martes, 24 de enero de 2017

LAS EMBAJADAS JAPONESAS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII, LA PELÍCULA "SILENCIO" DE SCORSESE Y LA HISTORIA DE ALICANTE.

Hasekura Tsunenaga en un cuadro que llevó de regreso a Japón. Se pueden observar las huellas de sus dobleces, al ser transportado sin el bastidor.


El pasado viernes 13 de enero de 2017, el diario alicantino INFORMACIÓN  me publicó esta carta en su sección "El lector opina":

 LA PELÍCULA “SILENCIO” Y LA HISTORIA DE ALICANTE.
Estos días se ha estrenado en los cines de Alicante la película “Silencio” del director  Martin Scorsese. La acción transcurre en el Japón del siglo XVII, durante las persecuciones contra los cristianos evangelizados por los jesuitas de Francisco Javier. Precisamente, uno de los personajes del film, el padre Valignano, había organizado en 1582, un viaje de embajada formado por cuatro jóvenes de alta cuna, en representación de los señores cristianos de Bungo, Arima y Oomura, con objeto de visitar a Felipe II y al Papa, en busca de apoyo para sus correligionarios. Pasaron por Alicante en las navidades de 1584, causando gran sensación entre los alicantinos, que les dedicaron grandes fiestas y honores. Su visita figura en las crónicas de Bendicho (1640) y Viravens (1876). La prevención que despertaron esta y otras embajadas entre los gobernantes japoneses y la creciente influencia de los sacerdotes católicos, motivaron la reacción política que desembocaría en la cruel persecución que relata la película. Mi  amigo japonés Iwata Ideaki, después de leer el capítulo dedicado a esta embajada en mi libro “Alicante, biografía de una ciudad”, me ha facilitado el punto de vista nipón sobre esta historia relacionada con nuestra ciudad y con el film de Scorsese. Gracias, Iwata.

Según las crónicas de Bendicho y Viravens, esta visita a nuestra ciudad, de paso para Roma, pertenece a la llamada Embajada Tensho, promovida por los jesuítas portugueses. Según Bendicho, otros japoneses, esta vez acompañados por franciscanos, pasaron por Alicante de regreso de Roma a principios del siglo XVII, y se alojaron en el Convento de San Francisco, sito en el lugar que hoy ocupa nuestra Delegación de Hacienda. Se trataría de miembros de la Embajada Keicho (1613- 1617), que dirigió el caballero Hasekura Tsunenaga y dejó algunos de sus compatriotas en Coria, provincia de Sevilla, iniciando allí el apellido "Japón". Ambas embajadas, dirigidas a Felipe II y Felipe III, así como al Papa, tenían importantes intenciones políticas, que alertaron al poder imperial japonés que iniciaría años más tarde la persecución religiosa que culminó con la expulsión o apostasía de los sacerdotes implicados y graves castigos e incluso ejecuciones entre los fieles japoneses. Algunos señores feudales japoneses habían abrazado la fe católica en busca de una mayor independencia del poder central, mientras que jesuitas y franciscanos intentaban controlar Japón mediante la obediencia al Papa por parte de los gobernantes católicos japoneses. Este es el nudo de la cuestión cuyo énfasis echo de menos en la película de Scorsese, que solo lo esboza sin entrar en análisis alguno.

"Silencio" tiene un enfoque personalista sobre la situación espiritual y moral del último sacerdote católico en el sur de Japón. Su resistencia a la apostasía traería la desgracia y la muerte de sus feligreses en una disyuntiva que lo enfrenta a su fe y lo hace finalmente capitular. La película, para mi gusto, peca de un exceso de metraje. La primera hora se hace pesada y podría muy bien haberse acortado sin desmerecer para nada la historia. Por otro lado, el papel de victimas, mártires, de los católicos japoneses y su iglesia misionera contrasta - y eso no se ve en la película para nada - con la consideración de que en esos mismos tiempos, la Iglesia de Roma se mostraba en su más grave y prepotente intransigencia, con su Inquisición boyante que se dedicaba a quemar en la hoguera a los herejes, los falsos conversos y los científicos contestatarios, como el filósofo y cosmólogo Giordano Bruno, quemado en Roma el año 1600, o Galileo, encerrado de por vida en su villa de Florencia, tras haber sido forzado a abjurar de su copernicanismo.

Es una pena que Scorsese, tan sensible a los temas sociales, no hubiera aprovechado "Silencio" para proponernos una reflexión sobre las intransigencias religiosas y sus implicaciones políticas, tan aplicables a nuestra actualidad mundial..