Yo va de uno a otro instante.
¿Sabes? Creo, sinceramente, que deberías vivir el presente, cada presente,
con toda la fuerza de tu voluntad, pero sin aferrarte demasiado a él,
porque entonces lo conviertes en un recuerdo obsesivo,
que es como una herida de la memoria, sangrante en un presente posterior
que ya nada tiene que ver con éste sino con otra nueva y gloriosa realidad,
con otro nuevo y glorioso “Tú”.
Siéntete en comunión con el Todo y el amor llenará el Cosmos.
Ejerce tu complicidad con el Universo y verás cómo tus pies caminan
al son de la misma fuerza que mueve las estrellas y los átomos.
La armonía estará en ti, pero Tú ya no serás Tú, sino Todo,
Todo y Siempre.
Nuestra subjetividad no es más que una perspectiva del Cosmos,
pero una perspectiva no es una entidad, ¿Verdad?
Así que, ¿quién mira a través de nuestra ventana? ¿quién o Quién?
Ese es el único misterio que de verdad debería importarnos.
En cuanto a mí, sentado sobre una roca, a la orilla del mar, bajo el cielo estrellado,
o delante de mi ordenador, o mientras hablo de banalidades, o me distraigo con cosas fútiles, si te fijas bien, me verás esperar al Satori que me ha de liberar
de mis miedos, de mis alucinaciones, de la maldición de ser Yo mismo.
Y verás que lo espero sin prisas, sin angustias, porque es inútil forzarlo.
Lo vengo esperando desde hace muchos años,
desde que lo dejé irse, en mi juventud inevitablemente apasionada.
Y sé que cuando venga al fin,
la obra estará cumplida y la Paz ocupará todo el espacio y el tiempo.
Asumiré de una vez que la única diferencia entre un Buda y un hombre corriente
es que el primero sabe que él es Buda, mientras el otro lo ignora.
El secreto está en entender, y para eso, entre otras cosas,
hace falta tener sentido del humor.
Por eso, una vez entendida la gracia del Chiste Divino,
no me quedará que hacer otra cosa que reírme.
Como aquella vez. Como siempre.

Miguel Ángel Pérez Oca, todavía.
6-3-2011.

LA "VIKINGUITA" QUE PARÓ LAS EXCAVADORAS


Hace unos años, cuando vi a un estudiante chino plantarse delante de los tanques en la plaza de Thian An Men, y detener su ominoso avance con su frágil cuerpo impávido, me acordé de que esa imagen ya la había visto antes. Fue en los años 50, cuando una joven arqueóloga sueca, Solveig Nordstrom, tuvo el valor de echarse delante de las excavadoras que pretendían arrasar los restos de nuestra Lucentum para construir en su lugar hoteles y torres de apartamentos turísticos. Afortunadamente para ella, y para nosotros, la diligencia de la prensa extranjera ante su gesto, la ayuda de su embajada, el apoyo de los prestigiosos arqueólogos Figueras Pacheco y Lafuente Vidal, y los servicios del abogado Pomares, la sacaron del apuro y acabaron dando como fruto el magnífico parque arqueológico donde hoy podemos maravillarnos ante los venerables restos de nuestra ciudad germinal, ibérica, quizá cartaginesa, romana, bizantina, árabe, cuyo nombre fue evolucionando con la Historia: Lecentum, Lekant, Al Lakant, Alacant… Si Solveig hubiera sido española, en aquella época inmisericorde, cualquiera sabe qué suerte habría corrido y qué castigos hubieran caído sobre ella, por “subversiva”. Pero ella ganó la batalla, y su amor por nuestra tierra quedó acreditado en el hecho de que se quedó aquí, con nosotros, para siempre y hoy vive en el cercano Benidorm.
El pasado día 7 nuestro Ayuntamiento bautizó la plaza que da acceso el viejo Lucentum como Parque de la Arqueóloga Solvig Nordstrom. Aquella muchacha nórdica y brava que se echó delante de las máquinas es ahora una anciana de 94 años, que no ha perdido un ápice de su vitalidad y su claridad de pensamiento, a pesar de que hoy va en una silla de ruedas. Sus palabras de agradecimiento han sido el discurso más hermoso y cálido que he escuchado jamás. Fue ella la que se calificó de “vikinguita” que dejó la Acrópolis de Atenas para venir a la entonces “peligrosa” (lo era) España de la posguerra y la dictadura, y fue ella la que, después de una contienda dolorosa y terrible, nos dio a los alicantinos la primera lección de optimismo y fe en una democracia que, tarde o temprano, tenía que volver. Nos demostró que la libertad seguía siendo posible, cuando rompió el silencio que se nos imponía.
La Alcaldesa Sonia Castedo le dirigió un merecido y emotivo discurso, que terminaba con un poema escrito por la misma Solveig, rodeada esta vez de viejos y nuevos amigos, entre los que destacaba el abogado don Jaime Pomares Bernad, que hace ya tantos años la había defendido. Se la veía feliz, compensada, radiante. Nos quería a todos y todos la queríamos.
A veces uno siente la satisfacción de ver honrados a nuestros héroes en vida. Esta vez hemos llegado a tiempo, afortunadamente. Y aunque después de Solveig, del padre Belda, de Figueras Pacheco y don José Lafuente, vinieron nuevos arqueólogos pertrechados con una ciencia más moderna y mejor equipada, que echaron abajo algunas de las aventuradas teorías de aquella pandilla de románticos enamorados de Alicante que “hicieron lo que pudieron”, hemos de reconocer que nada habría quedado para estudiar de Lucentum si aquella entrañable “vikinguita” no se hubiera echado delante de las excavadoras.
Gracias Solveig, que sea por muchos años.
Alacant nunca te lo agradecerá bastante.

Miguel Ángel Pérez Oca.

UN CUENTO DE POMPAS FÚNEBRES




Últimamente estoy acudiendo a la Tertulia Literaria de la Taberna de Adolfo, donde algunos amantes de la literatura nos reunimos ante un plato exótico y un montón de ideas. La última vez aceptamos el reto de escribir un cuento con una temática determinada: Las pompas fúnebres.
Y ahí va el mío. Ya me diréis qué os parece.

MEJOR SEPULTURA OS DI.
En su niñez, Paquito era un infeliz, culigordo y de voz atiplada, del que se burlaban los otros niños de la calle, que lo sometían, junto a su hermano Nicolás, también obeso y torpe, a crueles bromas inmisericordes. El pequeño, Ramón, era otra cosa, atrevido y carismático, se erigía en caudillo de la tropa infantil, siendo con frecuencia el instigador de las malas pasadas que la pandilla gastaba a sus dos hermanos.
Por eso, los dos desgraciados preferían jugar conmigo en la trastienda del negocio de pompas fúnebres de mi padre, entre ataúdes, centros florales, herramientas de carpintero y tablas, virutas y aserrín.
Paquito mostraba una gran habilidad en la fabricación de minúsculos ataúdes para roedores caídos en las ratoneras o insectos envenenados por los polvos que echaba mi padre por los rincones. Un día a Paquito se le murió un canario, y se pasó todo el día fabricando un primoroso ataúd, su obra maestra, con el que procedimos a inhumar al pequeño cadáver avícola en un solar cercano. Más tarde, su hermano Nicolás me confesó que Paquito había matado al pobre pájaro para poder hacerle un bonito entierro. No dejaba de ser un alarmante precedente de lo que ocurriría después. En el fondo, a pesar de las circunstancias posteriores de la vida de Paquito, su vocación ha sido siempre la de funerario.
Hace poco, Paquito me llamó a Madrid, y yo me apresuré a complacerle a pesar de mis muchas ocupaciones como propietario de la más importante empresa de pompas fúnebres de Galicia.
Cuando me vio, me dio la mano, tan blanda y fría como en sus años mozos. Paquito nunca ha sido muy efusivo en sus manifestaciones, pero en el brillo de sus ojuelos pude comprobar que se alegraba de verme.
-Verás, Pepín – él me seguía llamando Pepín, aunque yo, de ninguna manera me hubiese atrevido a llamarle Paquito, faltaría más -, las obras del mausoleo están ya a punto de acabarse y he pensado en ti para que organices todo lo relacionado con el traslado de restos, fabricación de cajas, organización de los funerales, flores y demás. Son varios cientos de miles de muertos, lo que supondrá un buen negocio para ti, ¿verdad?
-Sí, Excelencia – le respondí con una inclinación de cabeza.
No cabía duda de que Paquito me estaba devolviendo el favor de haberlo amparado en la peor época de su vida.
Después fuimos a ver las obras: La gigantesca cruz que sería la más grande del mundo, la basílica enorme y majestuosa, y la cripta que habría de albergar a los caídos de aquella triste guerra.
Al fin Paquito había conseguido realizar el más querido de sus sueños: se había convertido en el sepulturero de toda una nación.
Y se me ocurrió que la corona floral que Paquito depositaría sobre la cripta en la ceremonia solemne debería llevar una cinta que dijera: “Si buena vida os quité, mejor sepultura os dí”. Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 20 de febrero de 2011

UN SÁBADO MUY ALICANTINO






Sin duda, este sábado ha sido un día muy alicantino. Y sin duda, Vicente Hipólito ha sido su protagonista indiscutible. Por la mañana, la ministra Leire Pajín le entregaba en la Sede Universitaria la Medalla al Mérito en el Trabajo, para cuya distinción tantos alicantinos, admiradores del que durante 50 años ha sido la voz radiofónica de Alicante, hemos firmado una masiva petición. Allí estaba el todo Alicante político, intelectual y artístico, junto a tantos ciudadanos y amigos del inolvidable locutor. Habló la ministra, le prendió la medalla y, después, habló Vicente que, como era de esperar, nos obsequió con una pieza maestra de la oratoria, coloquial e improvisada en algunos pasajes, y profundamente meditada en otros. Dedicó recuerdos a su larga trayectoria, a su familia y amigos y terminó invitando a toda la audiencia que abarrotaba la sala a repetir con él, su conocida frase: “HAGANME EL FAVOR DE SER FELICES”. Resultó un acto gratificante, muy emotivo y, sobre todo, de justicia. Está bien que esta ciudad sepa agradecer la labor de quienes la han engrandecido.
Por la tarde, de nuevo Vicente estaba en la brecha, presidiendo y conduciendo el ya tradicional acto de homenaje a los Mártires de la Libertad, que se celebra todos los años el sábado siguiente al 14 de febrero, fecha en la que seis oficiales compañeros del coronel de carabineros Pantaléon Boné fueron fusilados, en 1844, en las tapias del Panteón de los Guijarro, de Villafranqueza, donde reposan. El acto consistió en una procesión cívica y laica que partió de la Plaza de la Constitución de este entrañable barrio-pueblo de nuestro municipio, mejor conocido como El Palamó. Iba precedida por un grupo de niños del colegio local que, acompañados de sus maestros, portaban coronas de laurel y ramos de flores ofrecidos por diversas entidades, grupos municipales, partidos, sindicatos y entidades culturales (como Alicante Vivo o la logia Constante Alona). A continuación, la masa de los participantes, entre los que figuraba la Alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, la portavoz del Grupo Socialista, Carmen Sánchez Brufal y la candidata a la alcaldía por el PSOE, Elena Martín, varios concejales, el Rector de la Universidad, Ignacio Jimenez Raneda y un nutrido grupo de ciudadanos de Villafranqueza y Alicante. Se entregaron premios de redacción a varios escolares y el premio “Mártires de la Libertad” a la Universidad de Alicante, representada por su Rector, que dirigió al público unas palabras. Hablaron la portavoz del Grupo Socialista, la Alcaldesa y el Presidente de la Comisión Cívica de los Mártires de la Libertad, todos ellos con un motivo común: la exaltación de los valores democráticos que, todos juntos, sin distinción de colores, debemos defender. Al término del acto, se consumieron rollitos de anís y vasitos de mistela, mientras atardecía en el cielo de Villafranqueza.
Pero la jornada todavía no había terminado. El ceramista Morán Berruti inauguraba su nuevo establecimiento-taller en la Plaza de Gabriel Miró, esquina Castaños. El buen vino, el buen jamón y el buen queso, rodeados de las maravillosas cerámicas de Berruti sirvieron de colofón a una jornada inolvidable.
A veces uno, a pesar de las muchas cosas desagradables que pasan en estos días de crisis económica y moral, se siente orgulloso de pertenecer a esta tierra llena de magia y de libertad, donde poco a poco y gracias al tesón y el amor de unos cuantos va renaciendo el profundo sentimiento de identidad que nunca debimos dejar en peligro de perderse.
Miguel Ángel Pérez Oca.

domingo, 13 de febrero de 2011

PONS NOS LLAMA AL ALZAMIENTO NACIONAL.


El PP, que no deja pasar la más mínima oportunidad de llevar el ascua a su sardina y arañar unos cuantos votos a cambio de lo que sea; ese partido al que le importa un carajo la suerte de España y de los españoles, con tal de alcanzar el poder, ha empezado a predicar la rebelión abierta contra el Gobierno legalmente constituido. No es extraño que los hijos y nietos de los "nacionales", herederos cada vez más inequívocos del franquismo, añoren la "hazaña" de sus abuelitos, cuando se levantaron en el Glorioso Movimiento Nacional y llevaron a cabo uno de los genocidios más horrorosos de los tiempos modernos.

Y digo esto movido por la indignación que me produce escuchar al señor González Pons haciendo comparaciones de lo ocurrido en Egipto, donde el pueblo se ha alzado contra una dictadura muy parecida al viejo franquismo, aunque sin tanto asesinato detrás, con la presunta indignación del pueblo español contra los pecados de Zapatero. Olvidar que Zapatero está en su sitio porque ha sido elegido por el pueblo soberano de acuerdo con nuestra Constitución es muy grave. El señor Pons debería saber que solo las hurnas pueden legalmente destituir a Zaptero, si el pueblo lo quiere y él se ha presentado por tercera vez como candidato del PSOE, que está por ver. Lo demás es puro fascismo, pura demagogia criminal, puro llamamiento a la rebelión armada contra la Democracia. Como también lo és decir que los fiscales, la policía y los jueces ejercen la ley del embudo contra un "angelito" "al que le han regalado cuatro corbatas". Esas insinuaciones intentan minar las instituciones del Estado Democrático y siembran la torpe idea de que todos los políticos son corruptos. Esas actuaciones socavan nuestra libertad y nuestras instituciones, y no debemos ni podemos consentirlo. Nuestras armas, al contrario que las de los fascistas, al contrario que las del señor Pons, son los votos, los razonamientos y la convicción democrática. Las del señor Pons son la falsedad, la insidia y el enaltecimiento encubierto del fascismo criminal.

Porque, ¿se ha dado usted cuenta, señor González Pons, de que se comporta como un repugnante y peligroso fascista? Debería hacérselo mirar, ¿sabe?

Miguel Ángel Pérez Oca, un ciudadano muy indignado.

sábado, 12 de febrero de 2011

TENGO UN COMPROMISO, PERO NO CON "COMPROMIS".


Acabo de ver el vídeo electoral de la coalición "COMPROMIS" y me he quedado de piedra. En él aparezco yo diciendo que tengo un compromiso con la Memoria Histórica de Alicante y hablando de mis libros sobre el tema, en una escena que me rodaron hace ya meses. En ningún momento me dijeron que era para un vídeo electoral, porque me hubiera negado a aparecer en él, dado que mi opción política para estas próximas elecciones municipales es otra. No tengo nada contra el Bloc, Iniciativa y los Verds, entre los que tengo buenos amigos, pero esto no se hace. Yo creía que estaba rodando un documental sobre personas de Alicante preocupadas por su ciudad, sin connotaciones electorales, así que me han tomado el pelo.

Claro que me siento comprometido con Alicante; así que tengo un compromiso, pero no con "Compromís".


Que conste.


Miguel Ángel Pérez Oca.