martes, 13 de junio de 2017

EL VERDUGO DESCONOCIDO.

Este era otro trabajo que preparé para la tertulia de ayer, que no presenté porque hay que presentar un solo trabajo para cada tertulia:


EL VERDUGO DESCONOCIDO.
            Mientras los agresores fueron anónimos pilotos de los aviones italianos que consumaron la masacre del 25 de mayo de 1938, los verdugos no tuvieron rostro, eran como oscuros fantasmas embozados cabalgando los “Halcones de las Baleares”, las aves negras que lanzaron sus bombas sobre la aterrada multitud de ancianos, ancianas, amas de casa y niños inocentes. Los muertos despedazados, machacados, se habían acumulado en el depósito del Hospital Provincial hasta alcanzar más de un metro de altura, según nos cuenta en sus memorias don Eliseo Gómez Serrano, director de la Escuela Normal de Magisterio de Alicante, que había de ser uno de los primeros fusilados de la ignominiosa derrota de la democracia. Sangre, luto y terror cubrieron nuestra ciudad como un sudario de silencio y de olvido durante muchos años; hasta que la ausencia del déspota nos abrió a todos una puerta a la esperanza.
            Había pasado mucho tiempo, más de 40 años de la tragedia silenciada; más de 4 desde la muerte del dictador. Soplaban ya nuevos tiempos en mi patria; y poco a poco los supervivientes y los parientes de los muertos fueron recuperando la voz. Todos los 25 de mayo aparecían ramos de flores en los aledaños del Mercado Central, donde había ocurrido la hecatombe. Todavía no era un homenaje oficial - para eso tuvieron que pasar más años - pero el recuerdo justo, más que justiciero, iba volviendo por los senderos de la memoria. Hasta hubo quien indagó en los archivos históricos de la Aviación Italiana y obtuvo fotografías terribles de una ciudad indefensa cubierta por las explosiones de aquel día siniestro; y pudo leer el parte oficial de la indigna operación militar, con los nombres de sus dos jefes, los capitanes Zigiotti y De Prato.
            Y aquel nombre ya no se me borraría de la mente: Tullio de Prato. ¿Cómo sería su rostro? ¿Qué habría sido de aquel asesino de mujeres, ancianos y niños inermes, cuyo único pecado había sido estar esa mañana en el Mercado de Alicante en busca de alimentos? Quise creer que habría muerto en la II Guerra Mundial, o que al final de la misma habría sido condenado por sus crímenes de guerra, o al menos expulsado del ejército de su país, que lo consideraría indigno de ostentar su honroso uniforme.
            En eso pensaba yo mientras andaba por Rímini, frente al Adriático: Los italianos son nuestros hermanos, descendientes ambos de la misma madre Roma. No eran todos ellos nuestros enemigos, sino los fascistas que los dirigían. Y entonces me tropecé con el anciano. Era un hombre elegante, con esa distinción que adorna a algunos italianos.
            -Mi scusi, signore – le pregunté - ¿dove si trova la Piazza Tre Martiri?
            -¿Es usted español? – me confirmó más que preguntarme – Se le nota el acento.
            -Pues, sí, señor – le respondí, como comienzo de una larga y agradable conversación. Él, me dijo sin entrar en detalles, había estado en España durante la Guerra Civil y guardaba bellos recuerdos de una tierra noble y hermosa.
Ya se agotaba la tarde cuando nos despedimos con un cálido apretón de manos.
            -Me llamo Miguel y soy escritor. Si algún día viene por Alicante, allí tiene usted su casa – le había dicho sin percibir un ligero temblor de su pulso al oír mi procedencia.
            -Yo soy Tullio de Prato, General de Brigada retirado – me contestó con orgullo.
            Y la sangre se me heló en la mano, antes de acudir a mis mejillas.
            No supe reaccionar. Mientras lo veía alejarse con los pasos quedos de un viejo próximo a su fin, yo me preguntaba: ¿No fue depurado? ¿No fue juzgado por sus crímenes de guerra? ¿Es posible que un asesino, con más víctimas que Jack el Destripador, haya podido permanecer en activo e ir ascendiendo, sin recibir ningún castigo por las muertes que sembró en el pasado? ¿El uniforme lo justifica todo?

            El verdugo tenía rostro al fin. Y yo me prometí que su deshonra tenía que ser desvelada, porque la Historia le debía, y aún le debe, el más profundo de los desprecios.

1 comentario:

Eusebio perez oca dijo...

Hace un par de sábados recorrimos juntos los "lugares de la Memoria" de nuestra ciudad. Tu relatabas a un grupo de amigos las terribles historias que guardan las calles de Alacant. En la Plaza del 25 de Mayo, tras el Mercado Central y llamada así gracias a ti, una señora cruzó el grupo con paso acelerado. Gritaba: "Mentira, mentira, mentira, todo es mentira". Nuestro amigo Gil la miraba perplejo. Después me relató sus sentimientos. Le parecía mentira que a estas alturas aún hubiera gente que trate de manipular nuestra historia. Las evidencias existen. Han fotos del bombardeo tomadas por los asesinos y guardadas en sus archivos. Archivos que han sobrevivido a una terrible guerra en la que Italia cambió de bando. Se conservan los libros en que se registran las "medallas" que recibieron los verdugos voluntarios. El hermetismo del actual gobierno del impávido Rajoy ha hecho que los diezmil documentos que deberían hacerse públicos relacionados con el periodo 1931-1945, sigan ocultos. Ha sido el propio Ejercito Español quien pide la desclasificación. Rajoy calla.....como siempre. "Mentira, mentira, mentira, todo es mentira". Menos mal que esta vez no ha sido el gigantón que trató de amedrentarme a mi cuando guiaba por la plaza 25 de Mayo a los alumnos de un instituto de Iba y que desconocían que en Alicante habían ocurrido hechos tan luctuosos como aquel bombardeo o el de los franceses en el siglo XVIII. También es de alabar que la policía municipal no identifique a todo un grupo que visitaba la plaza guiados por en escritor llamada Miguel Angel. Tengo las fotos. Son otros tiempos....pero aún es "mentira". ¿Tan mala conciencia tiene que niegan la evidencia?. No puedo dejar de pensar en nuestro amigo Manuel Irles "Alacha". ¡Ojala hubiera sido mentira todo! Ojala. Así no hubiera tenido el terrible honor de poner el número 312 a "tros de cap que no sabiem si era de home, de dona o de gos". El relataba que ante el Hospital Provincial estuvo dos días, primero acarreando cuerpos y después ordenándolos y numerándolos. "Primer el cosos sancers, despres el caps con algo de cos, els caps y el trossos". Tarde tiempo en comprender que así se hace en medicina forense. Frente a la lista de 312 cuerpos inertes se encontraba el montón que relata el primer fusilado "oficial" del franquismo en Alacat, Don Eliseo Gomez. Pero para algunos todo es mentira. ¡Ojala hubiera sido mentira!.

Eusebiet d´Alacant