miércoles, 20 de julio de 2016

PRECEDENTE DEL SECRETO DE SALLY.



Os pongo un relato de 2011, titulado "Muy cerca de la estrella Glub 67", relacionado con el anterior trabajo "El secreto de Sally":

MUY CERCA DE LA ESTRELLA GLUB 67
            Gloto Glap y Bloti Blup flotaban dulcemente en el interior líquido de su nave.
            -Ahí la tenemos, esa es la estrella Glub 67… – burbujeó Gloto Glap, acariciándose la branquia izquierda con uno de sus tentáculos prensiles – Y ese puntito  de ahí es el planeta que vamos a inspeccionar. Es muy pequeñín, pero contiene vida.
            -¿Y dices que los nativos inteligentes de ese mundo enano llaman a su planeta “Tierra” y a su estrella “Sol”? Qué nombres tan raros. Son casi imposibles de burbujear. – observó Bloti Blup, parpadeando con sus tres ojos facetados.
            -Es que ellos no burbujean. Se comunican por medio de sonidos.
            -¿Quieres decir que hacen vibrar el agua con su orificio burbujeador?
            -No, ellos hacen vibrar el aire con su orificio hablador.
            -¿Vibrar el aire? ¿Es que son seres de la superficie? ¿Y cómo flotan en el aire?
            -Es que no flotan. Son seres rígidos y pesados, con estructuras óseas interiores y unas extremidades articuladas que les permiten desplazarse sobre el suelo rocoso.
            -¿Rígidos y articulados? ¡Qué asco! ¡Qué repugnancia! – Y Bloti Blup dirigió a su compañera de viaje una mirada triple e inquisitiva  - ¿Y cómo sabes todo eso?
            -Porque durante mi guardia de esta noche, mientras tú dormías, he captado una emisión de ondas electromagnéticas procedentes de ese planeta extraño… Se trataba de imágenes y sonidos codificados que he conseguido grabar y descifrar. Pero no sé si es conveniente que te los muestre… Como eres tan sensible...
            -Muéstramelos y déjate de remilgos – burbujeó Bloti Blup, impaciente.
            -Es que creo que no estás preparado para algo tan asqueroso. Yo solo he podido soportar unos minutos de emisión antes de que se me revolvieran  las tripas.
            -Muéstramelos, anda… - insistió Bloti Blup mientras presionaba suavemente el apéndice caudal de Gloto Glap con sus protuberancias pedunculares. Sabía que ella no se resistiría a sus insinuantes caricias.
            -Bueno… Bueno, pero te lo advierto, no sé si lo podrás resistir…
            Y en la pantalla aparecieron varios seres de estructura vertical y unos extraños filamentos sobre el apéndice superior, donde parecían residir los órganos sensitivos.
            -¡Qué asco! ¿Y no tienen nódulos magnéticos ni redes dimensionales?
            -Pues, por lo visto, no.
            -Pobrecillos, con esas carencias no se enterarán de nada - caviló Bloti Blup -. Y solo pueden ver con esos dos ojos pequeñitos, ¿verdad...? Pero, ¿qué están haciendo?
            -Uno habla y los otros escuchan. He ordenado a la computadora que nos vaya traduciendo sus palabras; así que prepárate, que ahora viene lo bueno...
            Los monstruos terrícolas atendían a uno de ellos, que movía su orificio hablador para decir: ”Y si no nos conformamos con un servicio de Salud más barato, subirá la prima de riesgo, bajará la bolsa y nadie comprará nuestros bonos...” -  y los otros expresaban su conformidad con corteses movimientos de sus apéndices superiores.
            -Los bonos son papeles con un valor simbólico convenido - aclaró el ordenador.
            Después surgieron unos caracteres que, según el programa traductor, significaban: “PAQUIRRÍN SE HA RECONCILIADO CON SU NOVIA…”, y que dieron paso a un nutrido grupo de seres rígidos y verticales que hablaban todos a la vez, muy excitados, y gesticulaban frenéticamente con sus brazos articulados.
            -¡Aaaah, qué estupidez! No lo puedo soportar. ¿De verdad son inteligentes esos bichejos absurdos? Creo… que me ha sentado mal la gelatina de algas del desayuno... – exclamó Bloti Blup, mientras se dirigía al lavabo conteniéndose las náuseas.
            -¿Ves? Ya te dije que no estás preparado para asumir ciertas cosas – replicó Gloto Glap -. Vaya planeta repugnante... Me temo que habrá que fumigarlo.       

                                                                                                 Miguel Ángel Pérez Oca.


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