jueves, 6 de noviembre de 2008

NATALIA EN CADAQUÉS


Mi hija Natalia y su marido Toni han estado en Cadaqués, el pueblo de Dalí. Natalia, ya sabéis, escribe muy bien (hay quien dice que mejor que yo, y no me extraña), y ha compuesto un relato corto que no me resisto a poner en este blog.

Ya me diréis qué os parece.


UNA HISTORIA.


Cadaqués tiene calles blancas y empedradas, las puertas de las casas pugnan en una lucha de colores y se visten de fiesta con rojos sangre, azules ultramar, verdes oliva... Cadaqués es un pueblo empinado que se ofrece al mar, a la bahía y parece que todas sus casas miran al azul esperando ver amanecer y atardecer eternamente.


Allá abajo en el paseo, casi a ras de agua, habita la "Casa Azul”, es una imponente casa modernista de tonos azulados que destaca por su altanería. Tiene un anexo que da al paseo, al mar, es una pequeña caseta de amplias ventanas no menos digna, pero si más modesta. Uno no puede evitar la tentación de mirar por sus cristales, cual bandido, y parece que al hacerlo entra en la cabina de un barco pirata; sus paredes están decoradas con redes, con remos, faros y toda clase de aparejos. La luz es tenue, se diría que de vela o candil, en la puerta un letrero dice en varias lenguas "No es una tienda", como para marcar una barrera entre el mundo exterior y ese azul camarote terrestre.


Lo miro de noche y me pregunto cómo será su dueño. Me imagino a un hombre de mar, ya entrado en años, sereno y algo irascible, con mil historias que contar y así, durante toda mi estancia en Cadaques, la vista se me va de tanto en tanto hacia el camarote terrestre de " la Casa Azul", aunque me encuentre en el otro extremo del pueblo.


El último día, al mirarla, descubro que los grandes ventanales que hacen de puertas están abiertos y hay dos figuras apenas perceptibles sentadas a la entrada, tomando el último sol de la tarde y esperando que anochezca. Me apresuro impaciente con el corazón encabritado por tal descubrimiento. Al acercarme los veo, me siento en un noray del paseo y los observo fascinada. Él,(su imagen no me defrauda en absoluto) casi calcado de mi imaginación, se sienta en una mecedora azul, debe rondar los 70 aunque, como pasa con los lobos de mar, los ojos cargados de brillo y la agilidad de movimiento despistan y hacen dudar. Es un hombre robusto, alto y bien formado, debió ser guapo, no, es guapo, sus facciones están proporcionadas, la mandíbula cuadrada lo hace más masculino de lo que ya es y una media melena de pelo canoso entre blanco y gris plata le da un aire de viejo pirata que me fascina. Sus manos son toscas, pero fuertes y va vestido con ropas claras de algodón. Mira al horizonte callado, disfruta del mar mientras la ligera brisa le revuelve el cabello. A su lado hay un ser no menos fascinante. Ella debe tener su misma edad, es una mujer llamativa, atractiva en su madurez como he visto pocas, natural, nada de retoques, su piel ya no es tersa y suave, pero no por ello pierde belleza, tiene un cuerpo estilizado, delgado y elegante, debió ser una mujer muy guapa, no, rectifico, es guapa, tiene unos ojos claros de un color que se me escapa desde la distancia pero que adivino azul, también lleva melena, algo más larga y también tiene el pelo cano. Está sentada en una silla de enea con el cuerpo ligeramente echado hacia delante y las piernas cruzadas, como insinuándose, como ofreciéndose. Lleva una camiseta blanca de algodón y una minifalda negra que deja ver sus piernas largas, aun bien formadas, vestidas con medias y zapatos negros de tacón cuadrado y hebilla.


¿Quienes sois? me pregunto ¿Cual es vuestra historia? ¿Os amasteis? ¿Seguís haciéndolo? ¿Vienes tú, mujer de piernas largas, a visitarlo a él después de los años, como la marea? Ella hace como que mira al horizonte, pero su mirada se vuelve rebelde de tanto en tanto y lo mira a él de reojo con una media sonrisa! ¡Cuanto daría por sentarme a su lado y oírlos hablar...!

Me levanto de mi escondite y ando a paso lento por la acera. Ralentizo mi paso y agudizo mi oído al pasar al lado del camarote terrestre de la casa Azul. La conversación que oigo es lo único que sabré de ellos:

Ella- Está el mar bravo hoy...

El- ¿Paró ya el viento?

Ella- No sé, a mi me encanta este viento....


Camino hasta el hotel acunada por sus escuetas palabras (surrealistas pero apropiadas en la tierra de Dalí, donde estamos) y por la imagen maravillosa de aquellos dos seres, que yo, para entonces, ya he convertido en viejos amantes, quizá en otros mundos o en otros mares...

Cadaqués es un pueblo de faroles, apenas hay luz salvo la de esas deliciosas lamparillas que alumbran solo lo necesario, por eso también es un pueblo de noches y estrellas. Levanto la vista y me sorprendo al ver la Vía Láctea sobre mi cabeza, el mismo cielo que me cubría en mi infancia, en aquel chalé sin luz eléctrica, la bóveda celeste, toda ante mis ojos y ante los de ellos, los amantes del camarote terrestre. Cadaqués se duerme en silencio acunado por las olas y yo me duermo con él......


Natalia.

1 comentario:

Adrian dijo...

Hola Miguel Angel:

Enhorabuena por compartir con todos nosotros este cuento ambientado en Cadaqués. Es una ciudad preciosa. Si quieres seguir inspirándote para tu relato, te recomiendo la página de http://www.trivago.es/cadaques-31966 donde hay unas fotos preciosas. Un saludo