"Giordano Bruno, el loco de las estrellas" fue la primera novela publicada por mí, en el año 2000. Desde entonces he hecho muchas cosas, que os ofrezco, porque la vida sin compartir no es nada.
lunes, 14 de diciembre de 2020
domingo, 6 de diciembre de 2020
EL VIRÓLOGO Y EL FUTBOLISTA.
El otro día, Calleja, el estupendo comunicador de televisión, nos obsequió con un programa sobre los científicos que luchan en nuestro país por darnos una vacuna que nos saque de este infierno de pandemia que padecemos. Me llamó la atención uno en especial, de unos 40 años de edad, que trabaja en ello de sol a sol en unos laboratorios impresionantes, con tecnología punta y asumiendo los riesgos propios de los que se acercan demasiado a esos nanúsculos y malvados virus. En un momento dado, el presentador se interesó por sus condiciones de trabajo. Y, ¡asombraos, amigos! A su edad y su sobresaliente categoría científica, todavía no tiene contrato fijo. Gana menos de 2000 € al mes y, siendo como es cabeza de un formidable equipo de investigadores que nos van a salvar la vida, todavía está haciendo oposiciones para alcanzar un puesto de trabajo fijo en su especialidad. Otro de los investigadores es un jubilado que ha dejado su merecido reposo y se ha puesto a la faena por puro altruismo, mientras sus colegas juegan a la petanca. Mal será que pierda su pensión.
En esas mismas fechas, el mundo se
conmociona, se desespera y se rasga las vestiduras ante la muerte prematura del
dios Maradona, un hombre que ha ganado muchos cientos de millones dando patadas
a un balón, y cuya mayor proeza fue compensar la humillante derrota militar de
las Malvinas, marcando para Argentina contra Gran Bretaña… ¡el mejor gol de la historia! Y
seguramente el más caro. Se le ha llamado La Mano de Dios, y ha muerto pronto
por su mala cabeza, alcohólico, drogadicto, y presunto pedófilo y maltratador.
Pero todo se le perdona porque pateaba el balón como nadie. Y a una joven
futbolista que tuvo la osadía de negarse a homenajearlo se le ha llegado a
amenazarla de muerte.
Se dice que el presupuesto de algún
club de futbol de primera división en España es superior al presupuesto del
Ministerio de Sanidad, y mientras nuestros formidables médicos, enfermeras y
demás sanitarios se nos marchan al extranjero para tener un salario decente, y
nosotros dudamos si ponernos o no la vacuna, las UCIs se llenan de moribundos
en los hospitales y los políticos dudan si dejarnos salir en Nochebuena, no
vayamos a cabrearnos y no los votemos.
¿No os da vergüenza que los jóvenes de hoy sepan quién
es Mesi pero ignoren quién fue Ramón y Cajal? Pues nada, a juntarse todos en
locales cerrados, sin mascarilla y confiando en la fortuna; que si os coge el
bicho y os morís boqueando como sardina fuera del agua, habrá sido por pura y
casual mala suerte. Además, esa putada es solo cosa de viejos.
Que os den…
lunes, 30 de noviembre de 2020
GANDHI Y LOS LÁPICES DE COLORES.
Ayer vi, por
enésima vez, una película maravillosa en la tele. Se trata de GANDHI, de
Richard Atemborouch, con un genial Ben Kinsley interpretando al padre de la no
violencia. ¿Os imaginais al Mathama intentando acabar con la lucha fratricida
entre hindúes y musulmanes haciendo dibujitos con lápices de colores? Dibujitos
en los que se viera un mundo ideal en el que unos y otros vivieran en paz. Él
no hizo eso, evidentemente, él puso en peligro su propia vida ayunando hasta
que, vencidos por su superioridad moral, los violentos abandonaron las armas.
El actuó. ¿Os imagináis qué hubiera hecho Gandhi si una pandemia de coronavirus
hubiera azotado el mundo en su tiempo? Él hubiera actuado, él, seguramente, hubiera
forzado a los irresponsables a evitar las reuniones en locales cerrados, a
llevar mascarilla y guardar las distancias, a lavarse las manos y desinfectar
la ropa. Les hubiera dicho: “Ayunaré hasta morir, a menos que hagáis lo debido
para derrotar al virus” (y seguramente, dadas las mentalidades actuales,
hubiera muerto). No, no hubiera utilizado lápices de colores y gomas de borrar
para pintar un mundo mágico donde los virus no pudieran atacarnos. No. No lo
haría.
Por
eso, cuando una queridísima amiga escribió un artículo en el que decía que
quisiera tener unos lápices de colores y una goma de borrar mágica, para pintar
un mundo libre de tragedias, yo no me pude contener, y escribí un comentario a
su texto, en el que le decía que los lápices de colores no sirven para nada en
el mundo real, que lo que hay que hacer en busca del mundo ideal es actuar en
consecuencia, trabajar para cambiar realmente las cosas, en este caso, evitando
las reuniones en locales cerrados, usando mascarilla y demás.
La
respuesta, por parte, más que de ella, de sus amigas y presuntas protectoras,
fue contundente: Se me acusó de haberle
lanzado una “sarta de reproches paternalistas, condescendientes, manipuladores
y machistas”. Yo ya estoy acostumbrado a que se me tache de todo (hasta hay
quien me llamó mequetrefe), así que no me altero por eso. Constato, eso sí, que
cuando uno hurga en la conciencia y en la debida responsabilidad de los que
prefieren mirar para otro lado, el escozor de conciencia no les deja dormir, y
se revuelven como gatos panza arriba.
Pues
lo siento, pero no voy a callarme. Porque tengo la obligación (tendríamos
todos) de aprender de Gandhi. Y siento mucho haber ofendido a quienes tanto
apreciaba, pero, según mi opinión, el mundo no se arregla con lápices de
colores, ni con paños calientes.
Miguel Ángel Pérez Oca.
sábado, 24 de octubre de 2020
MI POESÍA FAVORITA DE MI POETA FAVORITO.
Mi poesía favorita de mi poeta favorito: MIGUEL HERNÁNDEZ. Para ti.
GUERRA
Todas las madres del mundo
ocultan el vientre, tiemblan
y quisieran retirarse
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la felicidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.
La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.
Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?
Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.
Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirujía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un viento tenso, suena
detrás del innumerable
miércoles, 14 de octubre de 2020
MARTE EN OPOSICIÓN
Como os dije ayer, anoche observé Marte en su oposición. Esta "solo" a 62 millones de km. Y, aunque estaba despejado no había buen seeng (visibilidad, puede ser mala a causa de turbulencias o la presencia de vapores en la alta atmósfera), pude apreciar los principales accidentes de su superficie. Ahí os mando los dibujos que hice.
viernes, 9 de octubre de 2020
AYER VOLVÍ A MARTE.
Marte está ahora a poco más de 60 millones de kilómetros en una de las oposiciones más próximas a la Tierra. Ayer volvía a observarlo e hice el dibujo que os pongo. Pude ver el Mare Sirenum, que es una sucesión de llanuras cubiertas de polvo volcánico; y la región de Tarsis, donde se encuentran los volcanes más grandes del Sistema Solar que, por supuesto, no alcancé a ver. Olimpus Mons, el más grande, tiene 25 kilómetros de altura. Marte tiene un diámetro la mitad que la Tierra (Tierra 12.000 km. Marte 6.000 km.). Su día dura 24 horas y media. Su año como dos años terrestres. Tiene dos satélites muy pequeñitos: Fobos y Deimos, de 20 y 30 km. de diámetro. Y allí yo pesaría solo 26 kg. Su atmósfera, de dióxido de carbono tiene una presión similar a la nuestra a 30 km. de altura, es decir, una centésima de la nuestra a nivel del mar. En su suelo hay huellas de haber tenido agua, hace millones de años, y por eso tiene mucho interés su exploración, en busca de fósiles o restos químicos de una posible vida desaparecida en la actualidad.
Os regalo mi dibujo, y la noche del 13 al 14, si el tiempo no lo impide, volveré a observar, aprovechando el momento de mayor aproximación y luminosidad. Os pongo el dibujo y una foto del telescopio que he utilizado.
miércoles, 30 de septiembre de 2020
MIS VIEJOS AMIGOS.
Defraudado y desengañado del ser humano, mal llamado Homo Sapiens, por las noches me dedico a mis amigos del cielo. Estas son mis últimas observaciones con mi telescopio de 200 mm., desde mi terraza y desde la estrecha galería de mi cocina. Son para vosotros y vosotras, con todo mi cariño:











