
No me resisto a poneros completo un artículo mío, un poco largo para un blog, que publiqué hace unos años sobre un personaje injustamente tratado por la Historia. Me refiero a Enrique de Sumatra, esclavo e intérprete de Magallanes, quien probablemente fue el primer hombre que dio la vuelta al Mundo, bastantes meses antes de que lo hiciera Juan Sebastián Elcano, quien se llevó injustamente la gloria de tal hazaña. Sobre estos personajes tengo publicado un libro en 2004 cuyo título es "Los viajes del padre Pinzón".
¿FUE REALMENTE ELCANO EL PRIMER HOMBRE QUE DIO LA VUELTA AL MUNDO?
En todos los textos de Historia se nos dice que Juan Sebastián Elcano y sus 17 compañeros de la carabela Victoria, única nave sobreviviente de la expedición del malogrado Magallanes, fueron los primeros seres humanos que dieron una vuelta completa al Globo Terráqueo. Sin embargo, hay muy buenas razones para sospechar que fue otra persona, de esa misma expedición, quien llegó primero a un lugar que había abandonado tiempo atrás, trasladándose siempre hacia el Oeste, para regresar al mismo sitio desde el Este. Me refiero a un esclavo de Magallanes, llamado Enrique, que actuaba como intérprete con los nativos de las islas Filipinas.
Este hombre, Enrique de Sumatra, es citado varias veces en la relación del caballero Pigafetta, sobresaliente de la carabela capitana, la Trinidad, y cronista oficial del viaje. También otros testigos y cronistas de la época mencionan al esclavo intérprete, aunque sin darle nombre. Nos dice Pigafetta que Enrique era natural de la isla de Sumatra y conocía la lengua que se hablaba en Cebú y otras islas de este archipiélago. Y eso nos hace pensar que debió visitarlas antes de ser capturado y esclavizado por los portugueses; dado que en aquella época no existían academias de idiomas y, por tanto, el conocimiento de una lengua presuponía la necesaria estancia prolongada en el país de origen.
Magallanes había comprado a Enrique durante su estancia en la colonia portuguesa de Malaka, con el presumible fin de utilizarlo como intérprete o “lenguaraz” en una expedición que pensaba dirigir a las Molucas, las famosas islas de las especias. Ante la incomprensión de sus jefes, marchó a Portugal con la intención de proponer dicha expedición al Rey, y se llevó con él al valioso esclavo. Resulta evidente que el tal Enrique, en este viaje entre Malaka y Lisboa, ya había hecho la mitad de su personal viaje de circunnavegación terrestre. El Rey de Portugal no aceptó la propuesta de Magallanes y éste pasó a Castilla para ofrecerla al nuevo Emperador Carlos V; quien la acogió favorablemente. Así que se organizó una flota de cinco naves, capitaneada por el navegante portugués, quien se llevó con él, una vez más, a su esclavo políglota.
Enrique era, con toda seguridad, una pieza importante en los planes de Magallanes, puesto que podía servirse de él para llegar a unas islas, las futuras Filipinas, situadas muy cerca de las Molucas. Es de señalar que en la ruta a través del Pacífico, Magallanes navega, primero, hacia el Norte, por la costa del actual Chile, para después desplazarse rumbo Noroeste hasta alcanzar la latitud de las islas Filipinas, los 10º Norte; y a partir de esa altura, sigue hacia el Oeste, siempre a la misma latitud, en una ruta loxodrómica, como si supiera de antemano que esa era la mejor forma de llegar a esas islas donde ya había estado Enrique antes de ser esclavo. Esta ruta nos hace pensar que Enrique era, quizá, un antiguo navegante, que conocía perfectamente cuál era la latitud de un archipiélago donde él podría actuar de intérprete a la hora de contratar pilotos que condujeran a la expedición hasta su cercano destino.
Cuando las naves españolas llegan a la isla de Cebú y Enrique se entiende a la perfección con los nativos, éste, con toda seguridad, ya ha completado la vuelta al Mundo, puesto que ha regresado desde el Este a un sitio que abandonó hace años, de grado o por fuerza, yendo hacia el Oeste. Esto ocurre el 7 de abril de 1521, un año y cinco meses antes de que, el 6 de septiembre de 1522, Elcano llegara a Sanlúcar de Barrameda a bordo de la Victoria.
Pero, claro, Enrique era un esclavo de raza malaya, un ser inferior, un salvaje recién bautizado, a la luz de los prejuicios de la época. Así que no esperemos que los autores de entonces ni siquiera se molesten en considerar su proclamación como héroe de esta hazaña, o atribuirle el más mínimo mérito. Se me dirá que, aunque físicamente fuera el primero, no tuvo ninguna participación intelectual ni voluntad de realizar el viaje circular. Pero, es que ni lo tuvo él ni ningún otro; puesto que la intención de Magallanes, según las órdenes que había recibido del Consejo de Indias, era navegar siempre por el hemisferio español del Tratado de Tordesillas, que fijaba un meridiano que dividía el mundo en dos mitades pertenecientes a las dos naciones ibéricas para su conquista. El comandante portugués al servicio de España sostenía la creencia de que las Molucas estaban en esa zona española del Globo, lo que años después se comprobaría que no era cierto. De tal manera que la expedición tuvo que buscar, primero, un paso al Pacífico, que se consiguió con el hallazgo del Estrecho llamado de Magallanes, en honor de su descubridor; para una vez alcanzado su objetivo, tomado posesión del rico archipiélago y cargadas las naves de especias, regresar por el mismo camino de ida. En ningún momento, nadie se planteó la posibilidad de dar una vuelta entera al planeta.
Pero Magallanes era un hombre despótico y celoso de su poder que no tuvo ningún escrúpulo en ordenar la muerte de los tres capitanes españoles que cuestionaron su jefatura, amotinándose en la bahía de San Julián (Argentina). Primero, Magallanes había destituido ilegalmente al veedor Juan de Cartagena, nombrado por el Emperador con derecho de veto sobre las decisiones del jefe de la expedición. Lo apresó y lo cargó de cadenas. Después, cuando los capitanes Mendoza y Quesada se sublevaron en defensa de Cartagena, mandó asesinar a Mendoza, decapitó y descuartizó a Quesada y abandonó a una muerte segura en una costa desierta a Juan de Cartagena y a un presunto cómplice, el clérigo De la Reina. También condenó a muerte a cuarenta miembros de las tripulaciones, entre los que estaba el mismo Elcano. Aunque, ante la indignada actitud de los marinos, tuvo que conmutarles la pena.
Con este ambiente hostil, Magallanes llega a las Filipinas y fuerza a bautizarse a todos los habitantes de la isla de Cebú. Como una aldea de la vecina isla de Mactán se niega a convertirse al cristianismo, el enloquecido y fanático comandante ordena quemar todas sus casas y plantar allí una cruz. Entonces, el caudillo Zilapulapu se levanta contra Magallanes y en una corta y mal planteada batalla le da muerte. Privados de la férrea dirección de su comandante, los derrotados españoles regresan a Cebú, y el nuevo jefe, Duarte Barbosa, maltrata a Enrique, recordándole su condición de esclavo. Se dice que entonces Enrique convenció al rey de Cebú para que preparase una celada contra los cristianos; lo que no ha podido probarse en absoluto. El caso es que el rey de Cebú, llamado Humabón, invita a todos los jefes de los barcos a un banquete de despedida y los manda asesinar por sus hombres. Los marinos que habían permanecido en los barcos, levan anclas y huyen de Cebú, dejando en la isla a unos 50 muertos. Después de lo cual, se hace cargo de la expedición el piloto Serrano, y más tarde el alguacil Espinosa, a cuyo mando llegan por fin a las islas de las especias. Solo después de llenar las bodegas con un valioso cargamento de clavo de olor, parten las dos naves sobrevivientes, una al mando del comandante Espinosa y otra al mando de Elcano, que era tan solo un maestre con experiencia de piloto, que se hace cargo de la nave a falta de otro jefe de mayor categoría. Espinosa intenta infructuosamente volver hacia el Estrecho de Magallanes, tal como se había acordado; mientras que Elcano se dirige a favor de los vientos, por el cabo de Buena Esperanza, hasta conseguir llegar a España con 17 supervivientes. Así pues, la vuelta al mundo fue un efecto circunstancial de los avatares de la más o menos fracasada y desastrosa expedición de Magallanes.
Enrique desaparece de la historia en Cebú, en la presunción de que se había unido a los nativos en contra de los españoles. Pero en realidad no sabemos nada de lo que fue de él. ¿Murió en Cebú a manos de los hombres del rey? ¿Se quedó en la isla para siempre? ¿Regresó a su isla de Sumatra donde, seguramente, tenía una familia? Eso nunca lo sabremos, pero en cambio tenemos muy buenas razones para pensar que fue él y no otro quien dio la vuelta al Mundo por vez primera.
No vayamos a cometer con aquel hombre una segunda injusticia. La primera ya se la infligieron los europeos de entonces sometiéndolo a esclavitud. Ahora cometeríamos otra si le negáramos sin más el reconocimiento histórico que merece.
En todo caso, si Enrique de Sumatra se alzó contra sus amos, no era un traidor, pues estaba en todo su derecho de recuperar la libertad que le había sido arrebatada.
Miguel Ángel Pérez Oca.
Fuentes.-
Primer viaje alrededor del Globo.- Antonio Pigafetta.- Ediciones Orbis, S.A.- Barcelona.- 1988.
La primera vuelta al Mundo.- Juan Sebastián Elcano, Maximiliano Transilvano, Francisco Albo, Ginés de Mafra y otros.- Miraguano Ediciones y Ediciones Polifemo.- Madrid.- 1989.
Magallanes: Hasta los confines de la Tierra.- Laurence Bergreen.- Editorial Planeta, S.A..- Barcelona.- 2004.
Los viajes del padre Pinzón.- Miguel Ángel Pérez Oca.- Editorial Equipo Sirius – Madrid - 2004