Kepler está un tanto mustio desde que lo hemos pelado. Se ve que sin sus melenas no es nadie. Pero es que nos llenaba la casa de pelos y se le formaban madejas en el lomo. Y como tiene muy mala uva, la peluquera nos dijo que no se atrevía con él a menos que lo sedásemos. Y así lo hicimos. Se despertó dando tumbos y cuando se vio pelado se puso muy tristón. Ahora le rascamos la cabeza y le acariciamos el lomo a ver si le vuelve el buen humor. Y parece que va recuperándose. Como todos los filósofos es muy sensible.
"Giordano Bruno, el loco de las estrellas" fue la primera novela publicada por mí, en el año 2000. Desde entonces he hecho muchas cosas, que os ofrezco, porque la vida sin compartir no es nada.
domingo, 4 de junio de 2017
KEPLER ESTÁ TRISTE
Kepler está un tanto mustio desde que lo hemos pelado. Se ve que sin sus melenas no es nadie. Pero es que nos llenaba la casa de pelos y se le formaban madejas en el lomo. Y como tiene muy mala uva, la peluquera nos dijo que no se atrevía con él a menos que lo sedásemos. Y así lo hicimos. Se despertó dando tumbos y cuando se vio pelado se puso muy tristón. Ahora le rascamos la cabeza y le acariciamos el lomo a ver si le vuelve el buen humor. Y parece que va recuperándose. Como todos los filósofos es muy sensible.
viernes, 2 de junio de 2017
DONALD TRUMP NOS HA DECLARADO LA GUERRA.
"Lo del calentamiento global es mentira... America First!"
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Aunque no lo haya hecho de manera oficial (eso ya no se lleva, ninguna de las guerras actuales lo ha sido), la retirada del mamarracho supremo de los Estados Unidos del Acuerdo de París equivale a eso. El que envenena el aire, aunque sea en su propia tierra, envenena el aire de todos. Así que todos los pueblos del mundo deben sentirse agredidos por la decisión del déspota de la tortilla a la francesa en la cabeza. Esperemos que a los americanos les resulte insoportable tanta estupidez y acaben echándolo como hicieron con Nixon. Afortunadamente, la democracia americana está llena de resortes para que ningún cargo público se pase... y el Donald se está pasando.
¿Qué pensará ese cretino de la grieta polar que amenaza con desprender un iceberg más grande que Mallorca? ¿Será culpa de los periodistas por decirlo? ¿Se puede ser más tonto?
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Aunque no lo haya hecho de manera oficial (eso ya no se lleva, ninguna de las guerras actuales lo ha sido), la retirada del mamarracho supremo de los Estados Unidos del Acuerdo de París equivale a eso. El que envenena el aire, aunque sea en su propia tierra, envenena el aire de todos. Así que todos los pueblos del mundo deben sentirse agredidos por la decisión del déspota de la tortilla a la francesa en la cabeza. Esperemos que a los americanos les resulte insoportable tanta estupidez y acaben echándolo como hicieron con Nixon. Afortunadamente, la democracia americana está llena de resortes para que ningún cargo público se pase... y el Donald se está pasando.
¿Qué pensará ese cretino de la grieta polar que amenaza con desprender un iceberg más grande que Mallorca? ¿Será culpa de los periodistas por decirlo? ¿Se puede ser más tonto?
martes, 30 de mayo de 2017
EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID.
El pasado día 28 estuve firmando mi libro "El silencio de las estrellas", ganador del I Premio de Novela de Ciencia Ficción "Ciudad del Conocimiento" en la caseta de la Editorial Premium. Os pongo unas fotos.
Firmando.
Con Jesús Moracho, de la Editorial Premium.
Con Zoilo Andrés, Finalista del Premio.
Más firmas.
Firmando.
Con Jesús Moracho, de la Editorial Premium.
Con Zoilo Andrés, Finalista del Premio.
Más firmas.
sábado, 27 de mayo de 2017
GLORIA BREVE
Eclipse total del 11-8-1999, desde Szejed (Hungría).
Eclipse parcial del 4-1-2011 desde la Playa de San Juan. Fotografía de mi yerno Toni Soler.
El tema de la Tertulia del próximo lunes era "Duración". Como yo no podré asistir por estar en Madrid firmando mi libro, publico ya mi trabajo. Es un relato autobiográfico qu espero os guste:
LA GLORIA TIENE CUATRO MINUTOS DE DURACIÓN.
Habíamos llegado
de muy lejos para ver el eclipse. Alrededor de nosotros, en Huachacaya, había
gente de los cinco continentes, la mayoría armados de telescopios y grandes
prismáticos; aunque también se podía ver alguna persona que había colocado una
estera en el suelo, entre la paja brava, para adoptar una postura de yoga y
captar así las supuestas “buenas vibraciones” del evento. “Hay gente pa to”,
que dijo El Gallo.
Habíamos hecho
un agotador viaje de dos días en avión desde Madrid a La Paz, una rara ciudad a casi cuatro mil metros de
altura, en la que el aire tiene precio. Los pobres malviven en El Alto (qué
nombre tan apropiado), donde el recién llegado apenas puede respirar; mientras
que los ricos bienviven dos kilómetros más abajo, en urbanizaciones amuralladas,
guardadas por hombres armados. Después de mostrarnos el Lago Titicaca y las
ruinas de Tihuanaco, nuestro guía nos llevó por tortuosas carreteras de charcos
helados al borde de terribles precipicios, hasta el refugio de Chacaltaya,
junto a un observatorio de rayos cósmicos y las pistas de esquí más altas del
mundo. En medio de la asfixia general, una cholita de bombín y pollera se
ganaba la vida sirviéndonos “matesitos” (infusiones) de coca. “¿Y con esto ya
no nos ahogamos?”, le pregunté. Y ella, con desparpajo, me contestó: “Sí se
ahoga, pero le da lo mismo”.
Por fin, la
víspera del eclipse, de buena mañana, partimos hacia el Sur en un autobús lleno
de japoneses y catalanes. Nuestra expedición estaba formada por Juan Vicente,
como jefe; Guillermo Bernabeu y Joan Fabregat, astrofísicos profesionales; Ignacio,
astrofotógrafo; Pepe, que manejaba la cámara; Blas y un servidor de ustedes. Pasamos
por Oruro, ciudad minera y decadente, y llegamos a la remota localidad de
Huachacaya, en medio de una fuerte tormenta de arena, bajo un cielo muy encapotado.
Dormíamos en
nuestros asientos del autobús, con una temperatura exterior muy fría, mientras el
viento huracanado y las nubes amenazaban con frustrar nuestra aventura
astronómica. Pero a media noche, un catalán que se había despertado de pronto y
había limpiado de vaho su ventanilla con la manga de su anorak, comenzó a
gritar: “¡Eh, tíos, que están eixint les esteles!”, y todos salimos del autobús
pisando japoneses que, por cierto, no fueron a ver el prodigio porque su guía,
que dormía en una cercana tienda de campaña, no les dijo que podían hacerlo. Qué
disciplinados son los nipones.
Ante nosotros,
sobre nosotros, un alucinante cielo en calma, de constelaciones boca abajo, se
abría paso entre las nubes, prometiendo un magnífico amanecer.
Y salió el
sol, y nos llevamos los instrumentos al otro lado del puente, a la zona reservada
para científicos. Montamos nuestro observatorio y esperamos impacientes la hora
mágica, bueno… los cuatro minutos mágicos. Y de pronto vimos, sobrecogidos,
como la gigantesca cadena de los Andes, de la que sobresalía el volcán Nevado
de Sajama, se teñía de oscuro. La sombra de la Luna caía sobre nosotros. Y se
hizo de noche, una noche extraña rodeada de un crepúsculo fantasmal. Y en lo
alto, el círculo negro que tapaba al Sol se veía rodeado por los penachos de una
corona, alrededor de la que brillaban las estrellas. Junto a nosotros se oían
los gritos de asombro y algún mantra de un vecino de creencias orientales.
Ignacio sacaba fotos continuamente, Blas y Pepe, con sendas cámaras, rodaban la
escena, los demás observábamos con nuestros prismáticos y telescopios; aunque
preferíamos ver aquella maravilla a ojo desnudo, embargados por la emoción. Y tras
los cuatro minutos escasos de duración del fenómeno, nuestras sombras volvieron
a dibujarse en el suelo. El eclipse, fantástico, hermoso y tan breve, había
concluido. Ya podíamos morirnos. Ya éramos felices. Ya podíamos regresar a casa
con el tesoro de una gran experiencia. De nuevo volaban los pájaros y los
insectos, paralizados por cuatro minutos de excepcionalidad. Todo se ponía en
marcha otra vez, y yo, después de apurar un largo trago de una botella de vino
chileno, ¿qué quieren que les diga? ¡Me eché a llorar!
Miguel Ángel Pérez Oca.
martes, 23 de mayo de 2017
DE LA PÁGINA DE EDITORIAL PREMIUM.
Libros más vendidos en el stand de PREMIUM EDITORIAL en la Feria del Libro de Sevilla 2017:
.
1º-. El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca.
2º-. El juego de los deseos, de Ángel Silvelo.
3º-. La pandilla de Mago y los misterios de Itálica, de María Luisa Cárdenas y María Hesse.
.
La distancia en ejemplares al resto de títulos es tan amplia que omitimos el resultado de una lista más extensa. Enhorabuena a los autores de los tres títulos que han acaparado la mayor parte de ventas, y en especial a Miguel Ángel Pérez Oca, que sin haber firmado en esta ocasión, vuelve a ser el autor de la novela más vendida por tercera Feria del Libro consecutiva.
.
1º-. El silencio de las estrellas, de Miguel A. Pérez Oca.
2º-. El juego de los deseos, de Ángel Silvelo.
3º-. La pandilla de Mago y los misterios de Itálica, de María Luisa Cárdenas y María Hesse.
.
La distancia en ejemplares al resto de títulos es tan amplia que omitimos el resultado de una lista más extensa. Enhorabuena a los autores de los tres títulos que han acaparado la mayor parte de ventas, y en especial a Miguel Ángel Pérez Oca, que sin haber firmado en esta ocasión, vuelve a ser el autor de la novela más vendida por tercera Feria del Libro consecutiva.
lunes, 22 de mayo de 2017
LA NOCHE DE LOS RIDÍCULOS.
La Susanita hablaba de una entelequia, de un PSOE abstracto con el que iba a ganar elecciones. Pedro hablaba de la Izquierda y del error de la abstención que le había dado el gobierno al impresentable Rajoy. Patxi invocaba la unión y la concordia entre dos PSOEs antagónicos, el del conformismo y el aparato y el que, "como se pongan tontas las viejas glorias, me voy a Podemos".
Y qué jolgorio. Qué noche. Y qué ridículo hizo la Susanita sacando menos votos que avales. Cómo se le vio el plumero al "aparato". Felipe, Guerra, Zapatero, Ximo Puig, los barones de Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Hernando, el portavoz en el Congreso que estuvo diciendo "No es no" hasta que a partir del día de la defenestración de Pedro, se puso a decir a voz en grito "Abstención, abstención...", todos han hecho el ridículo más espantoso. Se les ha visto el culo y las vergüenzas. Y han dejado una gama de intereses, puertas giratorias y posturas adocenadas al descubierto. La declaración de Susana Díaz, tensa, demudada (qué mal color tenía), fue todo un poema del mal perder. Ni siquiera pudo pronunciar el nombre de su contrincante ganador. Y salió huyendo en su coche sin esperar a la ceremonia triunfal, acompañada de fugaces, pero significativos, abucheos. Nada digamos de esta sufrida ciudad de Alicante, con un mitin de doña Susana con la presencia del alcalde Echevarri y de personajes tan desprestigiados y discutidos como Ángel Franco y Blas Bernal... En fin, que a veces uno se ríe a gusto, mientras los "malos" se van con el rabo entre las piernas. Y mientras, Pedro Sánchez ha construido su leyenda, como en las películas de Hollywood: el bueno, solo ante el peligro, desplazado y humillado por los caciques del pueblo, que se revuelve, que persevera en su lucha, que le planta cara a los amos y que sale victorioso con el apoyo del pueblo. Ahora vendrá el tsunami Pedro, y el PSOE podrá tener días de gloria si Pedro sabe encauzar la energía de sus votantes para construir una verdadera alternativa de gobierno. Pablo Iglesias y él tendrán que entenderse si quieren gobernar, y el partido Socialista, domesticado y neutralizado en su día por González, podrá tener, tras el tímido intento del desconcertante Zapatero, un verdadero líder de la Izquierda real. Ojalá sea así y este Pedro no nos decepcione, como han venido haciendo sistemáticamente todos los líderes del PSOE desde Suresnes.
¡Qué jolgorio! ¡Que cachondeo, lo de Pedro Sanchez! ¡Qué ridículo el de los presuntos jerifaltes de un partido descafeinado cuyos militantes empezaban ya a olerse la tostada...!
martes, 16 de mayo de 2017
SOBRE LA TIBIEZA.
El tema de esta tertulia de ayer era "La tibieza" y yo aporté este cuento de ciencia ficción. A ver si os gusta.-
LUCÍA.
Como todas las
madrugadas cuando, tras la claraboya, apuntan las primeras luces por el
horizonte quebrado de montañas y grandes helechos, la tibieza de su cuello en
mis labios me servía de último refugio contra la rutina inevitable. La hubiera
despertado en demanda de amor, pero dormía tan plácidamente que me pareció un
sacrilegio traerla de vuelta a este mundo terrible. Seguramente, soñaba con su
pasado, era de nuevo una niña rubia en la granja de sus abuelos, jugando con simpáticos
e inofensivos animalitos. Me alejé de su cuello tibio y me dirigí al
compartimento estanco. Luego, al volver, me ducharía y tomaría el desayuno caliente
que me habría preparado mientras me esperaba. Hoy me tocaba a mí buscar la
comida y a ella cocinarla. Mañana, si no teníamos suficientes alimentos, sería
al contrario.
Me
embutí en el pesado traje exterior, tras verificar la presión del oxígeno de
reserva. Después, me coloqué el casco, lo aseguré y abrí la espita del aire. Cogí
las armas, comprobé sus cargas de energía y, solo después de seguir todos los
protocolos de seguridad, me decidí a presurizar la cámara y abrir la compuerta.
La eterna y húmeda ventisca empañó por unos momentos el visor de mi escafandra.
Avancé despacio por entre aquella pradera de sarmientos, bajo los helechos
gigantes, y me subí al vehículo de grandes ruedas que me esperaba cerca.
Habíamos podido salvar muy pocas cosas tras el accidente, pero eran las suficientes
para sobrevivir, al menos, dos personas, mi compañera y yo, de las cincuenta
que formaron la tripulación del Prometeus.
El espectáculo
de un gigantesco Super-Saturno en lo alto, rodeado de satélites, debería
haberme maravillado pero, después de tanto tiempo, ya era un paisaje familiar. “¿Cuántos
años tardarán en venir a rescatarnos?” me pregunté, como todas las mañanas desde hacía más de ocho meses. Conduje
con prudencia por entre los rastrojos y las charcas putrefactas, en busca de
una presa: quizá un conejoide o uno de esos bichos de ocho patas de aspecto
repugnante pero carne exquisita, que bastarían para alimentarnos durante dos
días; y así ella no tendría que salir mañana… Pero lo que estaría bien sería
tropezarme con un kraken adulto, con sus veinte toneladas de carne fresca… y
sus terribles mandíbulas trífidas llenas de colmillos acerados.
Contra un
kraken de Rhea III solo puedes tener una oportunidad. Si fallas el primer
disparo justo entre los tres ojos, estás perdido. Eso es lo que le había pasado
a Taylor, el gordo, que encontró su tumba en el vientre de uno de esos gigantes.
Pobre compañero, tan torpe. Pero con la carne de un kraken, podríamos alimentarnos
durante muchos meses sin tener que jugarnos la vida saliendo al exterior.
De
pronto, un conejoide saltó entre los sarmientos. Fue todo tan rápido que no me
dio tiempo a cargar el arma. Se me había escapado el almuerzo. ¡Maldita sea!,
grité.
Y
entonces, sobre la colina, bajo la luz de la estrella doble 322 Taurus, que ya
lucía, roja y azul, en el cielo de la mañana, apareció la silueta inconfundible
del kraken más enorme con que me había tropezado en todo mi tiempo de náufrago
espacial.
La
bestia me había visto y sus tres ojos de mirada torva seguían mis movimientos
con una mezcla de ira y gula. Bajé del vehículo, afirmé los pies en la tierra y
cargué mi fusil de isótopos al máximo de potencia, esperando el ataque
inevitable.
Sus
ocho patas ya avanzaban hacia mí al galope, mientras su corpachón erizado de crestas
puntiagudas se agitaba en una inercia creciente. Había bajado la cabeza hasta mi
altura, mientras su boca trífida, muy abierta, mostrando sus dientes malignos
empapados en saliva, atronaba el bosque de
helechos con un rugido formidable.
Sujeté
el arma con firmeza y apunté con sumo cuidado entre los tres ojos de mi enemigo…
mientras evocaba la tibieza del bronceado cuello de mi compañera Lucía.
Quizá sería mi
último pensamiento…o el preludio de unos meses de abundancia.
Miguel Ángel Pérez Oca.
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