jueves, 15 de septiembre de 2016

¿ES DECENTE VOTAR AL PP?


            ¿Era decente votar a Hitler? Y, sin embargo, Hitler ganaba elecciones. ¿Era decente votar a Reagan o a Bush? Pues ganaban y gobernaban, para bien o para mal. ¿Es decente votar a un partido que se hunde diariamente en la más abyecta corrupción y cuyo líder mira para otro lado cada vez que le preguntan por sus socios corruptos y, además, cree que gobernar es no hacer nada y esperar que escampe? Pues en cada elección saca más votos. ¿Cómo es posible? ¿Está este país lleno de votantes indecentes? ¿Deberíamos renegar de la democracia formal? ¿Son más importantes las formas democráticas que la mismísima Ética? Un dilema tremendo se cierne sobre la gente honrada de este país. La gente honrada es la que piensa que quien vota a los corruptos es un cómplice de sus delitos o un tonto ingenuo… O quizá un mezquino, un cobarde, un inconsciente, un ignorante… Sin embargo, en caso de que aceptásemos el hecho de que es una indecencia votar a determinados partidos, ¿quién ha de ponerle el cascabel al gato? ¿Quién debería estar ungido de la autoridad de decidir qué partido es indecente y cual no? Todos, o casi todos, sabemos quiénes son los indecentes, pero si confiásemos en alguien para prohibir el voto a los corruptos, este alguien podría a su vez corromperse y censurar el voto libre a quien él quisiera, fuera o no indecente. Es como una pescadilla – o pesadilla - que se muerde la cola. La libertad no es libertad si se limita la libertad a los enemigos de la libertad. ¡Por ahí te salvas, Rajoy!
Pero es tan triste ver cómo hay gente que vota a los que le mienten y explotan.
Así que no queda más remedio que tener paciencia y perseverar, en espera de que alguna vez, en este país, haya un pueblo inteligente y unos políticos honrados que asuman de verdad la misión sagrada de ser los representantes del pueblo.
Triste sino.

  

martes, 13 de septiembre de 2016

DECLINAR

El tema de la Tertulia de ayer era "Declinar", y yo presenté el trabajo que a continuación os muestro. Espero que os guste y que esteis de acuerdo conmigo. Ya va siendo hora de que en este país evolucionemos hacia el verdadero Homo Sapiens. ¿No os parece?



DEBÍ DECLINAR AQUELLA INVITACIÓN.

Debí declinar aquella invitación, pero no lo hice. Y después me he arrepentido mil veces de no haberlo hecho; aunque quizá la experiencia valió la pena y mi pecado de entonces contribuyó a forjar mi carácter. El caso es que la invitación era muy tentadora. Nunca volvería a tener la ocasión de presenciar un espectáculo como aquel, al menos en esas condiciones excepcionales.
            Miguel Pomata, el conserje de mi oficina, era amigo del padre de un famoso torero, quien lo había invitado a que acudiera con unos cuantos compañeros a la plaza de toros de Benidorm, donde el “maestro” iba a matar dos astados en privado, para entrenarse con vistas a la próxima temporada. La corrida se haría con toda la parafernalia habitual: cuadrilla entera con sus trajes de luces, picadores con sus caballos, suerte de banderillas y estocada final, como está mandado, pero sin público, salvo diez o doce personas de confianza. Y Pomata nos propuso asistir con él a varios colegas: a Paquito, gran aficionado a la tauromaquia, a Tomás, el interventor, y a mí, por la gran amistad y casi parentesco que unía a nuestras dos familias.
            De entrada me impresionó ver el enorme coso vacío y oír desde la grada las conversaciones de los toreros, potenciadas por la sonoridad de aquel desierto cóncavo.
            -Durante toda la lidia debéis guardar silencio, porque el bicho, al no oír el murmullo del público, se puede distraer con cualquier ruido – nos advirtieron.
            Ver una corrida de toros en medio de un silencio sepulcral es algo que no se me olvidará nunca. Oíamos las voces del matador, cuando citaba al morlaco negro y astifino, y la respiración agitada y los mugidos de dolor y de rabia del animal.
            Entonces comprendí la inmensa tragedia de aquel pobre ser vivo, burlado en su corto sentido de la vista y su pobre inteligencia por unas sombras que se movían a su alrededor, ocultándose tras unas formas verticales que quizá interpretara como postes en lugar de humanos quietos, y unos seres extraños que surgían de la nada para clavarle objetos punzantes que le dolían y le irritaban. El pobre herbívoro estaba muerto de miedo, presentía su muerte, y reaccionaba de la única forma en que sabía defenderse, intentado atacar con sus astas a los enemigos malvados que lo estaban torturando. Sus bufidos entrecortados, perfectamente audibles en aquel templo de silencio, delataban su angustia y su terror, que culminó con un estertor agónico, cuando el estoque atravesó su cuerpo y le produjo una espantosa y definitiva hemorragia. Después, ya muerta la víctima, los invitados rompieron el silencio con gritos de entusiasmo y palmas.
            El espectáculo se repitió con el segundo toro, lo que me sirvió para comprobar de nuevo que el miedo y el dolor son el precio de la fiesta taurina, que el toro es un pobre comedor de yerba, inofensivo y pacífico, al que la Naturaleza ha dotado de dos cuernos para defenderse de los depredadores; aunque en este caso sus verdugos no buscan  legítimo alimento, sino sádica diversión de violencia y muerte.
            Debí haber declinado aquella invitación, pero no lo hice. Sin embargo, la experiencia me resultó reveladora y nunca más he asistido a una corrida de toros, ni siquiera por televisión, ni he participado en ningún espectáculo violento contra animales inocentes. Que nadie me proponga ir a una cacería, a la matanza de un cerdo o a una de esas fiestas salvajes en las que se tira una cabra de un campanario, se le arranca la cabeza a un ganso o se martiriza y humilla a un toro por las calles de un pueblo. Que nadie me invite a ver esas cosas, porque rechazaré, ofendido, su propuesta.
            Soy carnívoro, como la mayoría de mis congéneres, y reconozco el derecho a matar animales para alimentarnos, porque esa es nuestra naturaleza, pero exijo que se les respete, que no se les haga sufrir, que se les dé una muerte instantánea e indolora, y que nadie se divierta torturándolos, ni convierta su sacrificio en un espectáculo.

            Seamos, de verdad, humanos.                                

                                                                              Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 6 de septiembre de 2016

¿TAN DIFÍCIL ES?




¿Tan difícil es establecer una tregua? ¿Tan humillante renunciar a nuestras líneas rojas por un periodo de tregua? “Yo renuncio por dos años a mostrarme intransigente en esto si tú haces lo mismo con esto otro”, no tenéis más que decir. Y negociarlo. Por dos años, lo suficiente para reparar los daños más urgentes y tomar un camino nuevo, destronando de una santa vez al preboste estólido y podrido con toda su canalla. En este país enfermo, atiborrado de gente cobarde, miserable, mezquina, heredera de un viejo dictador y sus sacerdotes y verdugos, hace falta la sangre nueva de los adalides de la honestidad, de la verdadera libertad y del progreso. Pero, ¿sois vosotros esos campeones? No sé… Porque si no sois capaces de establecer una tregua para salvar a este país de la mugre miserable que lo atenaza, es que no lo sois y tendremos el liderazgo casposo que los viejos podridos nos quieren imponer…
            Vosotros veréis.


            (Dedicado a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Ribera)

RAJOY NO DARÁ UN PASO ATRÁS...


martes, 30 de agosto de 2016

UN HAIKU SOBRE LOS CINES DE VERANO DE MI JUVENTUD.

 El haiku, aunque incorporado al Zen en el siglo XVII, es la expresión poética más genuina del minimalismo propio de esta escuela filosófica oriental. He compuesto este haiku como complemento poético al tema de la tertulia de hoy, que, como ya sabéis, era "Cine de Verano".

 Bajo las estrellas,
una historia de amor en blanco y negro.
¡Noche de agosto!

LOS VIEJOS CINES DE VERANO.

El tema de la Tertulia Literaria de ayer era "Cine de Verano", y yo he aportado la narración que os adjunto. Está basada en un recuerdo real. La vida era así e los años 50:

DESDE ESTE FUTURO.
            Parece que hace siglos que transcurrían los años 50. Yo era un chiquillo de poco más de diez inviernos a mi espalda, con un hermanito que aún no andaba. Mis padres y yo, en las noches de verano, íbamos con cierta frecuencia a ver cine de reestreno en la Plaza de Toros, muy cercana a nuestra vivienda de planta baja. Mi hermano quedaba al cuidado de las abuelas y mi madre llenaba un capazo con una fiambrera de tortilla de patatas o de bacalao con tomate, barras de pan, servilletas, una sandía, una botella de vino embocado de la bodega del señor Andarias y otra de agua para mí. Nos sentábamos en las gradas, porque era más barato, y desde allí veíamos viejas películas en blanco y negro, sobre una ondulante pantalla de tela que temblaba al viento, y con un deficiente sonido, lleno de ecos y resonancias. Entonces, después de tantas penurias sufridas, nos conformábamos con todo.
            Recuerdo una noche en la que proyectaban “Locura de Amor”, en su versión grandilocuente y a la vez paupérrima de un Renacimiento de cartón piedra y triste guardarropía, en la que una histriónica Aurora Bautista trataba de hacer creíbles los castos desvaríos y los celos de Juana la Loca. La cinta rezumaba patriotismo barato en todas sus escenas, haciendo omnipresente ese sueño demagógico del “Imperio hacia Dios” con el que se desayunaban cada día los sufridos y míseros perdedores de la pasada Guerra Civil, sometidos a la propaganda machacona de la dictadura franquista.
            Yo, que me aburría bastante con la almibarada película, me dedicaba a mirar disimuladamente al público vecino que se sentaba en los bancos de piedra. Debajo de mí, un mozalbete sorprendido por la situación, satisfacía el hambre sexual de una señora “jamona” que se agitaba ante las incursiones del acompañante accidental bajo su falda. Los secretos del sexo todavía no se me habían manifestado en todo su esplendor, así que no entendía como aquellos “viciosos” podían refocilarse en el “pecado” con ese denuedo; y me imaginaba al chico arrodillado y contrito ante el confesionario, y a la insatisfecha señora aullando, presa de deseos impuros, en su cama solitaria.
            En el descanso, entre película y película, las familias se entregaban a la cena y se abrían los capazos y las navajas para preparar sabrosos bocadillos de tortilla o fritanga, acompañados de tragos de vino, los adultos, y de agua, los chiquillos - entonces aún no había Coca-Cola -. Y mientras mi madre confeccionaba el condumio, mi padre me acompañaría al mingitorio, en un rincón oscuro del pasillo que rodeaba la plaza. El olor penetrante de orines y Zotal habría sido capaz de quitar el apetito a quien nunca hubiera pasado hambre; pero ese no era el caso de los españolitos de entonces.
El principio del siguiente film coincidiría con el postre a base de tajadas de sandía o melón y la cháchara impertinente de los espectadores que terminaban su pitanza con total indiferencia a las vicisitudes de los protagonistas, esta vez americanos, de una aventura de Flash Gordon. Pero en eso yo ya empezaba a ser un niño diferente. A mí, convencido desde mis primeras lecturas de Julio Verne, de que muy pronto los humanos pisarían la Luna, la ciencia-ficción me chiflaba. Yo vivía ya en el futuro…
Pero no en este futuro de 2016 desde donde escribo estas letras, en el que todo el mundo tiene ordenadores portátiles y teléfonos móviles, y la información corre instantánea de un rincón a otro del planeta; donde todo depende de una intrincada red de impulsos electrónicos. En esta época futura, los problemas de supervivencia son muy diferentes de los que nos acosaban en los años 50. Ahora lo que peligra es la salud total del mundo, contaminado y esquilmado por las nuevas técnicas de un loco y cruel capitalismo dispuesto a morir de éxito con tal de obtener ganancias. Las guerras y la desigualdad hacen compatibles los más avanzados lujos y las más abyectas miserias…

No es este el mundo futuro que nos mostraban las películas de ciencia-ficción de entonces, ¿verdad?  No hay paz para los profetas.                
                                                         
                                                                                Miguel Ángel Pérez Oca.

jueves, 25 de agosto de 2016

MANIFIESTO CONTRA RAJOY (Un hermoso sueño)

Anoche tuve un sueño que no me resisto a publicar en este blog. Cuando desperté lucía el sol en todo lo alto y mi corazón se llenó de esperanzas; pero después, al despertar del todo, comprendí que solo era un sueño, eso sí, más lógico que la desesperante y triste realidad.

MANIFIESTO.
            Los abajo firmantes, después de una larga y fructífera conversación y consiguientes negociaciones, anteponiendo nuestro amor al pueblo español por encima de cualquier otra consideración, queremos manifestar que hemos tomado las siguientes decisiones:
            1.- Después del fracaso de las infructuosas negociaciones llevadas a cabo por Ciudadanos con el Partido Popular y su máximo dirigente Mariano Rajoy, constatamos la mala fe permanente y la total incapacidad de ese partido y sus dirigentes para iniciar un proceso de regeneración que lo aleje de las pasadas y, por desgracia, presentes prácticas de corrupción y juego sucio antidemocrático. Visto lo ocurrido desde las últimas elecciones, constatamos con pesar que el Partido Popular está viciado en su propia esencia y se halla incapacitado para responsabilizarse de la tarea de gobierno. Su permanencia el frente de nuestro Estado tendría consecuencias nefastas para el interés general.
2.- Los votantes del PP en las pasadas elecciones representan un 33 % del total de electores, mientras que los de PSOE, Podemos y Ciudadanos suman un 57 %, al que habría que añadir un 7 % de votantes de partidos minoritarios claramente opuestos al gobierno del PP. Por tanto, habríamos de interpretar que de cada tres españoles que han votado, uno es partidario de un gobierno del señor Rajoy, mientras que los otros dos coinciden en el deseo de que el PP no gobierne en España, al menos hasta que no se regenere de sus prácticas corruptas y mentirosas, y sus maneras autoritarias.
3.- Por todo ello, los abajo firmantes hemos decidido apoyar una candidatura de Salvación Nacional que encabezaría don Pedro Sánchez, del PSOE, para formar un Gobierno de un año de duración, durante el cual se desarrollarían todas las medidas urgentes que reclama la sociedad española y que han sido convenidas y desarrolladas en el acuerdo adjunto. Dicha candidatura, que formará un gobierno de profesionales reconocidos, preferiblemente independientes, consensuados por las tres fuerzas, tendrá el apoyo de PSOE, Podemos y Ciudadanos en la sesión de investidura. Ciudadanos renuncia a plantear durante este año el tema del Contrato Único, mientras Podemos también se compromete a no apoyar durante este mismo año ninguna opción independentista ni soberanista. Dichos temas, y otros que figuran en el acuerdo, no quedan eliminados de sus programas sino solo aplazados provisionalmente, en espera de próximas legislaturas. Pasado dicho año, el Jefe del Gobierno convocará nuevas elecciones generales y el acuerdo dejará de tener vigencia.
4.- Los abajo firmantes piden a los partidos minoritarios, independentistas o no, que se abstengan de participar, adhiriéndose expresa o tácitamente a esta operación, con el fin de no provocar malentendidos que serán aprovechados por el PP en su propaganda y argumentarios, tal como suele hacer.
Entendemos que esta fórmula es la única posible para garantizar la salida de España de esta situación de entorpecimiento sistemático y aplazamientos de mala fe practicados por el actual Jefe de Gobierno en funciones y su partido, cuya actitud insoportable nos lleva a tomar esta decisión, bajo el más estricto respeto a la legalidad democrática vigente y por el bien del pueblo español.
Madrid, septiembre de 2016.
Fdo.- Pedro Sánchez.        Pablo Iglesias.        Albert Rivera.

(Sería hermoso, sería lógico, debería ser inevitable… pero nuestra clase política es la que nos merecemos. España es un país enfermo, heredero del franquismo y de una transición llena de reservas y manipulaciones.)