viernes, 20 de abril de 2018

martes, 17 de abril de 2018

SILENCIO.


El tema de la Tertulia de ayer era "Silencio" y yo presenté este trabajo que espero os guste:


EN EL SILENCIO DE LA NOCHE.

            Siempre me ha fascinado el silencio de las noches de verano. No es un silencio absoluto, sino la ausencia de ruidos inoportunos, subrayada por lejanos murmullos y pequeños cuchicheos de seres minúsculos, que ocupan la noche para salir a escarbar sobras de alimentos o, simplemente, vivir su vida. Aquella noche, un aire ligero y fresco movía las cortinas bajo la luz plateada de una Luna creciente. Los grillos frotaban sus élitros entre las frondas vegetales, siguiendo su ritual amoroso. A lo lejos, el murmullo de las olas al integrarse en la arena, adornaba la paz nocturna. Y yo, incapaz de dormir, respiraba el silencio y sus pequeñas transgresiones. Abajo, por la calle, un carro deambulaba tirado por una acémila cuyas herraduras castigaban suavemente los adoquines…
            Y en eso, se despertó el Infierno.  Las sirenas de alarma, situadas en el Mercado y en la Fábrica de Tabacos, vomitaban su largo ulular siniestro.
            -¡La pava, la pava, que viene la pava! – oí voces en el exterior y, a la vez, un lejano rumor de motores que rasgó la atmósfera, como si fuera un remoto visillo que se descorriese.
            No encontré las zapatillas y me apresuré a bajar, descalzo, por la escalera atestada de vecinos en ropa de dormir, que pugnaban por alcanzar el portal. Y después, entre empujones y codazos, salí corriendo calle arriba, camino del refugio antiaéreo, a cuya puerta se arremolinaban los que intentaban ponerse a salvo.
            El ruido de motores se hizo más fuerte, casi ensordecedor, mientras descendíamos a trompicones los escalones empinadísimos. Era una bajada enloquecida, plagada de resbalones, caídas de gente mayor, desfallecimientos de embarazadas, llantos infantiles y gritos en demanda de auxilio.
            Pronto el refugio estuvo lleno de gente asustada que se apretujaba intentando dejar sitio a los rezagados. Y comenzaron a oírse las explosiones, cada vez más próximas. Las paredes temblaban y las luces parpadeaban mientras el estruendo colmaba nuestros cerebros, inermes ante el miedo.
            Entonces se fue la luz, mientras yo sentía en mis pies desnudos un líquido caliente que parecía derramarse desde las cercanas escaleras. Pensé que era aceite de alguna maquinaria reventada por la terrible y cercana última explosión; pero cuando volvió a encenderse el brillo mortecino de las bombillas que no se habían fundido, comprobé que el fluido que venía de la entrada era rojo y oscuro.
            Cuando algún tiempo después volvieron a sonar las sirenas, anunciando el cese de la alarma, y todos, lentamente, fuimos ascendiendo los peldaños manchados de sangre, tuvimos que sortear varios cadáveres de personas que habían muerto a la puerta, a donde habían llegado, quizá, demasiado tarde.
            Horrorizado y confuso volví a casa, me apresuré a lavarme los pies concienzudamente y regresé a la cama. “Esta noche ya no volverán”, me dije. Y de nuevo experimenté el silencio. Aunque esta vez no se adivinaba el consolador “cri-cri” de los grillos, ni los quedos pasos de una acémila que tirase de un carro. El silencio, esta vez, era sólido, negro, total, como el silencio de la muerte.

                                                                     Miguel Ángel Pérez Oca.

sábado, 7 de abril de 2018

QUERIDO Y ADMIRADO CAPITÁN DICKSON.

Mañana domingo, día 8 de abril de 2018, tendré la inmensa satisfacción de ver, en nuestro puerto, un busto de mi mejor héroe de la Guerra Civil, el capitán Archibald Dickson. Con su pequeño barco Stanbrook y sus 19 valerosos marinos (Ahmed, Ahmed, Ahmed, Andi, Atkinson, Begas, Bey, Briggs, Charlin, Clark, Francis, García, Hugues, Johansen, Lillystone, Nagi, Nearchou, Oldakoff y Tagg) salvó a casi 3000 refugiados reublicanos de los pelotones de fusilamiento y los campos de concentración franquistas, el día 28 de marzo de 1939. Pocos meses después todos ellos morirían víctimas de un torpedo nazi.
La gesta del Stambrook es un buen ejemplo en esta época indignante de pateras y campos donde se maltrata a los refugiados de las guerras del petróleo y el tráfico de armas.
Y sin embargo, aún hay gente sin escrúpulos y muy malas intenciones que se dedica a injuriar su memoria en un intento de volver el mundo al revés y hacer buenos a los asesinos y malos a los héroes.
Estos días ha aparecido en la revista digital LOBLANC ( www.loblanc.info ) este artículo mío que os pongo aquí y que figura en mi sección "Reflexiones del ciudadano Pérez". Espero que os haga reflexionar sobre la gesta más hermosa de nuestra triste Guerra Civil (1936-1939).

REFLEXIONES DEL CIUDADANO PÉREZ

Reflexiones del Ciudadano Pérez

BILLETE DE IDA Y VUELTA

Estoy aquí, éste debe ser el lugar, pero no lo reconozco. Aquí debió estar amarrado el Stanbrook, pero este sitio ha cambiado tanto desde entonces. Yo recuerdo suciedad y hierros retorcidos de grúas y tinglados maltrechos; y miles de personas harapientas, aterradas, empujándose con desesperación, dándose codazos por llegar a la pasarela.
Aquel puerto, ahora, es una zona de recreo donde las terrazas se desperezan al sol, frente a la antigua dársena abarrotada hoy de yates y veleros deportivos. Y la ciudad, a mi derecha, apenas me parece la misma. Arriba del todo, la Cara del Moro, y abajo, la Casa de Carbonell son los únicos hitos que identifico, aunque entonces me parecían más grandes y más grises.
Alicante está muy cambiada, con todos esos rascacielos y esa fuente en lugar del viejo y mutilado monumento a los Mártires de la Libertad. Mi vista se posa en el paseo de las palmeras, que sigue siendo el mismo, aunque ahora lo llaman Explanada y tiene un bonito suelo teselado. Si mi padre hubiera sobrevivido al dictador, hoy estaría junto a mí, y se sentiría tan fuera de lugar como yo.
-No llores, Nicolás – me dijo mientras ascendíamos penosamente por la pasarela –, que llevamos billetes de ida y vuelta. Ahora nos vamos para que Franco no me fusile; pero volveremos para echar a los fascistas de nuestra tierra, ya lo verás.
Recuerdo al capitán Dickson dando la mano, uno a uno, a todos los refugiados, conforme subían abordo. Éramos casi tres mil y llenábamos la cubierta, las bodegas, la techumbre del puente de mando, la cofa, hasta el último rincón. Algunos se acurrucaban junto a la chimenea buscando un poco de calor bajo la llovizna. Y él, siempre amable y sonriente, con aquellos ojos azules que parecían reflejar el mar, y aquella sonrisa de hombre bueno, nos iba dando la bienvenida a su barquito cargado de miedos y esperanzas. Le dio la mano a mis padres, y a mi me acarició el cabello en un gesto que agradecí en silencio. En ese momento supe que ese hombre nos iba a salvar la vida.
Todavía el barco se deslizaba sigiloso hacia la bocana, en medio de la oscuridad más tenebrosa y el silencio solo roto por algún suspiro y por el llanto apagado de un niño, cuando dos bombas de aviación cayeron muy cerca de nosotros. No había sonado la sirena de alarma ni se oyeron los habituales cañonazos de los antiaéreos; solo los motores del avión asesino alejándose hacia Mallorca. Porque ya nadie estaba en su puesto, y hasta los aduaneros habían tirado al mar la gorra y la pistola y se habían subido al barco con nosotros, en demanda de un exilio doloroso pero salvador.
-No llores, Nicolás, que llevamos billetes de ida y vuelta.
Y pasaron los años, y Franco se quedó para siempre. Y nosotros nos fuimos a vivir a Burdeos y allí montamos nuestros negocios, y nos fue bien; pero a padre siempre se le salía la nostalgia y el desarraigo a los ojos cuando creía estar solo. Sobre todo al final de su vida, después de que se fuera madre.
-¿Se ha muerto ya ese canalla? – preguntaba en sus días terminales, que coincidieron casualmente con la aparatosa agonía del dictador.
-¿Se ha muerto ya? – fueron sus últimas palabras.
Y ahora yo he vuelto, más por él que por mí, y no reconozco el lugar. Estoy aquí y no tengo la sensación de haber regresado. Han pasado muchos años y nuestro billete de ida y vuelta ha debido caducar. Porque aquel Alicante del que me fui siendo un niño ya no es esta ciudad rica e impersonal que ahora me rodea; y mi casa está en Burdeos, mi esposa es francesa y franceses son mis hijos, y hasta yo mismo pienso en francés. El Alacant de 1939 es irrecuperable porque quizá él también se fue en el Stanbrook.
En fin, dentro de unos días cogeré el avión y me volveré a Francia, con mi mujer y mis hijos, con mis negocios, con mis amigos. Aquí no conozco a nadie y, afortunadamente, esta vez sí que he comprado de verdad billete de ida y vuelta.

miércoles, 4 de abril de 2018

UNA INSTALACIÓN EJEMPLAR.


 El tema de la Tertulia era "Qué difícil me lo ponéis" y yo presenté este trabajo que os pongo aquí:


UNA INSTALACIÓN EJEMPLAR.

            Estaba harto de tanta chapuza. Él era un hombre meticuloso, maniático del orden, amante de las cosas bien hechas, y no estaba dispuesto a incrementar la productividad en sus instalaciones a base de parches y componendas. No, señor. De momento, su jefe inmediato ya llevaba dos horas de retraso y eso era algo que le desesperaba. Nunca había soportado la falta de puntualidad. Así que, sentado en su despacho, tamborileaba los dedos contra la madera de su mesa cuidadosamente ordenada.
            Por fin se oyeron voces en el exterior. Se acercaba el coche del Jefe. Y salió a recibirlo. Ya había pensado en la frase que le diría, para que la transmitiera a las más altas instancias. “Qué difícil me lo ponéis”, le iba a decir, sin ningún miedo a reprimendas de la autoridad.
            El Jefe lo miró de arriba abajo con sus ojillos miopes tras las gafas redondas de montura metálica.
            -Sí – le había dicho-, ya sé que te lo ponemos muy difícil. Pero no hay más remedio. Tenemos que dar una solución definitiva a este enojoso asunto. Cada vez nos llegan más cargamentos y hay que darles salida inmediatamente. Y tú eres el único capaz de organizar esto de forma eficaz. Los demás directores son unos incapaces, demasiado torpes para este trabajo que debe ser meticuloso, limpio y barato. Te dotaremos con los medios necesarios. Por eso no te preocupes.
            -Pero, en tan poco tiempo no sé si podré organizarlo…
            -Pues claro que podrás. Arriba confían plenamente en tu capacidad.
            Cuando su jefe se marchó, él se sintió invadido por sentimientos encontrados. Por un lado, se sentía orgulloso de que sus superiores lo tuvieran en tan gran estima. Por otro, el esfuerzo le iba a obligar a estar más tiempo lejos de sus seres queridos. Y él adoraba a su hijita pequeña, tan rubia, tan angelical y tan precoz en sus habilidades musicales. Ya tocaba el piano con la soltura de un profesional. Y era el vivo retrato de su madre, la dulce esposa que sabía hacerlo feliz y con la que disfrutaba de la vida apacible y exquisita que compartían en casa. Además, en el club se le apreciaba mucho, y a él le encantaba platicar con sus amigos… Pero antes que nada estaba el deber. Así que esa noche, como otras muchas en el futuro, la pasaría en el despacho supervisando los documentos y haciendo cálculos de viabilidad.
            Puso a la izquierda las ofertas de una joyería que se haría cargo de todas las existencias de anillos, dientes, monturas y demás objetos de oro, y de fabricantes de moqueta, dispuestos a comprar cabello humano. A la derecha colocó los presupuestos de los constructores de barracones, del laboratorio suministrador de Zyklon B, de fabricantes de hornos crematorios y de fontaneros preparados para instalar fumigadores de gas con apariencia de duchas inocentes. También examinaría las fichas de los presos comunes dispuestos a ser capos y verdugos.
            -Bueno – se dijo -, a trabajar. Auschwitz va a ser una instalación ejemplar.

                                                                                  Miguel Ángel Pérez Oca.


miércoles, 28 de marzo de 2018

NO PARTICIPARE.




Que les den morcilla a unos y a otros.

No participaré. No tomaré partido en este combate entre dos imbéciles. Lo que haga la derechona corrupta centralista, con sus jueces y sus leyes tramposas, con su ponerse de perfil y hacer el Don Tancredo, y lo que haga la derechona catalana a cuyo padrino (ese que se parece a Yoda) lo han cogido con las manos en la masa, y que pretende saltarse la Constitución antes de cambiarla por los cauces legales y hacer trampitas de "listillos" para comerle el coco al pueblo (a parte de él) en sus ansias de librarse de la carcundia madrileña, y así poder seguir amasando, me la suda. No voy a solidarizarme con gente que está en la cárcel muy merecidamente, ni con otros que se han ido fuera para librarse de la quema (y a los que se han quedado que les den morcilla) y, encima, son tan burros que los cogen en una frontera. Tampoco lo voy a hacer,¡por supuesto!, con los que no buscan una solución política y se hacen los locos y le dejan el pastel a los jueces para que lidien en un campo legal que ya debería haber tenido sus reformas. Se pasan de listos, los unos y los otros, y a mi me producen bascas, los que cuelgan en el balcón la bandera bicolor, con tres bandas o con nueve, para demostrar lo patriotas que son, y así le hacen el juego a la derechona corrupta de turno. O los que van a las manifestaciones y hasta se enfrentan a la pasma en solidaridad con los ladrones de uno u otro signo. Han conseguido que la política ibérica del siglo XXI sea una mierda.
Ojo, compañeros, que los problemas de este sufrido país no son esos, que quieren engañarnos, que pretenden que nos preocupemos de las banderitas, de las patrias, de los himnos... cuando los problemas vienen de la lucha de clases y de las rivalidades entre dos derechas de chorizos y carotas, e, incluso, entre grupos de izquierdas que al estar desunidas son más fáciles de manipular.
¡No seáis tontos! Que le den morcilla a los patriotas de pacotilla, a los de los lacitos y las consignas
Lo nuestro son las manifestaciones gigantes y el trabajo tenaz por la mujer, por las pensiones, contra la desigualdad. Que no se puede ser nacionalista independentista y de izquierdas, ¿estamos? Que se metan las banderas por el culo y nos den lo que es nuestro.
Digo.

miércoles, 21 de marzo de 2018

ZARCILLOS DE LIBERTAD.



El tema de ayer en la Tertulia era "Zarcillos", aunque a mí me apetecía escribir sobre las manifestaciones feministas de la pasada semana. Conseguí unir los dos temas en este trabajo que os pongo. Espero que os guste.

                              ZARCILLOS DE LIBERTAD.


Fátima se sentía feliz entre aquella marea de miles de mujeres que gritaban, cantaban, marchaban y exhibían pancartas en demanda de igualdad. La gigantesca manifestación tenía un lema común, por encima de ideologías y partidismos: DIGNIDAD.
-Madre mía – pensó -, si Mohamed se enterase de que no estoy en clase de idiomas sino en una manifestación feminista...
Las “desvergonzadas” mujeres cristianas gritaban: “Yo no he salido de tu costilla; tú has salido de mi coño”, y otras blasfemias similares.
Junto a ella iba Loli, la monitora, con su pelo rubio al viento y unos hermosos zarcillos en la orejas.
Cómo le hubiera gustado comprar esos zarcillos en la pequeña joyería del barrio. Los ofrecían con facilidades, y con las propinas que se ganaba en el hotel, haciendo camas y fregando habitaciones, los hubiera podido pagar a plazos. Sus brillos dorados habrían lucido al sol contrastando con su pelo negro como la noche; pero el “hiyab” que ceñía su cabeza hubiera hecho inútiles e impensables tales adornos.
Cuando una vez le había dicho a Mohamed que quería quitarse el velo de la cabeza e ir como las españolas, él se enfureció.
            -¿Acaso quieres avergonzarme ante mis hermanos? ¿Qué dirían de mí en la mezquita y en el mercado si te vieran con la cabeza descubierta como una de esas “zorras” europeas?
            Y a punto estuvo de prohibirle que siguiera yendo a la escuela.
            Mohamed se las daba de musulmán moderado y progresista. Era un hombre de izquierdas, comprometido con la Primavera Árabe. Reconocía que sus hijas, o quizá sus nietas, se liberarían alguna vez del velo cubrecabezas; como se habían librado ya de taparse la cara la mayoría de las musulmanas, al menos en los países magrebíes. Pero ahora todavía no era el momento.
            Fátima pensó que su madre, que aún se tapaba la cara en su tierra para ir al mercado, le habría dicho lo mismo.
            Pero en medio de aquella multitud, junto a millones de mujeres pidiendo libertad, y con los zarcillos de Loli bailando ante sus ojos y tiñendo de dorado el aire crepuscular…
            -¡Libertad! – gritó con Loli y sus compañeras de clase. Entre ellas había algunas otras musulmanas, como Mowlida, que ya hacía mucho tiempo que se había librado del velo. Pero Mowlida era soltera y vivía en un piso alquilado, con varias chicas cristianas.
            Fue como un arrebato. De pronto el “hiyab” desciñó sus cabellos y se convirtió en un pañuelo para el cuello. Sintió como su cabellera flotaba al viento y se supo investida de una dignidad que nunca había disfrutado. No era cuestión de llevar o no pañuelo sobre la cabeza, sino de saberse dueña de llevarlo o no.
            Mañana se compraría los zarcillos, se pusiera Mohamed como se pusiera.
            -A lo mejor me pega una paliza – reflexionó -, pero la dignidad siempre tiene un precio… Y no es por los zarcillos. Ellos solo son un símbolo de mi libertad.
            Y contestó al gesto de sorpresa de Loli con una ancha y maravillosa sonrisa.

                                                                                 Miguel Ángel Pérez Oca.
                                                                          (500 palabras sin título y firma)    

lunes, 19 de marzo de 2018

OTRA DE LA WEB DE PREMIUM EDITORIAL.

Libros de Premium Editorial más vendidos en la Feria del Libro de Tomares 2018:
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1º-. Por si acaso te escribí, de Miguel Sandín.
2º-. Mecanópolis, de Miguel de Unamuno.
3º-. El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca.